
Las alturas de Chianti
El lujo es conocerlas, aunque se cuente con el bajo presupuesto que tiene un cicloturista en sus aventuras
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FLORENCIA.- Esta ciudad es la cuna y hogar de las más grandes maravillas del Renacimiento. Alcanza con decir que por lo menos tres días son necesarios para vivirla como se merece.
Entre Florencia y Siena se ven los paisajes más encantadores de la Toscana, aquellos que le valieron el mote del jardín de Italia . Para atravesarlos, dos rutas (dejando de lado la autopista) compiten en interés y belleza.
La primera es la S222, más directa y conocida como la Strada Chiantigiana , porque discurre por el corazón de la comarca vitivinícola de Chianti. El marco de ondulantes colinas tapizadas de viñedos y olivares alcanza su clímax entre Strada y Greve, localidad en cuya plaza central triangular (en sus días, mercado medieval) se puede terminar la jornada antes de tiempo (si el cicloturista cede a la tentación de los viñateros ofreciendo degustar sus célebres y espiritosos productos).
La segunda (S2), igual de atrayente para la vista, ofrece además tocar algunos de los más genuinos pueblos medievales de Italia. Sin embargo, el corazón pronto tiene demasiado trabajo como para emocionarse en el goce estético.
Desde los etruscos, y por motivos defensivos, las poblaciones se asentaron en la cima de las colinas, donde todavía se encuentran. En consecuencia, no les queda más remedio a los ciclistas que afanarse en estos caminos ilógicos que van de cumbre en cumbre: esfuerzo sólo compensado por la alegría de coronar pueblitos de ensueño y luego sumergirse en descensos vertiginosos hacia el valle; fuerte estimulante para encarar la próxima cuesta.
Hacia el Medievo
No obstante, las torres de San Gimignano emergiendo del horizonte alivian el esfuerzo. El más extraordinario de los pueblos medievales es digno de un día entero de visita. El camping de sus afueras (también hay albergue en el pueblo) es ideal, ya que los viajeros en bicicleta o moto son mayoría y un balcón colgado de la montaña, el comedor, impacta con la mejor vista de la Toscana. Si no hay apuro -no debería-, vale la pena continuar al Oeste hasta Volterra (29 kilómetros), la secular enemiga de San Gimignano, famosa por su alabastro, representado en el Museo Etrusco Guarnacci. Se comprueba aquí también que cualquier pueblo toscano puede contener tesoros ocultos, pues los artistas del Renacimiento trabajaban donde podían: así lo demuestran el Duomo, la Pinacoteca y el Museo de Arte Sacro.
Los paisajes de ensueño se continúan -ahora hacia el Este- hasta Colle di Val d´Elsa, población también de aire medieval.
Es una buena opción para internarse en sus callejuelas, sobre las que planean tañidos de campanas recurrentes, y buscar un lugar para merendar. Tal vez allí, departiendo con algún mozo o lugareño, se caiga en la cuenta de otra particularidad de la región: su lengua.
Fue el dialecto toscano (que inmortalizaron hijos selectos como Dante, Bocaccio y Petrarca) el que se convirtió en lengua nacional.
Sus descendientes no ocultan tal orgullo y se esmeran por cultivarlo con una pureza, claridad y belleza sin igual en el resto de la península.
No obstante, al entrar en confianza se comprueba el otro aspecto por lo que también son famosos: su mordacidad. Si el tema los empuja, es fácil comprobar por qué sus compatriotas dicen que "los toscanos tienen el paraíso en los ojos y el infierno en la boca".
El tramo final
Descansados, es el momento de lanzarse al último y largo descenso (25 kilómetros) hasta Siena. A diferencia de la renacentista Florencia (histórica rival que la sojuzgó en 1559), ésta es una ciudad gótica asentada sobre tres colinas y permanece casi como en la Edad Media.
Alcanza con decir que alberga una de las catedrales más bellas de Italia (famosa por sus magníficos pisos de mármol, que llevó más de 200 años terminar) y un estilo propio en arte y arquitectura completamente diferente del florentino.
La Piazza del Campo es sin lugar a duda una de las más bellas del mundo. Con forma de abanico abierto hacia el Palazzo Pubblico, sede del Ayuntamiento desde el siglo XIV, es colmada dos veces al año (el 2 de julio y el 16 de agosto) por una multitud ansiosa por participar del famoso Palio.
Allí las rivalidades locales estallan en una frenética carrera de caballos, donde los 17 barrios de la ciudad compiten por el honor de quedarse con el gallardete que da nombre al torneo.
El resto del año es el punto ideal para que los frenos chirríen por última vez. Y tendidos sobre el pavimento, con la vista clavada en el empinadísimo campanario, repasar las vivencias de un viaje, desde ese momento, simplemente inolvidable.
Recomendaciones
Cómo llegar
- El pasaje hasta Florencia cuesta ente 1100 y 1400 dólares, aproximadamente. No hay vuelos directos hacia esa ciudad; la combinación se hace vía Roma.
Alojamiento
Los precios que se detallan a continuación son estimativos y sobre la base de una habitación doble.
- En Pisa, un hotel 5 estrellas cuesta 116 dólares. En Florencia, un establecimiento de igual categoría tiene un valor de 250 dólares; uno de 4 estrellas, vale 220; de 3 estrellas, varía entre 56 y 110. En Siena, un hotel 4 estrellas, cuesta entre 44 y 72 dólares.
Moneda
- Lira italiana. Un dólar equivale a 1858,05 liras.
Más información
- ENIT (Ente Nazionale Italiano per il Turismo), Córdoba 345; 4311-3542
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