"Dame 24 horas para pensarlo": la primera respuesta de Alberto Fernández antes de aceptar la propuesta de Cristina

Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
Gabriel Sued
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18 de mayo de 2019  • 11:04

"¿Tenés algo que hacer después de las 3 de la tarde?". Alberto Fernández estaba dando clases en la Facultad de Derecho de la UBA cuando recibió la llamada de Cristina Kirchner , el miércoles a la mañana. "Vení a verme, así charlamos", le dijo ella, sin anticiparle el motivo de la convocatoria. Le hizo la propuesta a la noche, en una charla a solas, en su departamento, de Uruguay y Juncal.

"En este momento no se necesita a alguien como yo, que divide. Vos te llevás bien con todo el mundo, hablás con todo el mundo y todos te quieren", argumentó Cristina. "Dame 24 horas para pensarlo", respondió su exjefe de Gabinete, impactado por la novedad. En los entornos de él y de ella juran que no lo habían hablado antes, ni siquiera en calidad de hipótesis lejana. La decisión la tomó Cristina y, antes de que hiciera el anuncio, solo estaban al tanto un puñado de dirigentes: Máximo Kirchner , Oscar Parrilli , Eduardo "Wado" De Pedro , Andrés Larroque y Axel Kicillof .

La Cámpora apoyó la decisión de Cristina sin reparos. "Es el candidato ideal para un gobierno de transición. Él fue jefe de campaña de Randazzo [Florencio] y de Massa [Sergio]. Es una fórmula que reconstruye el espacio con el que gobernamos el país", dijo un dirigente de a agrupación horas después del anuncio.

Por cuestiones operativas también se enteraron el cineasta Tristán Bauer, responsable del video que difundió Cristina en las redes sociales, y un grupo de integrantes del equipo de comunicación del Instituto Patria, entre ellos, Hernán Reibel, vocero de Cristina. Todo se resolvió en menos de 48 horas.

Pese a que ya estaba todo definido desde el jueves, Alberto Fernández no dio indicios el viernes al mediodía, en la reunión que compartió con intendentes del conurbano, en Lomas de Zamora. Cristina tampoco lo habló con los precandidatos de su espacio, Agustín Rossi, Felipe Solá y Daniel Scioli. No se lo contó a los gobernadores ni al presidente del PJ, José Luis Gioja. La sorpresa fu absoluta, como había pasado con el lanzamiento de Sinceramente, el libro de la expresidenta. Cristina y Alberto volvieron a verse ese viernes a la noche.

Uno de los jefes comunales que participó de la cumbre de Lomas de Zamora hizo una relectura retrospectiva de ese encuentro, después de conocida la noticia que sacudió el escenario electoral: "Era un Alberto distinto. Andaba con el pecho inflado. Tuvo una centralidad impresionante, hasta opacó a Máximo. Bajó línea con seguridad, nos dijo que teníamos que ir todos juntos para adelante. Estaba contento, se abrazaba con todo el mundo. Transmitía entusiasmo".

Apenas se hizo el anuncio, el elegido de Cristina empezó una ronda de llamadas para contar los detalles de la decisión. Habló con gobernadores, empresarios, sindicalistas y hasta con periodistas. Prometió amplitud y se mostró receptivo. Ese mismo papel venía desempeñando en los últimos meses.

El intento por ampliar el espacio tuvo efectos concretos horas después del anuncio: cuatro gobernadores que hasta hace poco estaban en la otra veredera salieron a respaldar su candidatura. También lo hizo Héctor Daer, uno de los referentes del sector de la CGT que resistía el liderazgo de Cristina. Los pocos que por lo bajo cuestionaron la decisión no sacarán los pies del plato.

La jugada es un reconocimiento de una debilidad y, a la vez, un intento por subsanarla. Cristina Kirchner aceptó lo que muy pocos en su entorno se atrevían a sugerir: su figura podía brindar un triunfo electoral, pero no garantizaba la amplitud necesaria para gobernar un país en crisis a partir del 10 de diciembre.

La respuesta ante ese diagnóstico fue tan inesperada como riesgosa: designó como candidato a presidente a Alberto Fernández, un dirigente con experiencia en la gestión, disposición al diálogo y relaciones aceitadas con el poder real y con el peronismo, pero sin pergaminos electorales. Una figura de superestructura, sin popularidad propia.

Para colmo, decidió que ella será candidata a vicepresidenta, en un intento por asegurar la transferencia de votos, que puede ser interpretado también como una forma para que ella gobierne sin estar en la presidencia. Un doble comando en el que, al menos en el inicio de la gestión, la vicepresidenta tenga más poder que el presidente. "Alberto, al gobierno, Cristina, al poder", dirán los que la aman y los que la odian.

Cuando Cristina le comunicó su decisión a Alberto, la Corte Suprema todavía no había dado marcha atrás en la medida que había tomado el lunes, que postergaba el primer juicio oral contra Cristina, pautado para el martes que viene. Pero ese día ya se había hecho sentir la rabia de quienes vieron en la jugada de la Corte un pacto de impunidad.

En su entorno aseguran que ese episodio no influyó en su decisión, que era algo que analizaba desde hacía rato. Es más, cuando el jueves se corrió el rumor de que ella podría declinar su candidatura, en el Instituto Patria lo atribuyeron a una operación de un sector del oficialismo que buscaba argumentos para convencer a Mauricio Macri de dar un paso al costado.

"La coalición que gobierne deberá ser más amplia que la que haya ganado las elecciones", había dicho Cristina en varias ocasiones. Lo repitió en el video. El concepto también lo reiteró Máximo Kirchner en sus últimas apariciones públicas. La gran incógnita es si la alquimia electoral diseñada por ella será efectiva en la búsqueda de ese objetivo.

Aún antes que eso, habrá que ver si su presencia en la boleta basta para consolidar el frente que venía construyendo con su figura como factor aglutinante, y que incluye desde gobernadores como Gildo Insfrán a dirigentes como Juan Grabois y sindicalistas como Hugo Moyano .

Los pocos dirigentes del kirchnerismo que sostenían que ella no sería candidata argumentaban que ella no querría hacerse cargo de un país en ruinas, en el que habrá que tomar algunas medidas impopulares y acordar con factores de poder con los que Cristina ya no tiene posibilidad de conciliar, tanto en la Argentina como en el exterior.

"¿Por qué se arriesgaría Cristina a encabezar un gobierno casi sin margen para el éxito, después de haberse ido de la Casa Rosada con una Plaza de Mayo repleta?", se preguntaban. La candidatura a la vicepresidencia es una respuesta intermedia, que deja la incógnita sobre el papel que ella jugará a partir del 10 de diciembre, si es que Alberto Fernández recibe la banda presidencial de manos de Macri.

El video donde Cristina Fernández de Kirchner anuncia su candidatura

12:51
Video

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