
El inglés borra las fronteras, pero es útil saber un poco de chino básico
Hablar la lengua de Shakespeare en otros países ayuda bastante, aunque no siempre alcanza
1 minuto de lectura'
NUEVA YORK (The New York Times).- El pequeño restaurante de Mongkok (Hong Kong) no tenía ni una sola palabra escrita en inglés en ninguno de los carteles exhibidos en la ventana. Pero era la hora del almuerzo y unos aromas deliciosos salían de adentro cada vez que alguien abría la puerta. Y cuando se trata de liberarse de las inhibiciones lingüísticas, el aroma a cerdo asado condimentado con jengibre y anís es una provocación irresistible.
Entré, me senté en una mesa e inmediatamente sentí todos los ojos puestos en mí. Mientras tanto, traté de ver qué estaban comiendo; daba por sentado que en este lugar me tenía que manejar con el consagrado método del viajero: el de señalar con el dedo y comer. Cuando la camarera se dirigía hacia mi mesa, vi que traía un anotador grande todo ajado, que luego puso frente a mí. Me di cuenta de que el anotador era la carta en manuscrito. Alguien, en este restaurante diminuto, fuera de la ruta turística de Hong Kong, se había tomado el trabajo de traducir minuciosamente, del chino al inglés, cada uno de los platos del menú.
Recordé las veces que me había sentido tan apartado del sonido y de la visión de mi lengua materna y de pronto el inglés se hacía presente en un menú.
En mi país, algunos norteamericanos a menudo me dicen que cuando viajan prefieren ir a hoteles de lujo, restaurantes caros y contratar excursiones guiadas porque se sienten incómodos en lugares donde la gente no habla inglés. Les advierto que hoy son afortunados de encontrar lugares así.
Con esto no quiero decir que deban alojarse en una pensión rural en Japón y mantener con el dueño una charla interesante y variada en la lengua de Shakespeare sobre acuerdos comerciales o la principal liga de béisbol. Pero es muy probable, que las indicaciones en los hoteles estén escritas tanto en inglés como en japonés, y el conserje deberá ser capaz de escribir cosas básicas, como precios, horarios o fechas.
Los fax y los sitios Web han facilitado las reservas entre culturas diferentes; ya no es necesario pasar por la experiencia incómoda de llamar por teléfono y tratar de conseguir a una persona del otro lado que hable inglés. Y en muchas partes del mundo donde hay autopistas y transporte masivo, las indicaciones están también escritas en inglés (o en el alfabeto romano), lo que le permite al viajero tomar trenes o colectivos con seguridad.
De reserva
No estoy de acuerdo con la noción de que el inglés copa todo el planeta a través del ataque triple de Internet, Hollywood y MTV. Pero sí admito que se está convirtiendo, en el caso de muchos países, en una segunda lengua de reserva. Cuando la azafata del vuelo de Cathay Pacific de Bangkok a Hong Kong les ofreció té o café a sus pasajeros taiwaneses, tailandeses, de Hong Kong y China continental, lo hizo primero en inglés.
El hecho de que el inglés se transforme en un idioma híbrido utilizado como lengua franca comercial nos da a los nativos una enorme ventaja a la hora de viajar. He oído con toda naturalidad la expresión OK en boca de un taxista en Madrás, de un timonel en el Mekong, y de un comerciante en una isla croata.
Palabras mágicas
El haber nacido en la lengua franca internacional me ha hecho, paradójicamente, ser más obsesivo con el aprendizaje de idiomas extranjeros que cuando comencé con esta actividad. Culpo a mi adoctrinamiento en la infancia. Tanto mis padres como mis maestros siempre me decían que debía comportarme bien cuando estuviera en otra casa de visita, que nunca debía olvidarme de decir las palabras mágicas ( por favor y gracias ) y que por lo menos debía probar la comida que me ofrecieran, por más que no me gustase. Décadas más tarde, al visitar otros países, continuamente me vienen a la memoria las reflexiones de la niñez en cuanto a los cánones de amabilidad.
Y así, aprendí a decir por favor , hola y gracias en húngaro, tamil, coreano, japonés, tailandés, croata, alemán, esloveno, laosiano y cantonés, entre otras lenguas.
Estudié quince años español hasta que finalmente pude sentirme cómodo en su entorno como segunda lengua. Gracias a su similitud con el resto de las lenguas romances, me las ingenio para poder mantener una conversación básica, leer el periódico y la carta en un restaurante en italiano, portugués y francés.
