Una nueva cartografía de recursos y conflictos

Luís Bassets
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6 de enero de 2013  

En las épocas de crisis regresa el fatalismo. Las teorías deterministas se abren paso con facilidad. Es el paraíso de la economía, aunque los economistas se equivoquen. Y es el momento propicio para el regreso de la geopolítica, en forma incluso de geoeconomía.

El libro de la temporada sobre esta cuestión es La venganza de la geografía. Lo que los mapas nos dicen sobre los próximos conflictos y la batalla contra el destino , del periodista Robert Kaplan, quien nos introduce al pensamiento geopolítico, pero, sobre todo, nos invita a adoptar una conciencia geográfica a la hora de acercarnos a los conflictos mundiales.

No nos bastan para este ejercicio los viejos atlas coloreados de geografía física y política, que nos mostraban el patchwork de las fronteras y soberanías nacionales de colores. Estos mapas clásicos de superficie albergan unos nuevos mapas menos conocidos, pero más interesantes para nuestra época, una nueva cartografía que debe recoger, precisamente, las novedades que nos proporcionan la tecnología y las modificaciones del planeta producidas por el calentamiento global.

Las primeras levantan, por ejemplo, la nueva cartografía de los yacimientos de gas y de petróleo que va a revolucionar la economía de la energía. Las segundas, tanto las costas en peligro como los resultados de la fusión en los casquetes polares, de efectos ambivalentes sobre la economía humana: catástrofes de un lado y nuevos recursos del otro.

Basta con centrarnos en los efectos de la cartografía del subsuelo terrestre y marino que alberga nuevos yacimientos gasísticos y petrolíferos para concluir muy rápidamente en la utilidad de la geopolítica para entender los tiempos que nos esperan. A los avances en la extracción en fondos marinos a gran profundidad se han añadido los enormes progresos en detección de yacimientos, en extracción horizontal y en el llamado fracking , que consiste en extraer gas o petróleo de los esquistos bituminosos en las profundidades del subsuelo.

Estados Unidos asegurará su suministro de petróleo para los próximos cien años y en 2020 tendrá una total autonomía energética, además de exportar gas licuado principalmente a Europa. También hay probabilidades de que Polonia se convierta en un gigante gasístico, liberado de la dependencia energética de Rusia. Ésta, al igual que los países árabes productores de gas y de petróleo, deberá acomodarse a la nueva situación. Recordemos que el conflicto entre Repsol y Cristina Kirchner tiene un capítulo en la explotación del yacimiento de Vaca Muerta, una enorme bolsa de arcilla bituminosa.

Las técnicas extractivas, que consisten en inyectar un cóctel de agua y componentes químicos a alta presión, suscitan muchas reservas por sus efectos contaminantes. Pero a la vez estos yacimientos pueden ser una bendición económica, como se espera que le suceda a Barack Obama con un boom inmediato del gas y del petróleo de piedra. Habrá que optar.

El mapa del siglo XXI está mutando gracias a la energía oculta e inagotable bajo la superficie de la tierra. Y unas nuevas e inesperadas relaciones de poder nos esperan bajo los nuevos atlas todavía desconocidos.

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