
Aruba a fondo
En el Caribe más cercano, esta pequeña isla con pasado holandés y presente muy turístico tiene sofisticados paseos acuáticos; promete descanso, brisas amigables y un increíble mundo submarino
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ORANJESTAD.- Como todos, Aruba tiene sus propias certezas e incertidumbres. Que siempre hay sol, que el mar es turquesa y con la temperatura justa, que por aquí no pasan huracanes, que el 40% de los turistas que viene, vuelve y que las elecciones legislativas de la última semana confirmaron en el poder al partido del primer ministro Nelson Uduber son algunas de sus certezas.
De las incertidumbres, una es simpática y la otra, grave. La simpática tiene que ver con Queen. El próximo fin de semana es el Aruba Music Festival, donde tocarán Queen y Peter Frampton, y en estos días se sabrá quién es el ganador del concurso de karaoke organizado ad hoc y que sigue la mayoría de los cien mil habitantes de la isla. La incertidumbre grave -y de la que todos hablan hoy en Aruba- es Natalee Holloway, la estudiante norteamericana que desapareció misteriosamente en mayo último.
La isla está en el Caribe cercano, a unos 20 kilómetros de la costa venezolana. Con sus vecinas Curaçao y Bonnaire formó parte de las Antillas Holandesas hasta 1986. Desde ahí tiene su propio gobierno, si bien es parte del Reino de los Países Bajos y el aeropuerto se llama Reina Beatrix y los habitantes usan pasaporte europeo y cuando fue el caso Natalee la Marina Real Holandesa vino a buscarla. No la encontró. Todavía no se sabe qué pasó con la joven de Alabama.
Antes de seguir, una aclaración: el caso Natalee fue un hecho aislado y pudo haber pasado en cualquier lado. Este es un sitio seguro, no hay robos y uno camina tranquilo a toda hora.
Ahora sí, más certezas sobre Aruba: el turismo es la principal actividad económica del país. Por año la isla recibe cerca de un millón y medio de visitantes (el 70% es estadounidense), de los cuales unos 500.000 llegan en crucero. En el puerto de Oranjestad casi siempre hay un edificio de varios pisos anclado y miles de cruceristas en plan de compras por los malls estilo holandés y color pastel.
El jopo de los divi divi
Aruba es árida como Arizona. Si no fuera por los vientos alisios, las patentes de los autos no dirían One happy island. El calor sería insoportable y los abanicos se venderían por docena. Cuenta Julio Beaujon, guía del Parque Nacional Arikok, que cuando hay calmazón (días sin brisa) la gente tiene estrés por el calor. "¿Por qué cree usted que los árabes se matan unos a otros? Por qué están metidos en ese clima todo el año y uno se vuelve loco", agrega serio. Pero los vientos alisios dejan el termostato ideal y peinan los divi divi para el costado. Así se conoce al árbol más famoso de la isla, que en realidad se llama watapana. Divi divi es su fruto por el que desesperan las cabras.
En papiamento, el idioma de Aruba, los cactos de la isla son cadushi y bushi. El primero es alto como un cardón salteño, pero finito y con más brazos. Parece un candelabro. El bushi es rastrero, igual que el aloe vera, la principal exportación isleña.
La segunda entrada económica viene de Valero (ex Esso), refinadora de petróleo del sur, cerca del aeropuerto y de playas lindas. Es extraño estar bañándose en el mar transparente y ver en el horizonte una fábrica-monstruo color hollín. Quizá por eso, la mayoría de los turistas prefiere las playas del Oeste y por aquí se ven más locales.
Al Oeste está la isla de las publicidades: casamientos descalzos en la arena (muy de moda), los mejores spots para snorkelear y la zona hotelera, que tiene un sector low rise, con construcciones bajas, y otro high rise, con edificios de más de diez pisos. De estos últimos hay pocos. La modalidad all inclusive está difundida, pero menos que en Punta Cana, y hay opciones less inclusive. Los hoteles dan a la playa, que no es privada como en otras islas del Caribe, sino que se puede caminar un rato por la arena blanca, finísima y suave. Pero un rato es un rato: la isla tiene sólo 30 km de largo.
El este es agreste y sin playa. El mar se ve más azul y bravo, con olas enormes que rompen en las rocas y hasta tiran puentes. El tema es así: el mayor monumento de la isla, adonde llegaban los tours, cuatriciclos y safaris, era el Puente Natural. El pasado es necesario porque una madrugada, hace unas semanas, el puente se desmoronó. Hoy está clausurado. Cuando los turistas llegan se miran preocupados. Así se la ve a Judy Marshall, una rubia de Texas que tomó sol sin protector. Esta es su tercera vez en Aruba y no puede creerlo. "Es una pena. Deberé buscar otro lugar para la foto", dice. Algunos ya lo encontraron: el baby bridge, un pequeño puente al lado del antiguo, que ya juega en primera. Judy Marshall los ve y también va para allá.
