Qué hacer en Las Vegas si no vas al casino
La ciudad más emblemática de Nevada, tiene vida más allá del casino. Propuestas alternativas, espectáculos y turismo extravagante.
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Las vegas tiene esa mística de ciudad pecaminosa. De territorio de excesos, de campo de batalla para despedidas de soltero épicas; de lugar donde hipotecar vida y propiedad en una mesa de ruleta. Y, sin embargo, hay en la ciudad propuestas de entretenimiento que van más allá de exóticos casinos donde se puede fumar y beber mientras se juega -casi ningún lugar en Estados Unidos permite fumar dentro del predio, pero los casinos de Las Vegas necesitan de la excepción para que la gente no abandone sus máquinas de slots-, más allá del colorido exagerado de los neones permanente.
Sin embargo, otras cosas suceden en Las vegas.
"Where are you from?", pregunta el taxista, con una sonrisa, al escuchar el acento foráneo en el pasajero que acaba de abordarlo en el aeropuerto McCarran. Lo curioso es que el mismo conductor tiene un acento -y un aspecto- que no se condice con el estereotipo "gringo". Es probable que esa despreocupada "¿de dónde sos?" sea la pregunta más repetida en la ciudad. Y no solo por los extranjeros porque los mismos norteamericanos que viven y trabajan allí también son, en una amplia mayoría, producto de migraciones internas. Gente que ha llegado a este punto de luz en medio del desierto en busca de un futuro. Un dato más a la hora de mirar a Las Vegas fuera de su difundido aspecto lúdico.
Los dueños de casa
Dos artistas -más bien dos instituciones- se han adueñado de Las Vegas. Uno es el Cirque Du Soleil, que mantiene en cartel, en forma permanente, ocho espectáculos diferentes, con valores de entradas que arrancan en los 70 dólares. Su cartelera incluye "One" (su espectáculo-tributo a Michael Jackson, en el Mandalay Bay) y "Love", el show basado en música de The Beatles, en The Mirage, un espectáculo que es exclusivo de la ciudad de Las Vegas y que nunca salió de gira.
La otra gran dueña es la señora Celine Dion, que se siente como en casa en el Caesars Palace. Las Vegas es la ciudad donde la cantante canadiense da más conciertos al año. Las entradas más económicas cuestan poco más de 50 dólares, pero se agotan en menos de lo que dura la primera estrofa de "Because you loved me"; luego los precios escalan hasta los 750 dólares. No es para cualquier bolsillo, pero el despliegue lo vale.
Además, para gustos más masculinos, hay en la ciudad espectáculos deportivos que ya son clásicos. Uno de ellos: el boxeo. Es un clásico desde los tiempos de Muhamed Alí, pero a la propuesta deportiva se ha sumado la liga de artes marciales combinadas UFC (Ultimate Fighting Championship), que resuelve en el MGM Grand Arena muchas de sus peleas por los títulos de sus diferentes categorías. Aunque el ticketing varía, una butaca para ser testigo de una buena noche de peleas puede cotizar desde los 200 hasta los 1.500 dólares.
¿Y qué más?
La gastronomía de Las Vegas no es gran cosa. No es un destino "foodie". Pero los "steak houses" de los hoteles The Palazzo y The Venetian son para recomendar, sobre todo para el viajero que extraña un buen pedazo de carne.
En verano, el termómetro en pleno desierto de Nevada puede superar la barrera de los 40 grados sin demasiado esfuerzo. Pero a lo largo de Las Vegas Boulevard -la calle central, conocida popularmente como The Strip, donde están todos los grandes hoteles- todo tiene aire acondicionado. De hecho, algunos de los hoteles están conectados entre sí por pasillos y túneles, por lo que se puede pasar de uno a otro sin pisar la calle. Poco recomendable para claustrofóbicos, pero ideal para los que sufren el calor.
La vida nocturna es un poco más alocada que en la media de las ciudades norteamericanas, aunque bastante más tranquila que la noche de Buenos Aires. El bar de la terraza del Bellagio es elegante y cool, tiene una barra innovadora en materia de mezclas con muchos megatones de alcohol y una vista privilegiada del paisaje. Ideal también para quienes buscan referencias cinéfilas.
Alternativas inusuales

Para los que gustan de hacer estallar el bizarrómetro, el museo de cera de Madam Tussauds tiene su sede en la ciudad (la entrada cuesta 30 dólares, pero no es difícil conseguir un cupón de dos por uno). Pero además, está Freemont Street.
Freemont es la calle más tradicional de Las Vegas, un lugar donde todo es anterior a la construcción de los megahoteles de The Strip. En este circuito hay cabarets y casinos, pero con otra impronta. Es como adentrarse en un episodio de la serie "Historia del crimen". Solo falta ver al detective Mike Torello salir a los tiros de algún tugurio. Una máquina del tiempo que invita a una excursión a la "sin city" de los años '50, '60 y '70, las Vegas de Sinatra, a un grado de descontrol que hoy es historia antigua.
Además, los fanáticos de la adrenalina encuentran una experiencia inolvidable en Exotics Racing. Un viejo autódromo -alejado del centro, el taxi para llegar puede costar más de 40 dólares- abre al público para que, acompañado por un piloto experto, cualquier mortal con una licencia de conductor al día pueda darse el lujo de trepar a un Corvette, un Aston Martin, un Lotus o una Ferrari y romper la barrera de los doscientos kilómetros por hora sobre la pista. Dar cinco vueltas en un Porsche Cayman cuesta 200 dólares. Hacerlo en un Lamborghini Aventator, quinientos.
Pero quién te quita lo bailado. O lo corrido.
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