Aprender a callar
1 minuto de lectura'
Qué importante es aprender a callar.
Hace tiempo vengo diciéndomelo, hace tiempo vengo con ganas de desarrollar esta idea en un texto.
Pero necesitaba una excusa... o más que una excusa, una imagen que me inspirara, que funcionara de comparación o metáfora.
A ver, antes de llegar a ella, vayamos por partes.
Preámbulo:
Lo saben, o si no lo sabían, se los cuento.
Hace más de 10 años que trabajo para re-aprender a expresarme: expresarme emocionalmente. No siempre a través de palabras, pero sí mayoritariamente.
Llegar a la instancia de poner en palabras me parece necesario. Cuando la cosa decanta.
Tengo un lema que es: que la emoción circule.
También, como alguna vez indicó Paula, amiga: ex_presarse es poner afuera (ex) lo que hacía presión dentro. O lo que estaba preso. Y si no fuera así, que sea interpretado así me cierra.
Por otro lado, e-moción... del latín emotio: "movimiento".
Eso sumado a un trabajo de escritura de blog acerca de maternidad, o mejor dicho, acerca de cómo encarno la maternidad en mi vida, hizo que por momentos... ¿cómo decirlo? sintiera que todo debía ser contado.
Tengo una imagen que lo puede resumir (todavía no llegué a la imagen disparadora de la que les hablaba): mi living no tiene cortinas. Están las cortinas pero nunca me hago el tiempo de ponerlas. Creo que en algún momento me convencí de que debía llevar la transparencia hasta sus últimas consecuencias.
Pero que mi trabajo sea hacer público mi mundo privado... no significa que todo mi mundo privado deba evaporarse... Tardé en darme cuenta de ello.
Y lo que estoy aprendiendo ahora es: hay un momento para cada cosa.
Y acá sí la imagen:
El embrión de un pájaro.
En Tigre niñas estaban explorando y sin querer, con un palo hicieron que un huevo caiga de su nido al suelo. ¿Qué pasó? El huevo se rompió y vimos, pudimos ver dentro el embrión de un pájaro. Un pre-pajarito... muerto.
Esa imagen me quedó titilando.
¿Cuántas veces abriste la boca de puro ansiosa, cuando todavía un proyecto estaba siendo gestado? ¿Cuántas veces, sin querer, colaboraste para que ese huevo se quebrara... cuando todavía debía ser huevo... y parecía fuerte, estaba vivo... pero era tan frágil?
Parecerá una obviedad lo que reflexiono, pero sépanlo, a mí me cuesta.
Soy alborotada e infantil, y de tanta gimnasia expresiva muchas veces me voy de boca.
¿Les pasa a ustedes?
En otro sentido también estoy aprendiendo a callar, o mejor dicho, a hacer silencio: para que el otro hable. Para que el otro sea. Para que el otro se exprese.
Como decía Darío: "retirarse para que el otro sea".
Más que un callarse es un saber escuchar.
¿Cuántas veces te pasó que necesitabas contar algo vital y tu amiga no hacía sino hablar de sí misma? ¿No pensás que cuando vos no hacés sino hablar de vos misma ella podría tener algo vital para contarte?
La charlatanería es un vicio típico de las mujeres. Nos jactamos de ello. Nos auto denominamos cotorras.
Y no está mal... pero tampoco está mal hacer un paréntesis y auto-observarse.
Y apuntarse:
Expresarse es vital. Sí. Trabajemos por ello. No acumulemos.
Pero también sepamos con quién y en qué momento.
Y registremos que escuchar a los demás, a un compañero, a amigos, a hijos (que tienen cosas geniales que decirnos) es un acto de tanto o más amor que cualquier "te quiero".
¿Qué piensan?
"Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar". Ernest Hemingway.
PD: ¡Muy buen fin de semana! Y como siempre, para contactarse por privado o por taller, me encuentran en FB





