
La Quiaca abre la puerta de Yavi
A más de 5000 kilómetros de Ushuaia, la cultura colla se siente tanto como el viento
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LA QUIACA.- Luego de atravesar los 157 kilómetros que separan a Humahuaca de La Quiaca, e intentar recordar si existe en el país un tramo de ruta nacional en tan mal estado, la capital de la Puna jujeña se presenta como una ciudad de paso. La localidad que está más al norte de la Argentina no se caracteriza por sus atractivos turísticos, pero ofrece un lugar encantador a escasos kilómetros: Yavi.
Antes de tomar la ruta hacia este pueblo, una buena opción es cruzar por un par de horas a Villazón -la ciudad fronteriza de Bolivia, repleta de comercios-, y ver el cambio cultural (y económico) que se produce a escasos cincuenta metros de distancia. Al ingresar nuevamente en la Argentina, el cartel que da la bienvenida indica que uno se encuentra a 5121 kilómetros de Ushuaia.
Desolado y encantador
En el recorrido hacia Yavi, un grupo de mujeres, vestidas con sus coloridos tejidos de origen colla, camina en sentido contrario, con los bebes colgados en sus espaldas. El trayecto es de 16 kilómetros. La vicuñas que se cruzan en la ruta corren cuando escuchan el motor de los autos. De frente aparecen los Siete Hermanos, un grupo de piedras preciosas del tamaño de un cerro.
Yavi se ve al mediodía como un pueblo fantasma. Sólo hay perros, que se juntan y juegan en las calles de tierra. Nadie se asoma. Sólo un par de horas más tarde, la señora Rosa sale en su recorrido de todos los días, llevando sus ovejas por entre los caminos angostos y las casas de piedra.
En el pueblo viven alrededor de trescientas personas, y casi la mitad de las viviendas se encuentra abandonada. En ese marco, dos casas reconstruidas en el último año son los únicos lugares para alojarse: el hostal de Yavi, más confortable, con habitaciones con baño privado (40 pesos la doble), y La Casona de Jatum Huasi, más rústico y parecido a un refugio de montaña (8 pesos por persona).
A fines del siglo XVII, el pueblo fue parte de la tradicional ruta hacia el Alto Perú. Hoy se puede visitar la iglesia, inaugurada en 1690, y la casa del marqués de Tojo y Yavi, el primer terrateniente de la región que obtuvo un marquesado de la corona española. También hay registros de las culturas prehispánicas: a diez minutos a pie se encuentran grutas con pinturas rupestres, y por un camino de ripio se alcanzan grandes rocas con grabados precolombinos; éstos, a pesar de los muros de piedra que los rodean, no parecen recibir el cuidado que merecen (muchas de las lajas han sido robadas).
En las últimas horas de la tarde, los tonos marrones del pueblo se vuelven oscuros, y el bar de la Casona se convierte en un lugar de encuentro. Mónica Calizaya, dueña del lugar, pone velas en las mesas y enciende el grabador. "La música del Norte es el sonido del viento", dice, mientras mastica hojas de coca y sirve la pizza recién salida de su horno de barro.
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