Visiones de un mundo en paz

Abraham Skorka
Abraham Skorka PARA LA NACION
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4 de septiembre de 2013  

Cada judío tiene como desafío el recrearse al inicio de cada año nuevo, en Rosh Hashana. Es cuando, al decir de la tradición, Dios juzga a todas y cada una de sus criaturas humanas. Para obtener el perdón divino en dicho juicio, el hombre debe realizar un acto de contrición -análisis crítico y aceptación plena de los errores y transgresiones cometidos- y generar barreras emocionales y cognitivas a fin de no volver a repetir las mismas incorrecciones. De esta forma el individuo se recrea, transformándose en un ser nuevo.

Es la festividad en la que se cumple un nuevo aniversario de la creación del hombre. El momento en el que el Creador hace el balance del éxito de su obra, pues también juzga a pueblos, naciones y humanidad como un todo. Es el tiempo en que lo humano, individual y colectivamente debe rendir cuentas de sus hechos a Dios, que es insobornable; nada puede ser escondido a su saber y conocer.

Rezar es en hebreo lehitpalel , que etimológicamente denota la acción de juzgarse a uno mismo, pues para dirigirse a Dios se requiere primeramente de una crítica mirada introspectiva. Los días previos al inicio de un nuevo año hebreo y los días posteriores son considerados como el tiempo propicio para el rezo.

La liturgia hebrea para esta ocasión enseña a elevar oraciones para que el imperio de la arrogancia sea desterrado de la realidad humana, que las visiones de paz universal que vislumbraron los profetas tengan un comienzo de materialización. La misma induce a buscar una renovación del vínculo con Dios a través de la mejora del vínculo con el prójimo.

Estos días de contrición culminan en el décimo del nuevo año en el que se celebra Yom Kipur, en el cual se rememora el perdón divino a los Hijos de Israel por haber adorado al becerro de oro en el desierto. Día de ayuno y de múltiples rezos, de meditación y espiritualidad.

La esencia de la fe de Israel, cuyas raíces se encuentran en la Biblia hebrea, es la de creer en un único Creador, eterno e incorpóreo, que lo ha creado todo a partir de la nada e insufló en la criatura humana el hálito de vida. Él no se desentiende del hombre, espera que éste lo busque a la vez que se halla en su búsqueda. En la Biblia se revelan las dos actitudes que debe adoptar el individuo para obrar correctamente a los ojos de Dios: hacer lo justo y aprender a amar. Al celebrarse estos días de juicio divino, recreando la existencia, el judío reafirma la convicción de que hay un juez y hay una justicia en la realidad celestial. Que la existencia posee un sentido, no totalmente revelado sino solamente insinuado al hombre. Aun cuando la realidad se revela cual indescifrable paradoja, siempre aflora la convicción que no todo es, como alguna vez lo definió Jacques Monod, "azar y necesidad".

Rosh Hashana es también denominada en la Biblia con el nombre de Yom HaZikaron, día de la memoria. Es que sólo la memoria crítica, aquella en la que no se oculta nada ni se minimizan los errores ni se relativizan las transgresiones, junto a la que registra los logros del espíritu, formará la base sobre la que se construye el proceso de contrición, de arrepentimiento, de mejora de la condición humana.

La memoria en la tradición judía refiere a entender que cada uno debe responder de alguna forma a la historia particular de su familia y a la de su condición de descendiente de un pueblo. El balance que debe hacer el judío de sus acciones debe incluir su respuesta al Holocausto. Las generaciones de judíos que sobrevivieron la tragedia y sus descendientes son la memoria viva más directa de aquel drama. Sus acciones de vida deben, de alguna manera, conformar una respuesta al mismo.

Es el tiempo en el que el judío se inquiere acerca de su futuro y marcha en busca de Dios; hay quienes sienten que también Dios va en su búsqueda en estos días especiales.

En la Buenos Aires de los últimos lustros, al acercarse estas festividades solía dialogar acerca de los múltiples conceptos que ellas guardan y refieren junto al hoy papa Francisco, cuando era el arzobispo de la ciudad y primado de la Argentina.

En sendas oportunidades (2004 y 2007) estuvo en la comunidad Benei Tikva en los servicios religiosos preparatorios para estas festividades, denominados Selijot. En esas ocasiones brindó su saludo reflexivo y sentido a Benei Tikva y a toda la comunidad judía del país. Fueron momentos de encuentro en los que, más allá de las diferencias y divergencias, se generó un sentimiento de hermandad ante la presencia de un único Padre. Bergoglio manifestó entonces cómo las oraciones vertidas habían tocado su corazón. Acentuó insistentemente el sentimiento de cercanía espiritual y fraternal que sintió junto a los presentes. Fue el mismo sentimiento que sintió la comunidad para con él.

Año tras año llegaba su mensaje con buenos deseos para esta ocasión. Este año no cambió su costumbre, tal como lo testimonia la carta que nos envió desde el Vaticano. El alto cargo que le fue conferido no trastocó sus afectos. Más bien pareciera que los profundizó. Además de pedirme que transmita sus saludos a todos los miembros de la comunidad judía en la Argentina, dice Bergoglio en la carta: "Me sumo a vuestros pedidos al Señor, para que cada uno, en su propia fe, pero hermanados en el sentimiento y en el esfuerzo, podamos materializar prontamente las visiones proféticas de un mundo en paz".

El hoy papa Francisco demuestra tener bien presente aquellas vivencias compartidas. Estos gestos revelan el lugar común de nuestras diferentes memorias individuales, sitio en donde, seguramente, también se encuentran la esperanza y el compromiso en la construcción de una realidad mejor.

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