
Bueno y breve Cheever

Un hombre está en traje de baño en casa de amigos, alrededor de una piscina. No se veían hace tiempo, de pronto, mira hacia lo lejos y declara que va a volver a su casa a nado, a través de todo el condado, uniendo en un río imaginario todas las piscinas de las casas vecina.
Una aventura excéntrica, pero por qué no, bromean sus amigos. Y el mismo se convence de que la empresa no alberga ninguna otra intención más que mostrarse capaz de una hazaña original.
Así, en traje de baño inicia su paseo por las distintas piscinas incluyendo las de familias amigas, la de una ex amante, la de un matrimonio nudista y la municipal. En esas zambullidas descubrirá cosas de si mismo, de su vida, de su familia, que no sabía… o que no recordaba… ¿estará volviéndose loco? ¿qué fue lo que pasó en todo este tiempo? ¿y cuánto tiempo transcurrió desde que inició su peculiar hazaña: un día, un mes? El paisaje se vuelve cada vez más oscuro y deshabitado, como sus sentimientos, sus sensaciones, pierde fuerzas y finalmente descubre que no tenía lugar adonde llegar. O qué sí lo tenía pero hacía tiempo no le pertenecía…
The Swimmer (El nadador) es la novela corta – o cuento largo- de John Cheever, que vamos a comentar hoy.
La historia se publicó por primera vez en 1964 The New Yorker, un diario que compraba los cuentos de Cheever desde que escribió su primera obra (El expulsado) a los 17 años.
Fue adaptada al cine en 1968 y protagonizada nada menos que por Burt Lancaster, que declaró en alguna entrevista que se trató de su mejor papel. Para la crítica del momento se trató de una parodia de las aspiraciones al sueño americano de una clase social acomodada, intelectualizada, durante la guerra de Vietnam.
En la lectura, en cambio, no se resalta tanto el aspecto de crítica social, si bien es una mirada posible. Es el encuentro con el sí mismo, con lo esencial del yo, una vez despojado de todas las referencias externas, el yo sumergido en el agua purificadora, que empieza a emerger y se revela con todas sus contradicciones. La mentira que es vivir una vida superficial. El hedonismo, el placer, el jolgorio, se empiezan a esfumar para que aparezca la verdad del personaje. Las certezas empiezan a diluirse en esas aguas que pasan de un claro color zafiro a un verde ciénaga espeso y podrido, como metáfora de la tarea de bucear en el fondo de sí mismo, encontrar las verdades, las sombras que ocultamos a los demás.
Es una interpretación bastante psicologista, existencialista tal vez, pero es quizá la lectura más evidente del cuento. El agua como espacio que renueva pero también que revela, la desnudez, el viaje sin destino, con un único destino, el yo, el ¿quién soy yo?
¿Lo leyeron? ¿Hay algún otro cuento o novela de Cheever que les haya gustado?¿Vieron la película?¿Algún otro cuentista les recuerda a este autor?
Este es un post en honor a Cheever,el maestro del relato corto, bien breve.
Espero sus aportes y comentarios. Y recuerden enviar sus propuestas e ideas a clubdelecturaohlala@gmail.com
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