Alvaro Alsogaray festejó sus noventa inviernos

Unos 300 invitados concurrieron al Círculo Militar
Oliver Galak
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24 de junio de 2003  

Unos 300 invitados, entre familiares, amigos y admiradores, concurrieron ayer a la sede del Círculo Militar para rendirle homenaje a Alvaro Alsogaray, dirigente político y máximo defensor argentino del liberalismo económico, que anteayer cumplió 90 años.

"No tengo ganas de volver a empezar", dijo Alsogaray a los concurrentes (a quienes llamó "estimados amigos") sobre el final de un discurso en el que repasó su dilatada trayectoria, que incluyó haber sido dos veces ministro de Economía (1959-61 y 1962), fundar tres partidos, encabezar la embajada argentina ante Estados Unidos (1966-68) y completar cuatro períodos como diputado nacional (1983-1999).

"Es necesario que el pueblo se dé cuenta de que lo que acá hace falta es liberalismo. Y ésa es una tarea política que les dejo a ustedes", completó el capitán ingeniero, en el tono pausado pero lúcido que mantuvo durante los 40 minutos que habló, sin necesidad de ayuda memoria.

Recordó su pasión por los vuelos, que lo llevó a especializarse en aeronáutica militar. "Me gustaría volver a volar, pero no me lo aconsejan", dijo, y despertó algunas risas.

Luego de explicar que "la crisis comenzó en 1943" y de recorrer los últimos 60 años de historia argentina, el veterano dirigente que popularizó la frase "hay que pasar el invierno" hizo una breve y única referencia al presente y al futuro: "Tengo gran confianza, porque el comportamiento de la sociedad, sacando a los piqueteros, es extremadamente bueno".

Alsogaray -que llegó acompañado por su esposa, Edith Gay- fue el tercer y último orador del encuentro organizado por su hija María Julia, ex funcionaria del gobierno menemista. Antes habían hablado su nieto Alvaro, como vocero de la familia, y Julio Ramos, director del diario Ambito Financiero.

"Muy afectuoso"

En su carácter de vocero de la familia, Alsogaray nieto definió a su abuelo como "una persona muy afectuosa", a pesar de su apariencia "cerrada y fría". Ramos lo describió como "el hombre que más ayudó a pensar en términos de libertad a los argentinos" y se quejó porque -según dijo- "hoy faltan voceros de la libre empresa".

Como es habitual en este tipo de festejo, el homenajeado debió soplar una velita (sobre una gran torta recubierta de crema) y escuchó sonriente cómo le cantaban el feliz cumpleaños.

Entre los asistentes al agasajo, realizado en el edificio de avenida Santa Fe 750, figuraban el ex ministro menemista Jorge Rodríguez, los diputados Guillermo Alchouron, Juan Carlos Lynch y Alberto Natale; la legisladora porteña electa Elena Cruz y su esposo, el actor Fernando Siro; el comodoro Juan José Güiraldes, y los economistas Juan y Roberto Alemann, Jorge Avila y Juan Carlos de Pablo, entre otros.

Según se informó, los invitados debieron abonar 25 pesos por la tarjeta para el ágape. Incluso Eduardo, el hijo menor de Alsogaray, creyó hasta último momento que él también debía pagar. El hombre, de notable parecido con su padre, no ocultó su malestar con la organización del festejo: "Me enteré de este agasajo leyendo LA NACION, y por eso estoy acá", dijo, antes de entrar.

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