
Valijas que viajan solas
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Quizás sea pura casualidad que la palabra valija tenga origen italiano: valigia. Nada tiene que ver con camorra ni con mafia, salvo el aire de familia. Pero valigia presume de alcurnia: viene del norte. Y de cuando Italia era ese surtido de purezas infernales que después contó El Dante para que se supiera que el nunca más no existe.
Desvalijar es el opuesto correlativo de valija. Verbo que ya queda modesto porque ha sido superado por saquear y vaciar, más adecuados a los tiempos y a nuestro virtuoso protagonismo.
En la Argentina valija se impuso más que maleta. Tal vez porque maleta se les dice a los torpes que ejercen mal un oficio de especialistas. "Maleta" es el jockey que monta mal el caballo, o es el varón que monta mal en la cama y se da ínfulas sin cerciorarse del resultado. Los valijeros, en cambio, son eficientes. Así porten equipajes de marca o equipajes baratos. Y carguen en ellos azúcar para el mate, polvo blanco para hornear o talco perfumado. O artículos de sex shop como se dice que abundaban en los viajes trasandinos del embajador Espinosa Melo. Por suerte hay embajadores menos obscenos: transportan vaquitas de peluche o tiras de asado congelado. Las valijas diplomáticas son las más confiables. Nadie las mira y pasan sin pasar por el escáner. También las valijas aeronáuticas. Las aduaneras. Las que llevan membrete de ilustres viajeros de la patria.
Las de Amira fueron las valijas más famosas en el siglo pasado. Su maleteromanía ya ha cesado sin que en sus maletas se hayan encontrado las trenzas de la china, el corazón de él y ni un solo gramo de nada clandestino. Son las valijas más indemnes. Se dice que los perros olfateadores de Ezeiza no delatan a los narcos porque gracias a ellos son felices. Si fuera por los perros los lamerían con gusto más que a sus amos. La valija -se sabe- es un equipaje de material resistente y flexible, de cuero o símil, que puede contener cosas vivas o muertas, cosas para viajeros fashion o para viajeros rentables, inofensivos o temibles; y cosas para declarar o para mantener en secreto. Hay valijas en las que se han cargado porciones de cadáver para ser enviadas a las maleterías de las estaciones terminales. Estas, las criminales, son las valijas más frontales. Siempre un reguero de sangre conduce al culpable. Las otras a las que me refiero, no. Ya abiertas, y una vez revelada la ilegal identidad de la carga, el remitente siempre mantiene su enigma. Use gorra de aviador o de béisbol, gorra de mochilero o de turista invernal rumbo a Aspen. Son valijas que no aportan el nombre de los changarines. Para las coimas del Senado se habló de maletín o attaché, pero el rubro es el mismo: la marroquinería.
La historia del transporte de equipaje subrepticio empezó aquí con Sobremonte. Aunque el virrey usaba cofres y baúles y los cargaba de joyas y de oro, no de sustancias. Ya en la modernidad el avión presidencial de alas riojanas iba de un lado a otro con la mayor cantidad de valijas que se hayan visto en la historia del equipaje. Acaso el cuantioso "valijerío" de cuero de serpiente, de dromedario y de beduino del sultán de Brunei cuando viaja con su harem logre superar al de Zulemita cargado con los doce mil treinta y dos vestidos y capelinas de Elsa Serrano y retornar además con los de Versace metidos en valijas de piel de cóndor andino en extinción.
Están los containers. Contienen valijas grandes, que a su vez cargan valijitas, que cargan valijines. Como las muñecas rusas que contienen adentro sucesivas rusitas. Las valijas llenas, en cambio, pueden contener el Universo: sobre todo el clandestino. Nadie cree que únicamente dos valijas solapadas se colaron en el vasto cosmos espacial, y esas únicas dos eran argentinas y justo se toparon con los sagaces españoles aeroportuarios.
Freud consideraba que el psicoanálisis era interminable. Tampoco en la seguridad se arriba a conclusiones. Son pura argumentación antipánico. Como el psicoanálisis, el valijerío narco nunca se acaba. Lo esencial es invisible a los ojos.