Y aprendí a leer los números en chino, japonés, coreano y árabe. Pero esto no es nada. A nivel mundial, soy considerado un lingüista novato en comparación con cualquier egresado de un colegio secundario de, por ejemplo, Bélgica. Cuando me enteré de que mi amiga Krista hablaba francés, flamenco, inglés, alemán y holandés con fluidez, sentí mucha vergüenza.
Aprender unas pocas palabras en otro idioma siempre ha sido un ritual para mí cada vez que me preparo para ir a un lugar desconocido. Siempre comienzo por los cumplidos, los saludos y las gracias.
Tener algunas palabras en mi repertorio antes de ir a cualquier lugar me da más seguridad. Es importante, por más que mi ¿Cómo está ? suene totalmente extraño para un hablante nativo. Al menos, consigo que se rían, y el humor es siempre un mejor comienzo que la sospecha mutua.
A veces con un saludo en otro idioma he conseguido más que una sonrisa. Cuando junté las manos y le dije Sawadee ka al propietario de un restaurante tailandés en Berlín que añoraba su tierra natal, el hombre se conmocionó tanto que insistió en invitarme un trago.
Tarea nada fácil
Usted pensará que dominar unas pocas frases útiles en cualquier idioma es sencillo. Pero encontrar un programa de aprendizaje de idiomas específico para viajes no es fácil, aunque parezca mentira. El único material de estudio para muchos de los idiomas que me interesa aprender está diseñado para misioneros o funcionarios diplomáticos, demasiado específico e intensivo para alguien que sólo quiere manejar lo básico. O cuando son sencillos y están destinados a un uso general, los diálogos se adecuan más al aula que al campo. Las oraciones Soy norteamericano y hablo inglés. ¿Es ésta tu bicicleta? deberían residir en el banco de nuestra memoria sólo después de haber aprendido a decir hola. Gracias ¿Dónde está... Podría... por favor. Y Cuánto cuesta. .. junto con las palabras este, aquel, baño y el importante café.
Sin embargo, oír a un hablante nativo en vivo, en una cinta de audio o en una película, es mucho mejor que tratar de descifrar una hoja impresa, especialmente si el idioma tiene una serie de sonidos que en inglés no existe.
Un día, en un viaje en ómnibus por la India, estuve dos horas tratando de memorizar cómo contar hasta 10 en tamil ayudándome con un pequeño manual que me había comprado en Madurai. Orgulloso de mí mismo, me dirigí a la persona que tenía a mi lado y le recité lo que había aprendido. El pasajero me miró extrañado. Le pasé el libro, y le señalé la lección. Ah , me dijo, y siguió recitando los números, pero lo que él decía no tenía ni el más mínimo parecido con los símbolos fonéticos en inglés.
Es fácil sentirse frustrado o deprimido en esas circunstancias y, por supuesto, en la dificultad de embarcarse en el estudio de un nuevo idioma. Por ejemplo, en cantonés, el saludo usual de la mañana se traduce como ¿Ya has comido pescado? o en haitiano creole una respuesta típica a ¿Cómo estás? Es No estoy tan mal , y esto me permite penetrar, aunque sea un poco, en la compleja matriz de otra forma de vida.
Caracteres extraños
Y para mi deleite, descubrí que en el caso de los idiomas los momentos de mayor frustración son a menudo seguidos por instantes fugaces de esclarecimiento. Durante dos semanas recorrí Corea del Sur, un país donde muy pocos hablan inglés y no usan el alfabeto romano.
Señalaba con el dedo y me arreglaba para comer en restaurantes; pasé horas tratando de combinar los caracteres en el plano para interpretar la señalización en las sendas para caminantes, confiaba en la amabilidad de la gente para que me pusieran en el ómnibus correcto. Exhausto finalmente tomé el subterráneo de Seúl que me llevó al aeropuerto.
Fue un trayecto largo. Entonces me entretuve mirando el visor electrónico del tren, que indicaba el nombre de las estaciones, primero en hangul y luego en inglés, y así hasta que nos acercábamos a cada estación. Al cabo de 20 minutos, comencé a reconocer algunas de las combinaciones de los caracteres. Dejé Corea del Sur con una sonrisa de satisfacción, eso que viene cuando uno bucea aguas desconocidas y finalmente sale a flote. El placer más grande de viajar es la inmersión total.
1
2Colesterol: el medicamento “estrella” para bajarlo y por qué una dieta saludable no es suficiente, según un médico
- 3
Trump anunció que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos
4Los depósitos en dólares del sector privado rozan los US$37.000 millones y alcanzaron un récord



