
Guyana exhibe su perfil anglosajón, entre ríos y arroyos
Conocida como Tierra de muchas aguas, esta porción de territorio, con Georgetown como capital, ofrece además el grito de la jungla
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Georgetown, Guyana (Camera Press London).- A 90 minutos en avión desde Caracas, se alza Georgetown, la capital de Guyana. Durante la mitad del viaje sobrevolamos un bosque tropical muy denso que se extiende como una alfombra verde oliva hasta perderse en el horizonte. La vegetación se ve lacerada por un sinnúmero de ríos y arroyos, que le recuerdan al visitante el significado etimológico de la palabra Guyana: Tierra de muchas aguas.
Mientras nos acercábamos al aeropuerto internacional de Timehri, en Georgetown, me preguntaba cómo sería estar en medio de esa espesura verde tropical; un par de días más tarde sacié mi curiosidad.
Al día siguiente, en el hotel Tower, me informaron que Guyana era totalmente distinta del resto de América latina.
Sin duda, el hecho de que en todas partes se hable inglés la relaciona mucho más con las Indias Occidentales.
La ausencia de españoles y portugueses, y la notable influencia anglosajona hacen que Georgetown se asemeje más a Kingston, en Jamaica, que a Buenos Aires o Manaos.
Camino a Parika
A una hora de la capital, por un camino en bastante buen estado, se llega a Parika.
El trayecto incluye el cruce del río Demerara a través del puente flotante más largo del mundo. En esta ruta que atraviesa zonas productoras de ron y azúcar se puede apreciar con claridad la diversidad religiosa del país: en el patio principal de las viviendas indias flamean banderas multicolores, mientras las mezquitas y tabernáculos compiten por doquier.
Casi todos los cables telefónicos se cubren de un pájaro, el kiskadee, que, según la gente del lugar, anuncia los cambios meteorológicos.
Parika es un poco más que un muelle en el río Esequibo. Es, literalmente, el fin de la ruta. Todo el transporte de aquí en más se hace en bote.
Se acercan los taxis acuáticos en busca de pasajeros, blandiendo el nombre de sus capitanes que adoptan seudónimos como Capitán Coraje o Capitán Ataca. Nosotros viajamos en el del Capitán Trueno.
Remontando el Esequibo
En un barco con motor fuera de borda remontamos las aguas calmas y espejadas del Esequibo, de apenas 1,5 km de ancho, rumbo a Bartica, pequeña localidad que sirve de trampolín para los viajes del interior.
Bartica se mostraba más acogedora que Georgetown. Es raro encontrar rostros blancos en Guyana, salvo uno que otro misionero y hombre de negocios; por lo que un grupo de turistas europeos amerita ser visto.
No nos quitaban los ojos de encima, pero esta gente sonreía mucho más que el resto, pese a su pobreza. Fue el único lugar donde se nos acercaban y nos pedían que le tomáramos una fotografía.
Bartica se encuentra en la confluencia de tres ríos: el Esequibo, el Cuyuní y el Mazaruni, por donde seguimos nuestra travesía.
El Mazaruni no es un río estrecho, pero sus infinitas islas y mosaicos de saltos y rápidos reducen su canal de navegación hasta sentir la opresión de la jungla a ambas márgenes.
Pasamos varias aserraderos y tanques de combustible hasta que, de pronto, el Mazaruni se convierte en una aorta que transporta a los pasajeros hasta un corazón verde intenso en la espesura de la jungla.
Con fundada razón, la madera del bebeerú, especie de laurel guyano parecido a la teca, es la más explotada de la zona.
No hay prácticamente caminos aquí en el Alto Mazaruni. Es una zona muy inhóspita, por lo que nunca fue económicamente viable extraer la madera más allá de las cataratas del Marshall, la más imponente.
En el corazón de la jungla
A media hora de pasar Marshall llegamos a nuestro destino final, un campamento en la isla Jacarandá, donde estuvimos una semana haciendo expediciones a la jungla y travesías por los estrechos afluentes del Mazaruni.
