La isla filipina de Palawan
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Por Pablo Martín CastroFilipinas, y en especial la isla de Palawan, es un paraíso que todavía no ha sido explotado turísticamente, manteniendo casi intacta su belleza natural. Mi primera parada: Puerto Princesa, y de allí una van para El Nido, recorriendo 400 km de paisajes rurales, selváticos y montañosos.
El Nido es un pueblo rodeado de morros y el punto de partida para recorrer el archipiélago Bascuit. Estas islas, en su mayoría deshabitadas, tienen unos morros que parecen obras esculpidas, selva frondosa, arena fina y blanca, y aguas turquesas, un verdadero edén.
La ciudad es muy tranquila y, aunque sus playas céntricas no sean las más limpias, su entorno natural y el folklore local compensan todo. De allí se pueden tomar tours por unos 20 dólares. Además existen playas muy prístinas como Cabañas, a unos 7 km y muy accesible a pie o en triciclo, medio de transporte local. Luego de una semana en El Nido marché hacia la isla de Coron en un pequeño barco (mi travesía por el mar de China del Sur duró unas 8 horas). La ciudad de Coron no es bonita, no tiene playas, pero es el punto de partida para conocer lagos, playas de aguas turquesas y los mejores corrales de Palawan; pero su mayor atractivo son los buques japoneses hundidos en la Segunda Guerra Mundial, donde se puede hacer buceo.
Filipinas es un destino que vale la pena ser explorado, que nos invita a infinitas aventuras y a la posibilidad de conocer su amigable pueblo.
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