Aire puro en el fondo del mar
Todavía no es posible respirar bajo el agua, como soñaron Ned Plimpton y el capitán Steve Zissou en La vida acuática, última película de Wes Anderson. Pero el sea trek se acerca bastante. Al menos por 40 minutos (y cincuenta dólares).
Todo comienza cuando uno se calza la escafandra high tech y, a pesar de eso, siente que tiene un bidet sobre la cabeza. Será porque la escafandra es blanca y con un agujero en el medio. También es pesada: 35 kilos, que (por suerte) en el agua no se sienten.
Cualquiera que tenga más de 8 años y sepa caminar y respirar es un potencial sea walker. No se necesita experiencia previa. Y los que usan anteojos, ¡pueden llevarlos!
"¿Listos para bajar?", pregunta el instructor después de explicar algunas señas propias del buceo, que indican que está todo OK, que hay un problema, que uno tiene miedo y quiere subir. Para cualquiera de estos conceptos bastan los dedos de una mano.
Antes de este viaje submarino hubo una charla instructiva en medio de una palidez generalizada y bromas fáciles, de esas que alejan fantasmas.
Con el casco en la cabeza se bajan siete metros por una escalera como de pileta. Regla 1: cada dos escalones hay que parar y ecualizar (tragando saliva, moviendo la mandíbula o apretándose la nariz, cada uno elige su fórmula). ¿Cómo hace el que elige la opción 2? Simple: mete la mano por la escafandra y se busca la nariz. Regla 2: los movimientos deben ser suaves y hay que evitar mirar para arriba y abajo para que el agua no entre en el casco. La mirada, en el horizonte. Como en las publicidades de los futuros presidentes.
El casco es como una burbuja de aire conectada a un cable por donde recibe tres veces más oxígeno del que se necesita para respirar.
Hasta acá todo bien. Ya se ve el fondo. La vida subacuática de Aruba es una selva de corales, esponjas y peces con combinaciones tan perfectas de colores que los diseñadores de moda deberían considerar un fashion week aquí abajo.
La gravedad se siente menos en el fondo del mar y los movimientos transcurren más lentos que una película iraní. Enseguida vienen recuerdos de Armstrong o Collins. Toca agarrarse de una baranda y esperar a que baje el resto del grupo.
Un cardumen amarillo se asoma por delante de la escafandra tan rápido que marea. En las peceras de las casas, los peces apenas tienen espacio. Esta experiencia es lo contrario: el hombre está inmovilizado en una burbuja y los peces lo miran como bicho raro. Regla 3: nunca soltar la baranda. En el agua, el sentido de la distancia cambia y después cuesta recuperarla.
El objetivo del trek es un Cessna hundido para este fin. Mientras uno se mueve con pasos de plomo, al lado hay un buzo que lo rodea y saca tantas fotos como le habrán sacado los paparazzi a Paris Hilton, Tom Cruise y la princesa Máxima cuando estuvieron en Aruba. Si no fuera porque al final te venden el CD (10 dólares, con video incluido) uno se sentiría una estrella.
Políglotas por tradición
Entre ellos, los arubanos hablan papiamento. Según su etimología, papear es hablar confusamente. El idioma suena a portugués criado en Amsterdam y envejecido en Puerto Rico. Algo tendrán que ver las 50 nacionalidades que poblaron Aruba. Gracias, por ejemplo, se dice masha danki. Además, en la escuela se aprende holandés. Por eso es común que los jóvenes se perfeccionen en Holanda. Algunos se quedan allá, pero en general regresan. No soportan la falta de sol. La tradición turística difundió el inglés y la cercanía con América del Sur -durante varios años sólo hubo TV venezolana- les facilitó el español. Conclusión: la mayoría es políglota.
Datos útiles
Cómo llegar
Avianca Argentina (Carlos Pellegrini 1163, 4394-5990; www.avianca.com ) tiene tres vuelos semanales a Bogotá con una rápida conexión a Aruba. El precio del pasaje de ida y vuelta es de US$ 623, con tasas e impuestos. Los argentinos no necesitan visa.
Paquete
Las principales agencias de viaje tienen paquetes de 7 noches de alojamiento que cuestan desde US$ 860 por persona, con aéreos.
Actividades
Snorkel. Un paseo en barco de dos horas, con tres paradas para hacer snorkel, almuerzo y bar abierto cuesta desde US$ 40.
Snuba. En el islote privado De Palm (donde se hace el sea trek) también se practica snuba, una combinación de snorkel y scuba diving (buceo), a 6 metros de profundidad. US$ 50.
Más información
Oficina de Turismo de Aruba. Córdoba 859, P 8, A; 4311-8053.
En Internet
www.aruba.com
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