
Violaciones de la lógica
Cuanta menos gente tenga acceso al trabajo, más alta ha de ser la tasa de delincuencia. Cuanto más escaso sea el sueldo que perciben los agentes del orden, más expuestos estarán a la tentación de la coima y la prebenda. Cuantas más horas pase un joven frente al televisor y más se aficione a los videogames, más lejos estará de desarrollar su capacidad intelectual y más enclenques serán sus recursos expresivos. Cuantas más prepotencias ejerza un imperio, más riesgo correrá de sufrir venganzas solapadas, no menos crueles. Toda sangre que llegue al río hará que el río lleve aguas a los molinos de la represalia.
Hipótesis de esta índole se acomodan bastante bien a una disciplina del pensamiento, la lógica, definida por José Ferrater Mora como "el pórtico de la filosofía". Reconocidamente, los silogismos de Aristóteles abrieron el cauce para que la lógica tuviera fundamento científico y contribuyera a privilegiar el razonamiento por sobre la creencia intuitiva, diseminada al voleo. Según John Stuart Mill, sólo por vía de la inteligencia deductiva un aserto resulta lógico y, tal vez, matemáticamente irrebatible.
La palabra del filósofo Semiótico Peribáñez todavía no fue recogida por LA NACION en su serie de reportajes a eminentes pensadores contemporáneos, pero él no pierde las esperanzas de encontrar espacio en sus páginas para reactualizar la teoría de que al mundo le falta un tornillo, como advirtió su colega Enrique Cadícamo, y nada menos que el tornillo indispensable para que la humanidad responda exclusivamente a procederes lógicos. "La tuerca correspondiente anda por ahí, en manos de los pocos estadistas de buena voluntad que todavía quedan, pero de nada sirve sin ese tornillo, extraviado hace ya tiempo, cuando las avideces del poder comenzaron a distinguir a tantísimos líderes de mala voluntad y exacerbada ambición", dice Peribáñez en su enjundioso ensayo La tuerca y su destino escatológico .
Como bien establecen Bertrand Russell y Alfred Whitehead en Principia mathematica (1913), la lógica parte de premisas convencionales, como la de que dos más dos suman cuatro, aun cuando la cuenta la haga Anne Krueger. Así, por carácter transitivo, la ecuación lógica dio nuevo sustento a básicos preceptos morales y ubicó en veredas opuestas a los bienaventurados de espíritu y a los maliciosos de cuerpo y mente, tan a menudo dedicados a la política. Fundador de la lógica metafísica, Georg Hegel escribió Ciencia de la lógica en 1816 y allí reconoce que no hay otro subproducto de la filosofía más inconstante, versátil y enrevesado. Tristemente, tiene hoy más razón que nunca y por eso el mundo anda como anda.





