"¡No insistan! Quiero un solo hijo"
Por la profesión, la paternidad tardía y los factores económicos, cada vez son más las parejas que deciden tener un único hijo. ¿La transformación hacia un nuevo modelo familiar?
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Atrás quedó aquel prototipo de familia de antaño, ese en el que el portaretratos quedaba chico para enmarcar al padre, la madre y sus cuatro (o más) hijos. Que el modelo familiar cambió, hace ya varios años, no es una novedad ya que son innumerables los casos de parejas que apuestan a lo que comúnmente se conoce como familia tipo (padre, madre y dos hijos).
Pero si del modelo de familia se trata hay que decir que en la última década éste parece haber sufrido una nueva transformación: cada vez son más las parejas que eligen tener un solo hijo. Según el censo de 2010, en nuestro país un 22,55% más de mujeres declararon haber tenido un solo hijo en relación al mismo dato de 2001. ¿Los motivos? El interés en la profesión, los factores económicos o la paternidad tardía. Lo cierto es que ser hijo único parece ya no ser un problema frente a una sociedad que vive en constante movimiento.
Por su parte, la licenciada Carolina Houssay opina: "lo primero que hay que resaltar es que los tiempos se alargaron y hay varias áreas que uno desea estabilizar antes de afrontar el gran reto que es la maternidad. Las mujeres ahora buscan alcanzar una cierta realización personal antes de tener hijos, y lograr un perfil laboral esperado puede llevar tiempo, ya que cada vez la sociedad exige más capacitaciones y actualizaciones para convertirse en una profesional competitiva y calificada". De este modo, las mujeres van moldeando sus rutinas y tiempos con estas demandas que, a su vez, brindan reconocimiento personal y económico.
Otro dato que no es menor tiene que ver con poder reincorporarse en el mundo laboral rápidamente, un logro individual muy valorizado actualmente. La maternidad demanda disponibilidad física, y emocional. La energía que antes estaba puesta en otras áreas, una vez convertidas en madres, es tomada por este nuevo rol. Por ende, a mayor cantidad de hijos se podría pensar que aumenta también la disponibilidad requerida. "Las parejas que toman la decisión de tener un solo hijo, lo que priorizan muchas veces es justamente el poder seguir teniendo ese compromiso laboral y social que se tenía antes de convertirse en padres", cuenta Houssay.
Asimismo, el hecho de acceder más tardíamente a la maternidad y las cuestiones económicas pueden tener un papel importante. En el caso de aquellas mujeres que deciden tener hijos de más grandes puede venir acompañado de muchos miedos difíciles de transitar, por ende una vez recorrido ese camino ya se encuentran satisfechas y sin disponibilidad para pasar por esos miedos otra vez. En el caso de lo meramente económico puede tener que ver no sólo con mantener el estilo de vida que se tenía previamente con su respectiva pareja, sino con el hecho de poder cumplir con aquello que desean poder brindarle a este ¨hijo¨, y así compatibilizar el deseo con la realidad actual que vive cada familia.
Cada pareja se va formando y evolucionando con el paso del tiempo, guiada por los valores y decisiones que se van tomando. Se van dando rutinas, proyectos, y modos de funcionar únicos. Aquellos que deciden tener hijos de más grandes, por lo general se encuentran más apegados a dichas rutinas y tiempos, y ceder estos espacios en pos de un nuevo integrante puede resultar todo un desafío. "Creo que el hijo único es una de las formas que encuentran para combinar paternidad con la estabilidad del modo de operar de la pareja. Cuando hay un solo niño, este suele amoldarse bien, y si bien hay cambios que son inevitables también existen ciertas condiciones que son más fáciles de mantener", manifiesta la licenciada.
¿Es necesario darle un hermanito?

Antiguamente, el psicólogo estadounidense Granville Stanley Hall consideraba que "ser hijo único era una enfermedad". Es más, sin retrotraerse tanto en el pasado lo más común era encontrarse con familias que, por lo menos, tuvieran dos o tres hijos. Claro está que los tiempos cambiaron y lo que antes parecía inentendible ahora es más común de lo que parece. Pero qué pasa con el mito de que "el hijo único es malcriado y caprichoso". Al respecto, Houssay responde: "esta condición no define por sí solo el futuro de un niño. Es real la importancia que tiene para las chicos el poder compartir con pares, ya que es en ese vínculo donde van a aprender a colaborar, a resolver conflictos, a esperar y a tolerar una atención dividida por parte del adulto. Pero para aquellos que no tienen hermanos esto se seguramente se dará con otros pares como primos, vecinos o compañeros del jardín o colegio". Como padres de hijos únicos es importante facilitar al niño este tipo de espacios y fomentar conductas de separación de las figuras paternas de acuerdo a lo esperado evolutivamente.
Las presiones familiares y otras yerbas

Muchas veces nos encontramos con la presión social y familiar al tomar decisiones importantes en nuestra vida. Cuando uno está transitando la etapa del noviazgo nunca falta la típica frase: "¿y... para cuándo el casamiento?", y cuando se llega de la luna de miel, "ay, queremos un nietito, sobrinito, bisnietito", y ni hablar de cuando, finalmente, se conoce la noticia del primer hijo: "¿cuándo viene el varoncito o la mujercita?".
Solemos estar rodeados de presiones que generan la exigencia de tener que cumplirlas y la lucha interna cuando esto no es lo que uno realmente desea. Por esto mismo, cada pareja debe construir sus propios deseos, proyectos y estilo de vida teniendo bien en claro sus valores. "Es importante que cada uno pueda compartir y comunicar aquello que proyecta con su pareja para poder establecer los cimientos de una nueva vida juntos con sus propias decisiones y vivencias. Al fin y al cabo, es uno el que vive su propia vida", dice la licenciada Mora Marengo.
En la crianza de todo niño resulta muy importante la disponibilidad tanto física como emocional de sus padres. "Por eso, hay que pasar momentos de calidad con el niño. Lo ideal es poder compartir actividades recreativas, intereses en común y animarse a jugar juntos, así como también buscar actividades lúdicas y deportivas para que pueda interactuar y compartir experiencias con otros niños de su edad.", asegura Marengo. "Otro factor fundamental tiene que ver con establecer límites sanos y necesarios y fomentar la individualidad de cada hijo".
Cuando la decisión no es de a dos

Hasta acá, todo muy lindo. Pero... ¿qué pasa cuando uno de los dos no se conforma con un solo hijo? ¿Cómo manejamos esta situación para que, en un futuro, no se convierta en un tema de conflicto? "Es importante que la decisión sea compartida. Muchas veces se trata de los tiempos de cada uno, en los que se hace necesario congeniar sus propios deseos y prioridades. Para que se pueda llegar a un común acuerdo es fundamental la comunicación entre las dos partes. Que cada uno pueda expresar lo que siente, sus miedos e inquietudes, y aquello para lo cual se siente preparado o no en ese momento determinado", recomienda Marengo. Cuando la base de la pareja se sostiene en el amor, la confianza y la comunicación estas decisiones pueden ser tomadas de una manera más agradable y menos conflictiva.
Fuentes consultadas: Lic. Carolina Houssay y Lic. Mora Marengo, ambas profesionales pertenecen al equipo de Instituto Sincronía,.
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