
Martín Fierro: una estancia a pura tradición
En Capilla del Señor, para vivir el campo en serio
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En el partido de Exaltación de la Cruz, a 2 km de Capilla del Señor, la estancia Martín Fierro atesora el pasado que, desde hace un año, se muestra al turismo. Sólo hay que atravesar el pueblo y transitar un camino de tosca mejorado para encontrar el portón de hierro que, como un telón abierto, descubre una avenida de eucaliptos que conduce al empedrado o calle del Viejo Vizcacha.
Esta divide las dos casas de adobe original, refugio del escritor José Hernández (1834-1886), autor de El gaucho Martín Fierro y La vuelta de Martín Fierro, entre otros escritos.
Según la tradición oral, parte de esta última obra cumbre de la poesía gauchesca fue escrita en este campo. Estancia adquirida por el hermano de Hernández en 1871, el que fuera diputado de la Nación pasó allí varias temporadas que lo inspiraron para componer sus personajes, que expresaron el modo de ser, de sentir y de expresarse del gaucho, y su trágico destino.
En los pagos de Vizcacha
La calle del Viejo Vizcacha se refiere al anciano que cuidó al segundo hijo de Martín Fierro en La vuelta...: "... me llevó consigo un viejo/ que pronto mostró la hilacha,/ dejaba ver por la facha/ que era medio cimarrón,/ muy renegao, muy ladrón,/ y le llamaban Vizcacha."
Al fondo del camino, ya de tierra, despunta la importante casona de estilo colonial inglés.
Dos plantas y un mirador con galería plantadas sobre sólidas columnas de hierro albergan más de 130 años de historia. Las esculturas de época recuerdan un pasado de bonanza económica, distribuidas en las 30 ha de parque con añosos plátanos, fresnos, robles y liquidámbar, que custodian con su porte los entornos de la casa.
En la pulpería, centro de operaciones de los huéspedes, las mesas de madera y la cocina campestre invitan a la charla de mate largo, sin apuro.
Con amplios ventanales y rejas, las paredes de 45 cm de espesor recuerdan el tiempo de los almacenes de ramos generales con despacho de bebidas y vicios.
Los poetas se inspiraron en los pulperos y sus acompañantes para escribir algunas de sus coplas más hermosas. Como el gaucho Martín Fierro, al que Hernández hizo exclamar: "Mi gala en las pulperías/ era cuando había más gente,/ ponerme medio caliente,/ pues cuando puntiao me encuentro/ me salen coplas de adentro/ como agua de la vertiente". O Hilario Ascasubi... Santos Vega comienza : "Cuando era al sur cosa extraña,/ por ahí junto a la laguna/ que llaman de la Espadaña/ poder encontrar alguna/ pulpería de campaña".
La galería, que huele a glicinas que desprenden su eterno perfume y sus hojitas primaverales, es ideal para resguardarse del sol antes de cambiarse en los vestuarios y bañarse en la amplia pileta azulejada de 20 x 10 metros, con trampolín de madera.
Los carteles, las cortinas y los manteles artesanales son el resultado del trabajo de una de las dueñas, Susana Baggini, que cuida todos los detalles personalmente.
Unos 200 metros más adelante, un antiguo galpón de boxes y oficinas se transformó, en parte, en el alojamiento: ofrece tres habitaciones con dos baños y un pequeño salón de estar con televisión y frigobar.
Otro cuarto más, con vestidor y baño privado, resultó del reciclado de la sacristía de la capilla Santa Eugenia, construida hace pocos años, cuyo nombre fue puesto en recuerdo de la abuela de la actual administradora.
La bella imagen que en ella se encuentra fue rastreada durante seis meses en España: al parecer, no existen tallas de esta santa en la Argentina.
Por la mañana o la tarde, las caminatas hasta el arroyo de la Cruz que atraviesa el campo sorprenden a niños y grandes. No temerle al barro y usar pantalones largos son las consignas para atravesar el bosque y los yuyales, e intuir en las sombras los fantasmas que inspiraron al poeta.
También se puede ir en carro, volanta o caballos, de los cuales hay ejemplares para todos los gustos. Aun se puede ir más lejos: en total son aproximadamente 400 ha para recorrer al paso o al galope.
A la vuelta del paseo, las empanadas calientes de carne o de pollo y peras en almíbar --antigua receta de Manuelita de Rosas--, el asado servido en tabla de madera --no faltan los chorizos y las morcillas, la costilla, el vacío y el matambre--, las múltiples ensaladas y los postres de campo, como los caramelos de batata, reconfortan el espíritu y atentan contra cualquier dieta baja en calorías.
Sabores de tierra adentro
Si no hay asado, no defraudan los menús italianos --bruschettas y fideos caseros-- ni las especialidades de la casa como el paté casero con verdes de la huerta propia, el pollo al curry o las milanesitas de peceto con tres purés.
Siempre hay entrada, plato principal y postre que, sumado a la atención de la dueña, dan cuenta de ciertos detalles que no siempre se cuidan en los sitios que abren sus tranqueras al turismo.
Luego llega el tiempo de descanso o del chapoteo en la piscina, según la edad de los viajeros.
El murmullo de los pájaros se cuela en la tarde apacible. Un consejo: no se vaya antes de que se ponga el sol en la Martín Fierro, como le dicen los parroquianos: se arrepentirá irremediablemente.
Datos útiles
Cómo llegar
Tomar la Autopista Panamericana, ramal Pilar, que se continúa en ruta 8 hasta el km 68,5. Doblar a la derecha por la ruta 39 y seguir 13 km hasta Capilla del Señor. Atravesar el pueblo por la calle Balcarce, que cambia de nombre por Ameghino, doblar a la izquierda por Carlos Pellegrini y tomar el camino de tosca que se abre a la derecha. Seguir 2 km hasta la entrada al casco.
Estada
Día de campo $ 65
Por persona, que incluye empanadas, asado, ensalada con bebidas, y merienda con repostería casera.
Fin de semana $ 195
Del sábado, a las 11, al domingo, a las 18, con todas las comidas y bebidas incluidas (agua, gaseosas omedia botella de vino por perona).
Informes
Tel. 4784-1500/154-023-4078, E-mail: estanciamfierro@hotmail.com; www.mfierro.8m.com
Algo más cerca de la tranquera
Capilla del Señor, fundado en 1762, fue designado Bien de Interés Histórico Nacional por el Poder Ejecutivo en 1994.
Allí se encuentra, en la céntrica calle Bernardino Rivadavia 284, el Museo del Periodismo Bonaerense Manuel Cruz, lugar donde se imprimió en 1871 El Monitor de la Campaña, el primer periódico de la provincia de Buenos Aires.
Frente a la misma plaza San Martín, la principal del pueblo, se encuentra la iglesia parroquial, fundada en 1866. Otros edificios que merecen una visita son la Escuela N° 1, primera escuela de campaña creada en 1821, el Palacio Municipal y el antiguo mirador con azulejos Pas-de-Calais.
Con el encanto de la provincia, por la tarde se duerme la siesta y hasta el perro permanece inmutable ante el paso de los autos: hay que tocarle bocina para despertarlo y que se corra.
Un dato gastronómico para tener en cuenta: en la calle Bartolomé Mitre, el café La Fusta es famoso por sus increíbles sándwiches de milanesa. Cuentan que el historiador Félix Luna es habitué de sus "mesas que nunca preguntan".
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