Vimos nutrias de río, guacos negros, los martín pescadores gigantes del Amazonas, con su espléndido plumaje, cotorras y magníficas mariposas.
Tuvimos encuentros cercanos con la peligrosa víbora saltarina y hasta con los temibles mapanares. Se oía el grito de monos aulladores, pero no los veíamos. La vida en la jungla es riquísima, hasta para los que pueden leer el braille en el tronco de los arbustos.
En otra excursión a la que fui solo me mostraron las huellas del jaguar de hacía una semana y las deyecciones del armadillo.
El recorrido por el Ikuribisi, donde nos abríamos paso con la ayuda de una motosierra y los remos, fue entrar en el mundo de lo desconocido. Las bromeliáceas se asían a la corteza de los árboles formando una conspiración, mientras las lianas colgaban de las ramas.
Los nidos diminutos de los colibríes se suspendían por encima del agua, bien en el extremo de la rama donde ninguna serpiente podía llegar. Las calas gigantes se iluminaban por los rayos de sol que atravesaban sin cesar el lecho de hojas.
Constantemente, la quietud se interrumpía por el chirrido de algún hoazín.
Cada tanto nos invadía un vaho fétido a podredumbre debido al intenso calor y a la humedad de la zona, pero es precisamente este proceso de descomposición lo que origina la vida y el crecimiento en la jungla.
De regreso, las cataratas Imagínense el contraste al recalar nuestro pequeño barco frente al International Riverview Hotel & Disco Bar en busca de una cerveza fresca. El nombre de este establecimiento se hallaba garabateado con marcador en un cartel de cartón; las paredes y el techo estaban recubiertos de bolsas de arpillera.
Un grupo de obreros encargados del dragado del río bebía ron y Coca-Cola junto a sus damas de compañía. Después de refrescarnos con unas buenas cervezas frescas, volvimos al bote hasta llegar a otro recreo, otra imagen indeleble de la jungla de Guyana.
Regresamos a Georgetown en una avioneta desde una pista de tierra en Skull Point, cerca de Bartica. Rozamos con las alas las cataratas Kaiteur y una serie de cascadas en Orinduik.
(Traducción de Andrea Arko)
Recomendaciones para viajar y dormir
Aéreo
Varig llega vía Belem en conexión con Surinam Airways.
El boleto de ida y vuelta sale 1064 dólares en temporada baja (hasta junio inclusive) y 1133 en alta ( julio) más impuestos.
Alojamiento
- Hotel Tower: comprendido por Amazonian Cacique Manaburu y Amazonian Cacique Madewini, ambos sectores disponen de 12 habitaciones con balcón, pisos de madera y modernos baños; áreas de entretenimiento y restaurantes.
La modalidad del paquete todo incluido permite aprovechar al máximo los tours, comidas, bebidas sin alcohol y el resto de los servicios. Habitación doble: 150 dólares.
- Cara Suites: en el corazón de Georgetown combina confort con facilidades para los viajeros de negocios. Sirven abundantes desayunos en la habitación, y su restaurante Dine & Sign Scheme es uno de los más importantes de la ciudad.
En cuanto a su nómina de servicios, incluye un centro de negocios, provisto de computadoras conectadas a Internet; un salón de lectura con servicio de bar, con las últimas revistas y diarios internacionales, y una inmensa piscina completa las instalaciones.
Habitación doble: 145 dólares.
- Cara Lodge: se construyó en 1840 y cien años después fue el hogar de Dorothy y Helen Taitt, integrantes de la Orquesta Filarmónica de Georgetown y de la escuela de ballet de Guyana, respectivamente.
Las habitaciones incluyen baño privado, aire acondicionado, teléfono con discado directo y heladera.
Cuenta además con un restaurante, que elabora comida local e internacional; un centro de negocios, y una galería de arte.
Habitación doble: 145 dólares.
Para mayor información
Tourist Association Board of Guyana Tel.: (592-2) 50807/50817





