Centeno todavía escribe y busca mejorar su situación judicial

Fuente: Archivo
Desde su paradero secreto formuló un escrito para la Justicia y acudió a Comodoro Py
Candela Ini
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21 de abril de 2019  

Oscar Centeno vive aislado, en algún lugar de difícil acceso del campo argentino, a cientos de kilómetros de la Capital Federal. Su paradero es secreto tanto para su abogado como para su familia, y solo lo ven quienes lo custodian en el marco del Programa de Protección de Testigos e Imputados Colaboradores. El hombre que con sus anotaciones alteró el destino de muchos exfuncionarios y empresarios de la obra pública ratificó esta semana en un escrito de su puño y letra lo que había declarado ante el juez Bonadio en agosto del año pasado -cuando quedó detenido y declaró como arrepentido- y dijo que se siente orgulloso por lo que hizo.

En los tribunales de Comodoro Py, el exchofer de Roberto Baratta respondió preguntas del juez Claudio Bonadio y del fiscal Carlos Stornelli. Interrogado por los funcionarios judiciales, aseguró una vez más que quemó los cuadernos.

Procesado como miembro de la asociación ilícita en la que se encuentran la expresidenta Cristina Kirchner, el exministro de Planificación Julio De Vido y el financista Ernesto Clarens, entre otros, dijo que no denunció los hechos porque tenía miedo. "Soy un humilde trabajador, los cuadernos hablan por sí solos", señaló. ¿Por qué se presentó después de nueve meses de haber comparecido en la causa de los cuadernos? Según dijeron fuentes judiciales a este medio, el chofer consideró prudente y necesario ampliar su indagatoria antes de que Stornelli le enviara su pedido de elevación a juicio a Bonadio. Aunque la Cámara Federal confirmó su procesamiento como parte de la asociación ilícita dedicada a recaudar dinero ilícito, Centeno busca quedar por fuera de esa organización.

En el escrito de puño y letra que presentó ante Bonadio, quiso dejar en claro que él no conformó esa estructura y dijo que quiere volver a trabajar. "Nunca recibí dinero de nadie", dijo. Su abogado, el defensor oficial Gustavo Kollmann, sostiene que Centeno debería ser un testigo y no un imputado.

En el escrito que entregó a la Justicia, al que accedió LA NACION, se refirió a quien fue su jefe durante una década: Baratta. Él tenía -según el chofer- un trato "distante y soberbio". "Se enojaba por simples cosas", señaló, y se refirió a dos ocasiones en las que Baratta lo castigó: una por no haberle comprado cigarrillos y otra por haber tomado un camino donde había un piquete. Escribió que en esa ocasión Baratta golpeó con su puño cerrado el auto, y dijo que tiene ese momento "impreso en su cabeza". También dijo que el exsecretario le pagaba parte de su sueldo en negro, porque en realidad él se dedicaba "full time" a trabajar para él y su familia.

Kollmann pidió que se lo traslade a alguna zona urbana y dijo que el chofer quiere tener una vida normal.

Centeno no dejó de escribir. Pidió al Programa de Protección de Testigos los materiales necesarios para hacer anotaciones y hoy escribe en tres cuadernos. En su presentación a la Justicia mostró preocupación por sus antecedentes penales. "A veces pienso que para obtener la licencia de conducir o para renovar se piden antecedentes penales. Pero para ser presidente o gobernador no es necesario, basta con que la gente lo vote", expresó.

Al referirse a por qué no denunció los delitos que sucedieron frente a sus ojos durante una década, se remitió a una de las anotaciones que hizo el 28 de abril de 2010. Ese día, después de una larga recorrida de recaudación, Centeno escribió en un cuaderno: "Me fui a casa muy caliente, como siempre, por sentirme impotente ya que si lo denuncio me quedo sin trabajo; ya no aguanto más, no sé qué hacer, Dios me guíe". Hoy se mantiene aferrado a la fe.

Reivindicó haber hecho sus anotaciones, y dijo: "Me siento orgulloso (...) de que los cuadernos hayan sido de utilidad para el esclarecimiento de los hechos que se investigan en la presente causa de corrupción más grande de los últimos tiempos". Aquel hábito de remisero -con influencias castrenses tras su paso por el Ejército- de anotar kilometrajes devino en una bitácora de todo lo que vio durante esos años. Desde su paradero secreto, el suboficial retirado del Ejército y exremisero del poder sigue anotando y hasta considera escribir un libro.

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