
Una ciudad a mano armada
Todos reconocen que hay un arsenal en circulación, pero nadie sabe con exactitud cuál es su dimensión ni en manos de quiénes está.
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EL Lito y el Tipi son dos de esos sujetos mal entrazados que pueden ser vistos en las secuencias de cualquier noticiero policial. Dicen que viven en Tapiales, provincia de Buenos Aires, y que allí "trabajan". En realidad, Lito fabrica manoplas y repara todo tipo de armas; Tipi se dedica al marketing, es decir que cuida y atiende una agenda de malandras, matones y barrabravas, los que, sí o sí, siempre pagan al contado.
"Mirá, aquí no hay pesado que no use una manopla, viste: los de la seguridad en los boliches, los muchachos de la cancha, que después de cada partido se hacen un laburito... Además, de vez en cuando nos traen un fierro para que le hagamos el service, viste... Lo que pasa es que ese negocio cada día es más chico porque ahora los quías prefieren alquilar la ferretería... Hay tantas máquinas dando vuelta que para qué meterse en el bardo de tener el arsenal en la cueva".
Esas fueron palabras del Tipi. La existencia poco menos que pública de estos personajes es sólo un emergente. En la Argentina, y especialmente en Buenos Aires porque, al fin y al cabo, ésa es la geografía de esta historia, la tenencia, la portación y el uso de armas son mucho más frecuentes de lo que cualquiera podría imaginarse.
Esta historia no se refiere a ninguno de los que tienen o utilizan armas conforme a la ley, sean cazadores, coleccionistas, tiradores deportivos o simples ciudadanos que por un motivo u otro cuentan con los debidos permisos y registros; sino al "parque" clandestino y al que, sin llegar a serlo, porque la legislación no lo prohíbe, merecería ser revisado por las autoridades. En muchas armerías de Buenos Aires -sólo basta recorrer las que existen en los alrededores de la plaza en Once- se pueden adquirir cuchillos de todo tamaño, acanalados y de doble filo y punta, dagas, sevillanas, manoplas, y hasta anillos de corte y esposas. Se trata de armas legales (en cualquier ferretería se puede comprar un arma blanca con hoja de más de veinte centímetros de longitud), pero destinadas al ataque y prohibidas en muchos de los países cuya legislaciones e instituciones suelen invocarse aquí como modelos y ejemplos.
Lo que dicen las autoridades
En el Gobierno, los funcionarios especializados reconocen la existencia del problema, pero admiten que tienen poca información sobre el mundo armado y clandestino de la ciudad y del país. Mariano Ciafardini, director nacional de política criminal, dependiente del Ministerio de Justicia, dice que los organismos policiales están verdaderamente preocupados por el trasiego de armas ilegales, de las de fuego y de las otras, pues de ellas se nutren los arsenales del hampa. Prefirió no mencionar el lugar exacto de los hechos, pero señaló que hace pocos días, durante una operación policial llevada a cabo en un barrio porteño, los agentes descubrieron una trama de almacenamiento de pistolas, revólveres y municiones que funcionaba en las redes del alcantarillado de la ciudad.
Juan Carlos García Gutiérrez es el director operativo del Registro Nacional de Armas (Renar), dependiente del ministerio de Defensa y reconoció también que es imposible cuantificar el parque de armas ilegales. "He oído decir que en la Argentina existen unos tres millones de armas de fuego clandestinas, y la verdad es que no puedo confirmar ni desmentir la veracidad de esa cifra, porque desconozco en qué datos se basan semejantes afirmaciones. Nosotros somos los únicos que mantenemos estadísticas actualizadas y, conforme a ellas, le puedo asegurar que ése me parece un número desmesurado", dijo el funcionario en diálogo con La Nación .
El Renar responde unas cuatro mil quinientas consultas anuales del Poder Judicial sobre hechos delictivos cometidos con armas de fuego. Además, de sus estudios se desprende que la Argentina no es un centro importante de contrabando de armas afectadas al delito porque, según dijo García Gutiérrez, "los archivos policiales no hablan de armas modernas ni de otras, provenientes de los países del antiguo bloque soviético; en general, la delincuencia local utiliza piezas viejas, casi siempre robadas a las fuerzas de seguridad y con frecuencia obsoletas, a tal punto que el arma que habría matado al fotógrafo José Luis Cabezas es un revólver Colt del año 1923 o 1925".
Según las cifras de ese organismo, en el país existe, aproximadamente, un millón y medio de armas declaradas, noventa y cinco mil seiscientas noventa y nueve de las cuales se encuentran en la ciudad de Buenos Aires. "Repito que es imposible saber cuántas armas ilegales circulan en nuestro medio; sin embargo, no tengo dudas de que éste no es un país pacífico: mucha gente está armada, y no sólo la delincuencia activa. Además, nuestra historia se expresa en ese sentido porque está llena de hechos de violencia", destacó el funcionario del Renar.
