Acepta el ADN, pero no acusar a su padre
Por María Elena Polack De la Redacción de La Nación
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Evelin Karina Vázquez Ferrá está dispuesta a que se avance en el conocimiento de la verdad sin que esto perjudique a su padre adoptivo, un ex suboficial de la Armada que se encuentra detenido, acusado por el secuestro de bebes durante el último régimen militar.
"Lo único que pido es que si van a decidir sobre mi vida me conozcan y me escuchen. Me pasaron muchas cosas terribles, pero igual me levanto todos los días temprano, voy a trabajar, estudio. Trato de disfrutar lo que puedo de mi vida. No tengo a mi papá conmigo. Quisiera que se pongan en mi situación."
La joven reclama ante la Corte Suprema que el resultado del examen de ADN al que la obliga la Justicia sólo se use para determinar su origen biológico, ya que sería hija de desaparecidos, pero que sea inadmisible como prueba de cargo contra su supuesto padre, el ex suboficial de la Armada Policarpo Vázquez, detenido el 11 de marzo del año último en Mar del Plata, acusado por el secuestro de bebes durante la dictadura.
Evelin tiene 22 años, estudia ingeniería informática y trabaja. Hasta el 11 de marzo de 1999, creía que había nacido el 29 de octubre de 1977 en la Capital Federal. "Ahora, como no sé exactamente cuándo nací, establecí un nuevo mecanismo para celebrar mi cumpleaños. Es toda la semana desde el 29 de octubre y obligo a quienes me quieren a que me agasajen cada día. Es lo único bueno entre tanto dolor."
Es la única broma que se permitirá durante una extensa entrevista con La Nación , pocos días antes de que su planteo ingresara en la Corte Suprema. De carácter fuerte, la joven pretende ser escuchada y no tomada como un expediente.
Supo que no era hija de Vázquez (65 años) y de Ana María Ferrá (60 años) el 11 de marzo de 1999. "Estábamos en mi casa. Sonó el timbre. Estaba acostada durmiendo la siesta; sentí que no eran voces conocidas. Me asomé y vi a tres personas de Gendarmería que leían un escrito. En un momento de la lectura pronunciaron mi nombre; entonces me puse a llorar y a gritar. Le dije a mi papá que yo no había hecho nada. Llegaron más personas, dos testigos, serían las 15. A las 19, a mi papá se lo llevaron detenido", relató.
En esas circunstancias se enteró de que no era hija de Vázquez-Ferrá. Poco después le indicarían que se sospecha que es hija de los supuestos militantes montoneros Susana Beatriz Pegoraro y Rubén Santiago Bauer, detenidos el 18 de junio de 1977 en la Capital Federal. Ambos permanecen desaparecidos.
Pegoraro estaba embarazada de cinco meses y, según testimonios, fue trasladada a los centros clandestinos de detención que funcionaron en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y en la Base Naval de Mar del Plata. Según los últimos testimonios, fue vista en la ESMA por última vez.
Al recordar el momento de la detención de Vázquez, a quien durante toda la entrevista señalará como su papá, dijo: "Lo único que me pidió antes de que se lo llevaran detenido fue que cuidara de mi mamá", que está enferma del corazón.
"El lunes siguiente viajé a Buenos Aires con mi mamá y mi novio. Mi papá (que confesó haberla recibido en su domicilio de manos de otro suboficial al que sólo identificó como El Turco ) tenía un defensor oficial, Luis Cayuela, con quien hablamos para saber bien de qué se trataba la causa judicial. Así supe que estaba en manos de la juezafederal María Servini de Cubría."
-¿Cuándo te presentaste ante la jueza?
-Una semana después de la detención de mi papá. Entré en el despacho, después de que me presentaron al secretario Ricardo Parodi. Había una psicóloga del juzgado. La jueza entró en su oficina y me dijo que quienes yo creía que eran mis padres no lo eran. Aparentemente, soy hija o nieta de dos personas. No recuerdo que me haya dicho los nombres. Habló mucho. Me dijo que tenía que hacerme el análisis de ADN para saber quién era. Yo no sabía cómo era el tema legal. Pensé que iba a declarar y me imaginé que iba a haber alguien anotando lo que se hablara.
-¿No fue así?
-No. Estábamos sólo la psicóloga, la jueza y yo. Nadie anotaba nada. Le dije a la jueza que me disculpara, porque hacía una semana que me había enterado de toda la situación y no sabía lo que quería hacer. Me contestó que tenía que hacerme el análisis porque mi papá ya había confesado. Pero le reiteré que no sabía lo que quería hacer y ahí se armó todo el lío...
