Un paseo que se cuelga de las nubes
Capilla del Señor es la base de operaciones para ganar el cielo desde un globo aerostático
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CAPILLA DEL SEÑOR.- En la estancia La Encantada, volar no es un sueño. Cada fin de semana es posible colgarse de las nubes desde la barquilla de un globo aerostático y soltarse plácidamente al capricho de los vientos de la madrugada, para mirar la ciudad desde arriba.
A sólo 70 kilómetros de Buenos Aires, en Capilla del Señor, esta posada de campo es la base de operaciones para ganarse el cielo, unos cuantos pesos mediante.
En La Encantada funciona la primera Escuela Argentina de Vuelo en Globo Aerostático. Norberto Barosa es el director y se encarga de todos los detalles; de las clases y los paseos de los principiantes. Un sesentón amigable, paciente y predispuesto, que no le teme a las alturas.
Trabaja con sus dos hijos, y juntos, son dueños de tres aeronaves y del equipo necesario para el rescate de las velas cuando los vientos desvían a la nave lejos. Barosa es, además, piloto de avión desde los 17 años y hacia 1989 se internó en este mundo de canastas y propanos.
Según explica, los globos pueden llegar hasta los 6000 metros de altura, pero ya a partir de los 3000 los tripulantes necesitan tubos de oxígeno y buen abrigo. En La Encantada los paseos casi nunca van más allá de los 400 metros, así que no son necesarias demasiadas bufandas.
Para los desconfiados, es bueno saber que el vuelo en globo es uno de los más seguros. Hay que acordarse que por más que los vientos decidan terminarse una tarde sin dar previo aviso, uno va sostenido por un enorme paracaídas, que es precisamente el aeróstato, por lo tanto es imposible que los descensos sean totalmente bruscos. Es interesante subirse y darse cuenta de que, entonces, es el viento quien ordena. Sobre esa barquilla que es de mimbre por cuestiones de liviandad y tradición, tampoco es que se transforma en algo sencillo desafiar las térmicas que son corrientes con distintas temperaturas que facilitan o empeoran el ascenso. Aquí uno va simpáticamente atado a las ocurrencias impredecibles del mapa meteorológico. Es a partir de esa posibilidad constante de la sorpresa que se vuelve divertido entrar a este planeta donde se ven personas en tamaño diminuto, como si fueran playmovils de colección y hormigas bípedas que van al mercado. En la Argentina hay pocos lugares habilitados para realizar vuelos en globo. Y no por falta de interés, sino por la cantidad de requisitos que un sitio debe cumplir para que se le otorgue el permiso.
En primera instancia es fundamental que la aeroestación esté en un lugar con escaso tránsito aéreo, sin fábricas de explosivos en los alrededores y el espacio para despegar tiene que estar cercado por una arboleda importante para evitar el paso de los vientos durante el despegue.
Es bueno saber que existen esencialmente tres tipos de globos.
Los que más circulan por nuestro país, los tradicionales, son los de aire caliente, que toman altura gracias a un dúo de hornallas gigantes que funcionan con gas propano y aumentan la temperatura del aire del interior de la vela y luego se elevan.
Hay otros, los que se inflan con helio y si bien son más costosos (cuesta 25 pesos el metro cúbico, y un globo necesita 200 metros cúbicos) se utilizan sólo para travesías de media distancia. La tercera opción son los que combinan el helio con una sobrecapa de aire caliente, y son los que se requieren para las grandes expediciones.
Con el sabor de la huerta
Más allá de los globos, La Encantada tiene mucho para ofrecer. Tiene un casco antiguo, levantado hacia 1856 sobre el margen izquierdo de un camino viejo que unía las provincias de Santa Fe y Buenos Aires.
Hoy la casona es rosa por fuera y cálida por dentro. Para los anfitriones, Fernando de la María, arquitecto y Marcela Grinberg, escultora; el buen gusto es ley. Dentro de los salones, de la cocina se encarga Fernando. Tiene guardado un recetario de su bisabuela, un libro casi sagrado que viajó por generaciones y ahora pasa las tardes en los cajones de la alacena.
Salsas de azafrán para condimentar filetes, o algunas con hierbas aromáticas cosechadas en el día para sazonar las carnes blancas, patés de ganso y pimientos de la granja. Aunque no es la especialidad, Fernando - si se lo encargan con tiempo- prepara excelentes parrilladas.
Toda ensalada y condimento llega de la huerta que crece en los fondos, y comparte espacio con el bosque de pinos, los limoneros, eucaliptos y naranjos.
Aquí no más, en la región de Capilla, hay mucho para hacer.
Datos útiles
Cómo llegar: hay combis de Buenos Aires a la estancia por 16 pesos, ida y vuelta. Informes por el 4774-5633.
Télefonos útiles: los vuelos en globo cuestan 120 pesos. Los paseos se realizan al atardecer y al amanecer, y siempre que las condiciones del tiempo sean favorables. Para hablar con Norberto Barosa hay que llamarlo por el 4203-8459. Nicolás Brau también hace paseos en globo. Comunicarse por el 4798-9552/ 02322-492762.
Con los pies en la tierra
En Capilla del Señor puede extenderse el programa del fin de semana. Es un pueblo colonial a unas pocas cuadras de La Encantada.
La iglesia parroquial de Exaltación de la Cruz a un costado de la plaza, marca el centro urbano. Fue inaugurada en marzo de 1866 y el altar mayor está bordeado por columnas laminadas en oro, hay una imagen del Señor de la Exaltación, un precioso trabajo en madera estilo barroco español.
Algunos dicen que en este santuario se conserva una astilla de la Cruz en la que fue crucificado Jesucristo. En otro costado de la plaza está el Museo Provincial del Periodista, que hoy ocupa las instalaciones de lo que fue el primer diario de Buenos Aires, El Monitor de la Campaña .
La imprenta Marinoni, una de las primeras del mundo, junto a varios objetos del universo de las tintas y las letras, dan buenas pistas para conocer cómo se armaban los periódicos años atrás. La estación de trenes vale también la pena; hay un convoy histórico que casi todos los domingos sale a las 9 de la mañana desde la estación Federico Lacroze (Chacarita) y llega hasta Capilla. Los vagones son como los de principios de siglo; de hecho, en ellos Madonna filmó parte de las escenas de la película Evita .
Para ir en tren es preciso reservar por el 4373:7020 o personalmente en Uruguay 743, 8vo piso, oficina 804.
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