Un extraño placer
En la Argentina, las únicas armas registrables son las de fuego. Pero a la hora de hablar de otros instrumentos mortales o con capacidad de daño ofensivo, las posibilidades son muchas y las hay para todos los gustos. Es frecuente ver cómo las armerías ofrecen las ya citadas manoplas y anillos de corte, más una variada gama de cuchillos de combate.
¿Qué dicen los vendedores y quiénes son los compradores de estos artefactos? Pues bien, de los primeros poco es lo que se puede extraer, aunque los armeros consultados (muy remisos, por cierto, a dar conocer sus nombres o señas comerciales) reconocen que los clientes para manoplas en su mayoría son jóvenes parcos y con cara de pocos amigos.
"Yo sé que aquí han venido a comprar varios integrantes de barras bravas futboleras... Pero nuestro negocio es absolutamente legal, todo lo que vendemos está autorizado por la ley", dijo el dependiente de una tienda de Once, en la que se pueden adquirir esposas y estrellas "ninja", de latón duro y punzantes que en manos de un usuario experimentado son tan mortales como una ballesta, también de comercialización irrestricta. Ese mismo vendedor dijo que, en general, la cuchillería de combate esta pensada para deportistas de la caza y de la pesca, debido al múltiple uso que permiten esos artefactos, pero que son cientos los jóvenes y no tan jóvenes que todos los días visitan los negocios, interesados por esas armas, porque piensan que pueden ser defensivas, o por el simple placer que les provoca ser dueños de ellas y poder tenerlas en sus manos.
La espera fue breve. Un hombre de no más de 25 años salió de una de esas armerías después de haber comprado un puñal, un par de esposas y una manopla. Dijo llamarse Carlos y estuvo dispuesto al diálogo. Sin embargo, sus palabras fueron pocas y más dijo con la mirada, de un brillo extraño, que con la boca: "No sé, me gustan estas cosas, me hacen sentir bien... Además, uno nunca sabe cuándo las puede llegar a necesitar".
Los amantes de las armas -y, en forma indirecta y no deseada, los delincuentes, también- tienen más suerte en los Estados Unidos que en nuestro país. Allí, la venta de armas es irrestricta y esa libertad está garantizada por la segunda enmienda de la Constitución. Los tenedores de armas, desde una pistola 22 hasta un fusil automático o una bazuca, cuentan con una organización civil y no gubernamental que los representa y los protege. Se trata de la National Riffle Asociation (NRA), "enemiga mortal" de la agencia federal ATF (Alcohol, Tobacco an Fire Arms). Esta última, a la que perteneció el legendario cazador de mafiosos Elliot Ness, pretende regular la posesión de armas en manos de particulares, pero los de la NRA se mantienen firmes en sus trece.
Esta última sostiene que, así como los agentes federales reclaman el derecho de conocer a cada ciudadano portador de armas, éstos deben tener el derecho de conocer las identidades de cada agente federal. Por eso esa institución, que agrupa a más de dos millones y medio de norteamericanos, cuenta con una página en Internet, en la que se ofrece una recompensa de quinientos dólares a todo aquel que identifique fehacientemente el nombre y la dirección de un "federal". El actual presidente de la NRA es el actor Charlton Heston, y en directorio aparece Oliver North, uno de los militares norteamericanos involucrados en el escándalo Irán-contras, cuando América Central era un verdadero nido de armamentos y traficantes.
Los límites
En la ciudad de Buenos Aires hay quienes están seguros de que la abundancia de armas en manos privadas y la falta de un régimen regulatorio más completo significan un verdadero problema de seguridad urbana, que mucho tiene que ver con el incremento de la violencia y de la delincuencia en la ciudad.
Héctor Masquelet es el funcionario de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires que tiene a su cargo el seguimiento del flamante y controvertido Código de Convivencia. Defensor de ese cuerpo de leyes (que todos los días es puesto en la picota), Masquelet sostuvo que "las cifras judiciales y gubernamentales sobre existencia de armas ilegales en la ciudad son, por lo menos, incompletas y para reducir los índices de violencia e inseguridad hay que fortalecer los lazos sociales. Para ello, la sociedad debe estar desarmada; creo que es necesario reformar a fondo la actual legislación nacional e imponer un régimen de control y registro más estricto para las armas de fuego, y extensivo a las armas blancas. Esa nueva legislación debería incorporar algunos casos de prohibiciones totales".
El funcionario de la Legislatura porteña considera que sería bueno aplicar un sistema como el de España, donde las restricciones son amplias y precisas. En ese país está prohibida la venta de puñales, de cuchillos acanalados, estriados o perforados, de navajas automáticas y de bastones estoques.
"En Italia -continúa- se distinguen con claridad los conceptos de armas propias (destinadas a matar o lesionar) e impropias (las que se definen por su uso y no por su naturaleza) y se prohiben tanto unas como otras. En una manifestación callejera, por ejemplo, es lícito llevar palos que enarbolen carteles y estandartes, pero en cuanto esos mismos palos se utilizan para golpear a alguien, su portador incurre en el delito de tenencia y uso ilegítimo de armas".





