
Arrastrado a lo imposible
El juez Urso enfrenta la posibilidad de indagar a Erman González, para cuya lista trabajó en 1993, cuando era candidato a diputado
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Si el oficialismo no bloquea el desafuero, el juez federal Jorge Urso se verá en la violencia de indagar al ministro de Trabajo, Antonio Erman González, por cuya candidatura a diputado trabajó hace cinco años, mientras esperaba que el Senado aprobara su designación como magistrado.
¿Acaso Urso podía imaginar, cuando era abogado fiscalizador de la lista encabezada por González en las internas del PJ porteño, que, acorralado por las circunstancias, acabaría por pedir su juicio político al Congreso?
Son los efectos perversos de la política -la pequeña avant-scéne de la Historia-, en la que los hombres son arrastrados a hacer lo que nunca soñaron.
Así sucede con Urso. Hombre de carrera judicial, sólo llegó al puesto de juez cuando renunció a ella y buscó por afuera el contacto necesario: su amigo y cliente Miguel Angel Toma.
Víctima de algunas tragedias personales, se aferró a la vida y sus placeres. En su caso, los caballos, los automóviles, las armas.
Hay en sus aficiones una dosis de riesgo personal que ahora parece deslizarse en su trabajo. A cargo de la investigación sobre el envío ilegal de armas argentinas a Croacia y Ecuador, su futuro se juega entre la presión de la opinión pública para que avance sobre las responsabilidades del gabinete nacional y el inevitable choque con el oficialismo -para el que trabajó desde distintos cargos- que ello implicaría.
Tras considerarlo "al garete" en los días en que firmó la citación a indagatoria de Erman González, hombres vinculados con el Gobierno aseguraron a La Nación que "todo quedó aclarado" después de una reunión que el juez habría mantenido la semana última con el presidente Carlos Menem.
Por esos mismos días, Urso declaró públicamente que no conocía la residencia de Olivos y sólo había ido a la Casa de Gobierno para reclamar respuesta a un oficio.
Versiones y desmentidas son corrientes en esta materia. Es más útil, entonces, recurrir a la historia.
Nacido el 18 de enero de 1957, Jorge Alejandro Urso resultó un estudiante "de normal para arriba" en la Escuela Argentina Modelo, en la calle Riobamba al 1000, justo al lado del amplio garaje que pertenecía a su padre. Sus ex compañeros conceden esa calificación, pero le reprochan un "carácter difícil" que le seguirían endilgando a lo largo de los años.
Culminó su adolescencia en la Universidad Católica Argentina, donde se recibió de abogado el 28 de abril de 1983. Seis años antes había ingresado como auxiliar en un juzgado federal; al obtener el título ya era prosecretario interino, cargo que abandonaría en 1985 para ser abogado.
Se convertiría en socio de Oscar Salvi, con quien se peleó en 1988. Corrió la versión de que había existido una diferencia de dinero; pero no se aclaraba quién se había quedado con la parte de quién.
De Grosso a Erman
Su carrera era como la de tantos. Pero sufrió algunas tragedias personales. Jorge Roque Urso, su padre, se suicidó cuando el futuro juez ya vivía por su cuenta, casado con María Marta Alvarez Andrich. Luego, perdió a un hijo por nacer.
La mala fortuna parecía haberse emperrado en perseguirlo. Como un oscuro presagio, un día en que caminaba con María Marta por la calle, un suicida cayó a sus espaldas; poco más y hubiera sido otra vez la víctima.
Respondió con empecinamiento (ya tiene tres hijos y un cuarto viene en camino). La oportunidad surgió por su amistad con Toma. Urso fue su abogado de divorcio en 1992.
Por esta relación obtendría el 27 de mayo de ese año un cargo en la Municipalidad de Buenos Aires, interminable de enunciar: director de Asuntos Jurídicos de la Subsecretaría de Control de Areas Privatizadas de la Secretaría de Promoción Social.
