
El rey del Plata
El tango es redescubierto hoy, cuando las fotos de Gardel ya no son un adorno y se baila en todos los continentes
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El tango es centenario y su larga experiencia le permite ser paciente. Espera ahí, agazapado en cualquier esquina, hasta en la más impensada de la ciudad. Porque es cierto aquello de que en Buenos Aires se respira tango, sólo que, como el aire, se vuelve natural. E imprescindible.
"Hacia 1880 nació un baile en los lupanares al cual llamaron tango. Ninguna mujer se atrevía a bailarlo sabiendo cuál era su origen. El baile era muy lascivo, una especie de parodia del acto de amor. La música muy obscena, la letra también. Lo bailaban sólo los hombres en las veredas del arrabal hasta que un día, no sé cómo, llegó a París y por el mero hecho de que París lo aceptó se hizo respetable en la Argentina." Palabras de Jorge Luis Borges que sirven como síntesis de los comienzos, cuando el dos por cuatro buscaba identificarse con una ciudad que pedía a gritos por una música propia, alejada del folklore campestre. Luego Rodolfo Valentino, a su modo, paseó con él por Hollywood y, aunque más no sea por esnobismo, todo el mundo quiso bailarlo.
De los arrabales al Centro, el tango experimentó un crecimiento que lo llevó de los burdeles de mala muerte a la calle Corrientes. De La Boca y Barracas a Almagro, Palermo y esas luces de la gran ciudad.
La poesía de Cadícamo, los versos de Evaristo Carriego y, claro, la voz de Carlitos, el cantor de tango que se convertiría en mito y serviría durante décadas para citar un acontecimiento supremo. Hasta Maradona, claro.
Desde siempre, el tango se dividió en miembros de la vieja y la joven guardia. Con cada década devenía el recambio, incluso ya a principios de siglo se hablaba de que el dos por cuatro había muerto.
La ciudad, mientras tanto, cambiaba de color político, soportaba golpes de Estado, aventuras y desventuras deportivas, hasta que llegó Piazzolla, el gran provocador. El dividió como nadie las aguas y llevó el lunfardesco tango a los conservatorios y a ser apreciado por el ambiente de la música clásica.
Una nueva generación
Hoy, en Buenos Aires, el tango está siendo redescubierto, de la mano de una generación sin prejuicios, que no divide la música en guardias, sino que toma de ella lo que más le interesa.
Por eso en la ciudad renacen de las baldosas los tangos lunfardos, machistas, irónicos y humorísticos. Los últimos maestros son homenajeados en vida y los jóvenes se animan a componer. Incluso la ciudad tiene su propio festival tanguero. En diciembre último y por segundo año consecutivo, la ciudad se tiñó de dos por cuatro. Centros culturales, plazas, parques y sus sitios de siempre exhibieron una programación imperdible.
A pesar de todos
Sin embargo, el tango aún tiene que batallar contra quienes lo resisten, sobre todo contra quienes quieren volver al Buenos Aires futurista, esconder eternamente su estampa tradicional. Si ni cafés quedan. Los Angelitos y El Molino ya son historia y el viejo bar La Paz cambió tanto su figura que casi se vuelve irreconocible. El fileteado sólo se ve en exposiciones y la foto de Gardel ya no adorna los colectivos, las verdulerías y los almacenes. Pero en el 2000, el tango no se torna melancólico. Lo bailan tres generaciones, lo escuchan dos y lo admiran en el mundo entero. Eso también es importante para el orgullo porteño.
Dos por cuatro en vivo
Salir a escuchar buen tango una noche cualquiera resulta sencillo. Algún sábado de este febrero, por ejemplo, asomarse al Club del Vino (Cabrera 4737) se torna una obligación. Allí Néstor Marconi se presenta, a partir de las 22, con su trío y con la cantante Lidia Borda, exquisita voz joven emparentada con el estilo de Rosita Quiroga.
Siempre en Palermo Viejo, recientemente volvió a abrir sus puertas el Café Homero de Rubén Juárez, al 4500 de Cabrera. Allí su dueño y anfitrión entrelaza su fueye los viernes y los sábados con invitados de ocasión.
Popular y legítimo
En San Telmo, el Centro Cultural Tasso (Defensa 1575) complementa los viernes y algunos domingos su milonga con tango en vivo. Por allí pasan habitualmente Jorge Dragone, Alberto Castillo, José Colángelo, la orquesta Color Tango y hasta el célebre Sexteto Mayor. El valor de la entrada, cinco pesos y su ambiente lo vuelve popular y legítimo.
Desde este año, Puerto Madero también huele a tango. Para porteños y turistas, La Tangoteca es una alternativa de todas las noches. En el multiespacio de Alicia Moreau de Justo 1728 se puede navegar por Internet, aprender a bailar el tango, saborear algún plato con nombre a tono, como Pechuguitas gardelianas, Lomo Corsini o Anclao en París y, por supuesto, observar alguno de los espectáculos.
Desde el arrabal
Diariamente, en La Tangoteca se exhibe un espectáculo que muestra las tres patas básicas del dos por cuatro: músicos, cantantes y bailarines. Las papusas, Los compadritos, La milonga y El guapo son los títulos de los shows protagonizados, entre otros, por las voces de Patricia Barone, Alfredo Piro y Silvia Gaudín.
Tradicional como el tango, el también centenario Café Tortoni (Av. de Mayo 829) ofrece un panorama diario en su sala Alfonsina Storni.