-¿Qué lío se armó?
-La jueza se puso muy nerviosa. Empezó a gritar. Caminaba de un lado para otro. Me dijo muchas cosas fuertes, como que tenía que entender que una de las supuestas abuelas había sufrido mucho, que un hijo se le había muerto de leucemia, que tenía una hija desaparecida. Insistió en que tenía que entender su posición porque algún día yo también iba a ser madre...
-¿Por qué pensás que la jueza tuvo esa actitud?
-No sé. La sensación que tengo es que ella esperaba que le pidiera que me salvara. Se encontró con que no soy una nena y que tengo opinión propia. La miré a los ojos sin tener miedo, porque no hice nada. Creo que no le gustó mi actitud, pero no tenía por qué agacharme mientras me estaban gritando. Sólo le pedí que entendiera mi situación.
-¿Te sentiste presionada?
-Sí. Cuando la vi tan enojada, pensé que mi papá estaba siendo sentenciado en ese momento. Además, dijo que tenía suerte que mis supuestas abuelas biológicas habían hecho una presentación ante la Justicia. Porque ella, en ese lugar, habría hecho algo peor...
-¿Cuándo supiste que tu familia estaba siendo investigada?
-El día que entró la Gendarmería en mi casa. Después, mi mamá lo único que dijo fue que, con anterioridad, había recibido llamadas que se cortaban.
-¿Qué pasó cuando tu mamá te dijo la verdad?
-Pensé que era mentira... Pero me sentí responsable de toda la situación. Culpable.
-Servini de Cubría no fue la única integrante de la Justicia con la que tuviste trato.
-No. Tuve que hablar con Bagnasco (Adolfo, juez federal), porque Servini estuvo recusada por un tiempo. Ahora la causa está en sus manos nuevamente. También hablé con los jueces de la Cámara Federal de Apelaciones. Cuando hablé con Bagnasco, él decidió lo mismo, pero no me trató como Servini.
-¿Qué estás dispuesta a hacer y qué no?
-Entiendo el sufrimiento de los demás, los 22 años de búsqueda de mis supuestas abuelas. Voy a aceptar hacerme el análisis de sangre, pero quiero que me eximan de que se use en contra de mi papá.
-¿Algún juez te dijo que el análisis es el elemento determinante para sentenciar a tu papá?
-No recuerdo exactamente, pero Servini me dijo algo así.
-¿Te sentís atrapada entre tus sentimientos y la Justicia?
-Sí. Porque lo único que quiero es estar con mi mamá y mi papá, en mi casa. Le guste o no a todo el universo. Por eso busco una posición intermedia, para dejar de confrontar y de discutir, pero nadie se escucha.
-¿Qué querés decir con que nadie se escucha?
-No sé si se escuchan entre la Justicia y las Abuelas de Plaza de Mayo. Siento que quieren simplificar y decirme "bueno, ahora pasá para este lado". Lo que estoy pidiendo no está fuera de la ley, porque la ley dice que los hijos no pueden acusar a los padres. Si hace 22 años que es mi papá, no pretendan que haga un corte abrupto. No quiero levantarle la mano a mi papá.
-¿Qué actitud esperabas de las Abuelas de Plaza de Mayo?
-Me habría gustado que vinieran a mi casa y me dijeran cómo creían que eran las cosas y ver cómo las podíamos resolver para que no me viera en este lío.
-¿Cuál es el planteo que presentaste ante la Corte Suprema?
-Que busquen una manera de conciliar. Me voy a hacer el análisis de ADN, pero no me pidan que perjudique a mi papá y a mi mamá.
-¿Cómo esperás que reaccione la Corte Suprema?
-Tengo la esperanza de que me trate como un ser humano, no como un expediente. Soy un ser humano, y cuando decidan lo que decidan van a hacerlo sobre mi vida.
-¿Pensás que si la Corte avala tu presentación puede ayudar a otros jóvenes que podrían estar en situaciones similares?
-Creo que puede contribuir a definir el pasado sin destrozarnos el presente ni condicionarnos el futuro. Es muy duro que, por saber cuál es mi origen, tenga que condenar a mis papás. Creo que si a cualquier joven que duda sobre su origen le advierten que con un examen de ADN puede meter presos a sus papás, no lo va a hacer. Pero si le aseguran que no se va usar como prueba de cargo, lo va a hacer.
-¿Por qué ponés tanto énfasis en que el examen de ADN sea excluido como prueba en contra de Vázquez?
-Porque es una forma de que nadie pierda ni nadie gane. De la forma actual, yo pierdo todo. No me tratan como víctima de una situación; me hacen sentir culpable.
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