Daniel Peña, entonces subsecretario y hombre de Toma, recuerda que Urso advirtió por escrito algunas irregularidades en los contratos del Club de Golf y del Velódromo, que aún se dilucidan en la Justicia, en desmedro de Carlos Grosso. SegúnPeña, ni él ni Urso fueron escuchados y, si bien éste figura como jefe de gabinete de la Secretaría de Producción y Servicios a partir del 1º de septiembre de 1992, los lazos estaban cortados.
Apostaba ya a ser juez federal. El 26 de octubre, Urso entregó la información al Ministerio de Justicia para confeccionar su pliego, remitido el 13 de abril de 1993 al Senado.
En el ínterin, Menem decidió que González, entonces ministro de Defensa -en su gestión se firmaron los decretos de venta a Panamá de armas enviadas a Croacia-, fuera su candidato a primer diputado porteño.
La lista dejaba a Toma en el segundo puesto y a Patricia Bullrich en el tercero. Roberto Digón armó una lista opositora, derrotada en la elección del 23 de mayo de 1993. Urso -dijo Peña- "fue nuestro apoderado" en esa interna. "Abogado fiscalizador", precisó otro testigo, que recordó que al menos en dos ocasiones Urso se reunió con Erman. (Bullrich no lo recuerda. Toma no contestó.) El Senado aprobó el nombramiento de Urso como titular del juzgado federal número 8, recién creado, 10 días después de la interna.
Según recuerdan testigos, no hubo camarista que pusiera a Urso en funciones que tuvo que hacerlo por su cuenta. Respondió con su empecinamiento de siempre: se dedicó a decorar su despacho con la mayor parte de los 8000 dólares que habían sido destinados al juzgado todo. Una bella alfombra, un pequeño bar, pósters de automóviles y muebles finos impresionaban a los visitantes, que lo consideraban el "mejor despacho del Palacio" (para su pena, Urso debió abandonarlo cuando el fuero federal se mudó a la calle ComodoroPy).
El sobreviviente
Peleó por su fama en casos resonantes: una supuesta "banda informática" que teóricamente robaba cifras multimillonarias a bancos oficiales, el secuestro de una joven gitana que se dirimió en el programa de Mauro Viale y la evasión de impuestos del grupo Guerra.
Pero no salió como pensaba. Las salas I y II de la Cámara Federal lo criticaron en términos particularmente duros: es uno de los miembros del fuero con más sumarios administrativos (ver Textuales). La Cámara luego lo denunció -así como a su colega Carlos Liporaci- por la manipulación de una causa contra un empleado.
Su carácter no ayudó. Desde su asunción, en agosto de 1993, perdió a tres secretarios: Gonzalo Felices se marchó a la profesión. Carlos Martínez Frugoni y Alejandro Almeida Leighton lograron un traslado.
Domingo Cavallo lo acusó de estar al servicio de Corach y Alfredo Yabrán. Urso tramitaba la querella de éste contra el ex ministro de Economía. Hace un mes se excusó por "cansancio psíquico". Fue investigado por enriquecimiento ilícito -al igual que los otros 11 jueces federales- y sobreseído por el juez Ismael Muratorio, pese a las denuncias periodísticas sobre la compra de un departamento en Castex al 3300 y una Toyota 4x4, así como por llevar un costoso tren de vida, que incluye el salto a caballo en el Club Alemán.
Es, en fin, un sobreviviente, de porte siempre rígido y ojos helados y duros, como si, por una extraña magia química, toda la adrenalina de su vida se trocara en congelante.
Sobre el fin de la dictadura militar, el entonces juez Salvi procesó al almirante Emilio Massera. Urso era su empleado; como socio, también supo romper a tiempo. Tal vez el Gobierno debería desconfiar.
Textuales
- Sala I de la Cámara Federal. Caso Casabona: su resolución es "rayana en lo arbitrario". Caso Maffeo: "La demora (...) ha sido producto de la inactividad del magistrado".
- Sala II. Caso de la gitana secuestrada: su "dispar valoración" lo deja "sospechoso de parcialidad". Causa 431: "Desidia (...), un camino errático, plagado de incoherencias (..) Su intención se advierte clara: desligarse por cualquier vía de la causa".