Por ella desfilan el Cuarteto Tango, Cheché, Virginia Verónica, María Silvia Varela, María Volonté, Walter Yonsky y Leticia Daneri, más Los Cosos de al Lao, una muy buena agrupación surgida del mal llamado tango joven.
Gratis
Durante todo este mes se desarrolla un ciclo de conciertos gratuitos, denominado Buenos Aires verano. Allí se destaca la actuación del excelente guitarrista Juanjo Domínguez, que recientemente editó su disco Mis tangos preferidos . Con su trío toca el domingo 20, a las 19, en el Centro Cultural Adanbuenosayres (Asamblea 1200, Parque Chacabuco).
Pero tampoco debe pasarse por alto una nueva presentación del espectáculo Patio de tango , con Lidia Borda, Brián Chambouleyron y Esteban Morgado. Ellos actúan el viernes 25, a las 23, en Babilonia (Guardia Vieja 3360).
Ya saben, si se cruzan con algún turista y les pide algo de tango como sediento en el Sahara, no digan que no lo prevenimos. Sin falsos nacionalismos, el tango es nuestro y hay que saber cuidarlo, mimarlo, apreciarlo. Pero claro, ante nada hay que sentirlo, hay que vibrar con él.
Datos útiles
Bailar el tango no es poca cosa, al menos, si se quiere hacerlo bien. Por eso, antes de animársele a la milonga, antes de intentar emular al Cachafaz, conviene tomar algunas clases. Caso contrario, es muy probable que pasen un papelón al estilo Al Pacino en Perfume de mujer .
Todas las milongas que mencionamos a continuación abren su noche con una clase.
Club Almagro
- Medrano 522 (4774-7454). Abre sus puertas los martes, viernes y sábados, desde las 23, y los domingos. de 22 a 4.
El Chino
- Beazley 3566 (4911-0215). En Pompeya, El Chino es casi tan popular como el barrio. Ideal darse una vuelta los viernes y sábados, después de las 22.
Centro Cultural Torcuato Tasso
- Defensa 1575 (4307-6506). Los viernes, día ideal. Desde las 20, clases de tango para distintos niveles, luego cena con orquesta en vivo y, finalmente, la milonga.
Club Fulgor de Villa Crespo
- Loyola 828. Funciona los domingos, a las 19; lunes, martes y jueves, desde las 21, clases de tango. Después, gran milonga gran.
La Tangoteca
- Alicia Moreau de Justo 1728 (4311-1988/ 4264). Clases de tango todos los días, de 16 a 20.
Club Gricel
- La Rioja 1180 (4957-7157). Altamente recomendable: los viernes, de 22.30 a 5; sábados, hasta las 4; y domingos, de 21 a 2.
Fundación La Casa del Tango
- Guardia Vieja 4049 (4863-0463).
Los viernes, a las 20, baile con material grabado. Los sábados, a las 21, milonga con orquestas en vivo.
La Dama de Bollini
- Pasaje Bollini 2281 (4805-6399). Lunes, miércoles y viernes, de 21 a 0, clases de tango y milonga.
Sarajevo
- Defensa 827 (4361-1160). Joven y desacartonada, la milonga se forma todos los domingos, a las 18, primero con clases de tango para principiantes y luego sí, la hora del baile. Vale aclararlo, la entrada es gratuita.
La Estrella - La Viruta
- Armenia 1366 (4823-3730). Las clases se dictan los lunes y los miércoles, a las 21, y viernes y sábados, a las 22. Milongas: miércoles, viernes y sábados, a las 23.30.
Los Andes
- Dorrego 582 (4854-8141). Milonga: lunes y jueves, a partir de las 19.
Viejo Correo
- Diáz Vélez 4820 (4958-0364). Tangos, milongas y valses, todos los días, a las 22.30. Clases, a las 20. Los sábados el tango comparte protagonismo con otras músicas.
El Pial
- Ramón Falcón 2750 (4612-4257). Los jueves, a las 21 y los domingos, desde las 18.
La Beba
- Alvarez Thomas 1462 (4551-9276). Frente a la casa de la Beba Pugliese, la milonga es una fija de los viernes, a partir de las 20.
Milonga en la Plaza
- Corrientes 1660, Paseo La Plaza (4370-5348). El el café Mahler funciona esta milonga, todos los jueves, a partir de las 20.
Palabras mayores
Mientras en Buenos Aires se discutía si la música de Astor Piazzolla debía o no encuadrarse dentro del tango, el mundo volvía a enamorarse del dos por cuatro. Países tan alejados de la cultura porteña como Japón, Suecia y Finlandia comenzaban a conocerlo y rápidamente se generó en ellos una fiebre por ver en vivo a esos músicos que admiraban a la distancia.
En los años 80, cuando la crisis del tango se agravó en Buenos Aires, los músicos encontraron en el exterior la manera de seguir tocando y no quedarse cruzados de brazos esperando el cambio. El Sexteto Mayor, fundado por los maestro Luis Stazo y José Libertella en 1973, fue uno de los tantos que se decidió a emigrar. Primero comenzó con giras por América latina y en 1976 dio el gran golpe en Japón. A partir de allí realizaría más de cincuenta giras por el país oriental y visitas casi permanentes a Alemania, Francia, Australia y Estados Unidos.
Como un acto de justicia para los porteños, que habitualmente no tienen muchas posibilidades de ver a la agrupación en vivo, el Sexteto Mayor acaba de lanzar, a través de Buenos Aires Música, un nuevo disco, titulado Tangos para bailar , un recorrido por 17 composiciones clásicas.
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