Yoga, cocina y jardinería, recursos para pasar la pandemia

Adriana Amado
Adriana Amado PARA LA NACION
Métodos para pasar el coronavirus
Métodos para pasar el coronavirus Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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11 de noviembre de 2020  • 00:05

Al coronavirus le cargan varias de las crisis de 2020, pero hay una que precedió a la pandemia y que explica muchas de sus dificultades: la crisis de confianza. El año pandémico encontró a las instituciones políticas en su nivel más bajo de credibilidad, sobre todo en Latinoamérica, donde la confianza interpersonal es la más baja a nivel mundial. A pesar de ello, muchos líderes confundieron la súbita atención que generó el miedo con aprobación de gestión y supusieron que la gente iba a quedarse escuchándolos hablar de la pandemia para siempre. Pasado el estupor, las audiencias exploraron otros territorios de supervivencia lejos de la información oficial, que repetía, como una letanía siniestra, cifras que cada día auguraban más víctimas que el anterior.

Al inicio de la pandemia, el incremento de visitas a sitios de noticias aumentó un 34% en la Argentina, donde se superaron 17 millones de vistas diarias, según la consultora Comscore

La curva de atención a las noticias se aplanó antes que la de coronavirus. Al inicio de la pandemia, el incremento de visitas a sitios de noticias aumentó un 34% en la Argentina, donde se superaron 17 millones de vistas diarias, según la consultora Comscore. El 19 de marzo, día en que se decretó la cuarentena, los medios argentinos registraron más de 100 millones de páginas vistas. Pero luego de este subidón, el interés volvió a su normalidad. A las noticias del coronavirus les dedicábamos en marzo un poco más de 40 segundos, según la media global que calculó Chartbeat, apenas un poco más que el medio minuto dedicado a las noticias de actualidad. Hacia fines de junio la suma de atención de noticias generales y artículos de Covid-19 era menos que las que se les dedicaba a las primeras antes de que el mundo cambiara para siempre.

Mientras tanto, la cuarentena aumentó más del treinta por ciento el tiempo dedicado a redes sociales. Y aunque los de menos de 35 años duplicaron en uso a los adultos, a los mayores, lo digital los mantuvo conectados a actividades esenciales, más allá de las sanitarias. El considerado grupo de riesgo aumentó sus consumos de video de salud, terapias alternativas y música, que consumen en YouTube más que otros grupos etarios, según datos de la plataforma.

Lejos de la infodemia que denunciaban las autoridades, las visualizaciones confirman que la sociedad entendió la salud en un sentido integral, con más responsabilidad que sus dirigentes. La Argentina encabeza el ranking de videos en YouTube de yoga, junto con España, Francia y Estados Unidos. Curiosamente, los países con índices más alarmantes buscaron el refugio en la meditación, rubro que aumentó más del 40%. Cocina, jardinería, consejos para cortar el pelo o hacer un barbijo también tuvieron récords de búsquedas. Cerraron los gimnasios y crecieron las visualizaciones de rutinas de salto con soga. Cerraron los restaurantes y se multiplicaron por cinco las consultas para hacer pan de masa madre. El hágalo-usted-mismo nos reconcilió con los arreglos hogareños que las urgencias habituales habían postergado hasta que el aislamiento nos conectó con otras necesidades. Y la mayoría de las recomendaciones vinieron de otras personas que compartían su día a día para otros. Ahí se concentró la atención.

Pasada la alarma que generó el virus, la audiencia fue retirándose de las 80.000 noticias al día sobre el coronavirus para empezar a convivir con la nueva anormalidad. La oferta informativa entró en una espiral expansiva mientras que la atención se fragmentó en multiplicidad de actividades, muchas de las cuales fueron ignoradas por los medios tradicionales. Con excepción de algunos, como la BBC. Este medio público se convirtió en una referencia en todo el mundo, no solo por su aporte periodístico y su contribución a la verificación de versiones y rumores acerca del virus en su edición internacional. La BBC lanzó servicios especiales en sus canales digitales para los distintos grupos sociales, incluyendo los sectores más castigados por la pandemia. La oferta del Media Centre incluyó ejercicios educativos y servicios religiosos para los adultos mayores, así como recetas y consejos para los sectores de menos ingresos. Los mismos temas que hicieron furor en las plataformas con el valor agregado del periodismo profesional. Como resultado, fue reconocida en su país como el medio más confiable para la cobertura de la pandemia, con menciones positivas de ciudadanos de todo el espectro ideológico, según el Reuters Institute.

La sociedad salió antes que la política del modo catástrofe y se conectó con lo vital. El informe de WeAreSocial señala que los consumos que crecieron más de un treinta por ciento fueron películas y viejas series de televisión, a la par que los memes y los tutoriales, las verdaderas estrellas de la pandemia. Desafiando el encuadre bélico que se eligió para presentar las medidas sanitarias, el inconsciente colectivo se expresó creativamente con memes y stickers humorísticos que demostraron que el análisis político más incisivo circulaba anónimamente. No por acaso el meme del año fue el de esos funebreros de Ghana que portaban el ataúd con ritmo de la canción "Astronomía", que llegó hasta filtro para las historias de Instagram. La humanidad revivió en millones de cuentas que expresaban que iba hacia las peores cosas con la mejor actitud.

Como en muchos órdenes, la excepcionalidad de las circunstancias sinceró muchos aspectos de la vida y obligó a repensar reglas que se suponían indiscutibles. Como esa que decía que la mala noticia atraía más lectores. Ahora que la atención se mide en tiempo real, sabemos que nadie permanece demasiado tiempo en la zona tenebrosa o en la frivolidad. Las noticias en las que la gente se demora son las que aportan valor. Las métricas confirman que la necesidad de orientación en tiempos de pandemia tenía que ver con la vida cotidiana más que con el virus, sus vacunas y sus conflictos políticos globales.

Lejos de la infodemia que diagnosticaban temerariamente las fuentes oficiales, la vasta mayoría del mundo no estaba siguiendo noticias falsas, sino buscando la mejor receta culinaria o el tutorial que le ayudara a pasar el trance. La cifra más alta de contagiados sigue siendo minoritaria al lado de la mayoría que en estos meses incorporó, como pudo, caminos para mejorar su vida. O al menos, el mueble de la cocina.

Cuando allá por marzo la consultora Edelman preguntó quiénes serían los voceros más confiables de la pandemia, la encuesta señaló a los líderes y los funcionarios como los menos creíbles. Justo los que más hablaron. Con la misma intuición que la llevó a elegir la información nutritiva antes que la catastrófica, la ciudadanía ya desconfiaba de quienes enseguida confirmaron las peores sospechas. Entre los más creíbles, con más de dos tercios de confianza, estaban los especialistas, pero también el médico personal y "alguien como yo", actor que ya venía destacando como más confiable en las encuestas anuales de la consultora desde 2016. Lejos de un exceso de individualismo que preocupaba a los sociólogos del siglo pasado, la pandemia también mostró un síntoma del humanismo compartido, que se expresa en el espíritu comunitario que la conversación en red conecta.

Doctora en Ciencias Sociales; investigadora de medios y periodismo

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