
Anidar
Cuando estaba por nacer mi primera hija, pasaron cosas inesperadas. Una de ellas fue que, algunas semanas antes del parto, me atacó una pasión compulsiva por mi casa. Con mi panza enorme, todavía no entiendo cómo me las arreglé para ordenar y limpiar tanto, hasta en esos lugares donde nunca antes se me había ocurrido mirar, mucho menos pasar un plumero. Me recuerdo dejando relucientes cada una de ¡las tablas de las persianas! y cerciorándome de que no quedara ni una pizca de polvo en ningún cable. Las alacenas fueron vaciadas y cada elemento, devuelto impecable a su estante. Durante esos días, además, compré muchos, muchísimos objetos deco (sin contar, claro, todo lo nuevo que ya teníamos para equipar el cuarto de Francisca).
Sentía una especie de ansiedad y de emoción en estos actos incontrolables. Mientras, mi casa iba quedando divina y era como una adicción, quería más.
Tiempo después, supe que este rapto de locura tenía un nombre científico: instinto de anidar, le dicen. Les ocurre a las hembras que están por parir. Es algo que nos viene de nuestra naturaleza animal.
Al año siguiente y en los posteriores, cada vez que se acercaba el cumpleaños de Fran, me pasaba algo parecido, aunque en menor escala. Me ponía a ordenar, a adornar, a hacer una "puesta a punto" de cada ambiente. Y no solo porque venían invitados para la fiesta, sino porque de las entrañas me brotaba el impulso.
Esto siguió sucediendo siempre, ocurrió también cuando estaba por llegar mi segundo hijo y continúa pasando hoy, cuando se viene cada uno de sus cumpleaños. Como la semana pasada, que Gaspar sopló doce velitas. Acomodé esos libros que se estaban apilando arbitrariamente en horizontal en la biblioteca, compré flores, encendí la vela del hornito y puse unas gotas del aceite de jazmín que me regalaron hace meses, enderecé el cuadro que siempre se tuerce y lavé las fundas de los sillones.
El efecto que sigue a esta especie de ceremonia también se repite: me acomodo satisfecha en el espacio que habito con los míos y agradezco. Le digo "gracias" a ese instinto de anidar que dos veces por año me obliga a hacer algo que disfruto y que seguiría postergando "por falta de tiempo"; a la Naturaleza, que cada tanto nos recuerda que somos salvajes; y, principalmente, a mis hijos, que, entre tantos otros milagros, no dejan nunca de soprenderme y ponerme en movimiento.
Para las que tienen hijos, las que los tendrán, las que los sueñan, para las que maternan a su modo, para nuestras mamás..., ¡feliz día!
1
2Servicio reducido: avanza la construcción de pasos bajo nivel del tren Sarmiento en dos barrios porteños
3“Hito institucional”: Por primera vez, dos mujeres asumieron el rectorado de una universidad pública más que centenaria
- 4
Lionel Messi y Rodrigo De Paul le dieron el triunfo a Inter Miami en un estadio con público récord




