Asume Kirchner la Presidencia

Mariano Obarrio
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25 de mayo de 2003  

En una ceremonia ante la Asamblea Legislativa, algo que nunca ocurrió en la historia argentina, el presidente saliente, Eduardo Duhalde, le transferirá hoy los atributos del mando al electo Néstor Kirchner, que jurará como presidente de la Nación y comenzará una gestión que apuntará, según insistió en la campaña electoral, a la recuperación económica, el crecimiento de la producción y el empleo, y la disminución de los índices de pobreza e indigencia.

Por sobre todo ello, la nueva gestión estará amenazada por serios desafíos para la consolidación de la gobernabilidad política.

Kirchner prestará juramento en el Congreso, a las 15, luego de lo cual enviará un mensaje con los lineamientos generales de su futura gestión gubernamental.

Una vez investido con la banda presidencial y el bastón de mando, se trasladará a la Casa Rosada, donde tomará juramento a sus diez ministros.

Entre las trece delegaciones presidenciales que asistirán a las ceremonias sobresalen las de los mandatarios de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; de Venezuela, Hugo Chávez, y de Cuba, Fidel Castro. El gobierno de los Estados Unidos envió, en tanto, a su secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Mel Martínez, mientras que la corona española estará representada por el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón.

El PJ bonaerense aportará el folklore peronista: anunció que movilizará a 25.000 personas para despedir a Duhalde en la plaza del Congreso y en Luján, en cuya basílica el presidente saliente participará de una misa de agradecimiento.

Señales de autoridad

Kirchner asumirá tras una semana en la que procuró demostrar que no será un presidente débil. Se convirtió en su obsesión desde que Carlos Menem renunció a participar en el ballottage del domingo pasado y sobrevoló la interpretación de que el nuevo presidente encabezaría un gobierno votado sólo por el 22% de los electores el 27 de abril.

"No me conocen", repitió en los últimos días ante sus íntimos.

Sin embargo, esas exhibiciones de autoridad abrieron diversos frentes de tensión simultáneos, más de los que se esperaba para el comienzo.

En los días previos a prestar juramento ante el Congreso advirtió que no se dejará llevar por las presiones de cierto sector del empresariado; anunció el relevo de más de 50 oficiales de las Fuerzas Armadas, y puso serios reparos a exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), del que necesita un acuerdo que permita márgenes de crecimiento.

En la agenda de Kirchner también figuran deberes impostergables enunciados en su campaña: recuperar las instituciones, renovar las prácticas políticas y combatir sin rodeos la corrupción.

La compleja negociación con el FMI por un acuerdo financiero definitivo podría deparar fuertes pulseadas entre la Argentina y el organismo. La primera ya comenzó: la suspensión de los remates hipotecarios ordenada por el Parlamento y que perjudica al sistema financiero.

El Fondo pidió el veto de esa ley; Kirchner dijo que no lo cederá. Y ello generó el primer roce: el vocero del organismo, Thomas Dawson, dijo que se postergaría la segunda revisión al acuerdo transitorio.

Sin embargo, el director gerente del FMI, Horst Kšhler, le envió ayer una carta a Kirchner para felicitarlo por la inminente asunción, pero a la vez pedirle que "continúe con el programa económico". Se refirió, en rigor, a las metas, que ya forman parte de la agenda de Kirchner:

  • Como primera medida se reclama la reestructuración de la deuda pública en default que está en manos de tenedores privados, que ronda unos US$ 60.000 millones. Pero hay más.
  • Compensación a los bancos por la pesificación asimétrica.
  • Renegociación de contratos y alza de tarifas con las empresas de servicios públicos privatizadas.
  • Reforma al sistema bancario y a la banca pública mediante cambios en la carta orgánica del Banco Central (BCRA) y la ley de entidades financieras.
  • Reforma tributaria y modificaciones en la ley de coparticipación federal fiscal.
  • Elevar el superávit fiscal primario de 2,5% al 4% del PBI, lo que supone un aumento del sobrante fiscal de 8000 millones de pesos a 16.000 millones. Ello implicará aumentar los ingresos o ajustar gastos.
  • Eliminación de los planes de competitividad que quedan.
  • Reformar el impuesto a la transferencia de los combustibles (ITC).
  • En sus primeros días, Kirchner deberá definir los pagos o la renegociación de los vencimientos que nuestro país tiene con los organismos financieros internacionales: más de US$ 6000 millones hasta diciembre, 3000 millones de los cuales vencerán en septiembre próximo.

    El ministro de Economía, Roberto Lavagna, adelantó que pedirá prórrogas para esto, de modo de asignar fondos a un plan de obras públicas de 6000 millones de pesos (3500 millones del presupuesto, 1000 millones de fondos fiduciarios y 800 millones de crédito externo). Los empresarios esperan estos anuncios, así como el primer discurso de Kirchner, hoy frente a los diputados, senadores y las delegaciones extranjeras.

    Otros temas pendientes

    A mediano plazo, Kirchner deberá resolver el posicionamiento de la Argentina en el mundo: frente a la guerra contra el terrorismo que libra Washington; frente al régimen cubano de Fidel Castro, y frente a las exigencias de los Estados Unidos para establecer acuerdos con el Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA); es sabido: Kirchner privilegiará el Mercosur.

    El gobierno entrante deberá renegociar en breve los contratos con las privatizadas, definir las obras públicas por empezar y decidir sobre la prórroga o no de las concesiones viales nacionales, además de lograr un acuerdo con el Correo Argentino para que pague el canon.

    Los exportadores seguirán presionando por la rebaja de las retenciones y los productores por el reconocimiento del ajuste por inflación.

    Kirchner deberá interceder, seguramente, en favor de las empresas argentinas endeudadas en dólares en el exterior, atender el problema social y resguardar que los piqueteros no regresen a las calles y a las rutas en protesta por planes sociales.

    Tendrá el desafío de asignarles contraprestación laboral a los planes Jefes y Jefas de Hogar, que ayudaron a apaciguar el conflicto social; atender los reclamos salariales, y encarar la reforma política.

    Un capítulo aparte será su titánica tarea de congeniar intereses en un Parlamento fragmentado y neutralizar la amenaza de permanente campaña política por las elecciones que durante este año se harán en las 24 provincias, sucesivamente.

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