
Clinton quiere volver en 1998 a la Argentina
Germán Sopeña
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Poco antes de partir de retorno a Washington desde Bariloche, Bill Clinton hizo anotar a sus allegados una conclusión importante: querría volver a visitar la Argentina en 1998. Y la fecha posible sería en abril, aprovechando el viaje a Santiago, Chile para la Cumbre de las Américas.
Su comentario -según indicaron a La Nacion fuentes norteamericanas inobjetables- no apuntaba a una expresión de deseo relacionada con los buenos momentos pasados en el sur argentino. Por el contrario, ese inusual segundo viaje a la Argentina en pocos meses estaría vinculado directamente con dos aspectos principales:
1) Refirmar los lazos de estrecha amistad con la Argentina y corregir la mala impresión que produce actualmente el paso de meses y meses sin que Estados Unidos designe formalmente a un embajador en Buenos Aires.
Desde que el pintoresco pero activo James Cheek pasó a retiro, en diciembre de 1996, el nombramiento de su sucesor sigue pendiente y, por ahora, la representación del gobierno de Washington está en manos del agregado de negocios. El lento trámite de la aprobación parlamentaria para el futuro designado sólo podría concretarse en marzo, y Clinton podría venir así en abril acompañado por su nuevo embajador, un objetivo que no pudo cumplirse la semana última.
2) Llevar a cabo en Buenos Aires -o en otro punto de la Argentina- una reunión de trabajo concentrada en el futuro del Mercosur y del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que fue, en verdad, el eje central de la visita reciente.
Esa nueva reunión serviría para relanzar el diálogo denominado Cuatro más Uno (o sea, los países del Mercosur con Estados Unidos), que había quedado relegado en los últimos meses a raíz de la polémica planteada por las eventuales controversias entre el Mercosur y el ALCA.
Los encuentros Cuatro más Uno se efectúan habitualmente en el nivel de ministros de Relaciones Exteriores y de secretarios de Comercio Exterior o encargados de las relaciones comerciales externas, según los países.
La justificación oficial para llevar a cabo esa reunión Cuatro más Uno en la Argentina y elevarla al nivel de un encuentro presidido por los jefes de Estado puede buscarse en que, durante el primer semestre de 1998, le toca justamente a Carlos Menem ejercer la presidencia rotativa del Mercosur.
Análisis norteamericano
Según indicaron las fuentes norteamericanas, "el diálogo sobre el futuro del Mercosur y del libre comercio continental debe profundizarse a partir del firme apoyo que Clinton dejó en claro en Brasil y en la Argentina".
A la hora del análisis final de lo que significó la gira de Clinton por los dos países más grandes del Mercosur, la óptica norteamericana hace notar también un matiz que no pasará inadvertido en los niveles de discusión diplomática en el área: "Clinton tuvo que pronunciar su frase "Yo apoyo al Mercosur", en Brasil. Allí estuvo primero y era el país que había expresado más preocupación por las supuestas críticas norteamericanas al Mercosur. Pero luego hace falta ahondar las conversaciones de apoyo dándole contenido a esa declaración que Clinton repitió en la Argentina".
Un nuevo encuentro entre presidentes puede ser la ocasión apropiada para ese objetivo.
Al mismo tiempo, Clinton tendría la intención de ratificar algunas diferencias de relación a la que no todos los observadores diplomáticos atribuyen, hasta ahora, la significación que se busca en Washington. "Tanto Brasil como México y la Argentina son países de importancia clave en América latina para Estados Unidos. Pero sólo con la Argentina hemos utilizado la palabra aliado", señalan también esas fuentes, que subrayan la importancia de cada palabra en los alcances de largo plazo de las relaciones diplomáticas
Encuentro con la oposición
¿Se entendió también en la Argentina esa nueva dimensión de las relaciones bilaterales?
Los analistas oficiales norteamericanos creen que la visita de Clinton puede haber logrado -más que en cualquier otro viaje presidencial- una confirmación de los nuevos tiempos y en niveles más amplios que los de la simple relación gobierno a gobierno.
Allí debe analizarse, también, la importancia del encuentro formal que mantuvo Clinton con los principales líderes de la oposición.
Esa reunión no se produjo sólo porque la Argentina estaba en plena campaña electoral. En realidad, con esa excusa como anillo al dedo, la estrategia norteamericana apuntó a dos objetivos.
El primero, conocer en forma directa si un eventual gobierno futuro de oposición marcaría un cambio drástico en las opciones internacionales y económicas de la Argentina.
El segundo, directamente vinculado con el primero, tratar de transmitir a la Alianza el interés de los Estados Unidos por mantener relaciones preferenciales con la Argentina, cualquiera que sea el gobierno, en Buenos Aires o en Washington. Una política de Estado más que una política de gobiernos.
¿Cuáles fueron los resultados de ese encuentro con los cinco líderes de la Alianza? Para contestar en términos de las fuentes consultadas: "Clinton tuvo una buena imagen del sentido de responsabilidad de la Alianza".
Traducción, en términos políticos: nos quedamos tranquilos por lo que pueda deparar el futuro argentino después de 1999.
Para los observadores políticos argentinos, quedó la duda de por qué Clinton no se reunió también con un candidato que hoy está en la oposición, pero cuya importancia en el Gobierno fue relevante y cuya cercanía con los criterios norteamericanos era notoria. O sea, Domingo Cavallo.
Respuesta: no es que Clinton desconozca la importancia que tuvo Cavallo en el giro internacional y las transformaciones económicas que experimentó la Argentina que tienen el visto bueno norteamericano. "Pero un presidente norteamericano en visita de Estado debe repartirse cuidadosamente entre el gobierno que lo recibe y la oposición mayoritaria", explican con precisión las fuentes norteamericanas.
Nueva etapa
Una segunda visita a la Argentina y a la región del Mercosur también le serviría a Clinton para subrayar su nuevo interés por aumentar los lazos con América latina y sería un nítido mensaje para su propio Congreso, renuente a darle la autorización "fast track" (vía rápida) para negociar los acuerdos de libre comercio en América.
En el gobierno argentino, la propuesta de un nuevo viaje de Clinton en 1998 no es aún una opción bajo análisis, aunque sería, desde luego, una noticia muy bien recibida.
En la Cancillería argentina, el primer análisis posterior a la visita se hizo de acuerdo con la siguiente definición: "Terminó la etapa de las relaciones carnales".
¿Qué quiere decir eso exactamente? No es que se pase a una etapa "carnalísima", como se dijo en una de esas frases irónicas a las que es afecto Guido Di Tella y que luego se le vuelven en contra, sino que se considera que la Argentina ya no necesita "sobreactuar para demostrar que es un aliado confiable del mundo occidental".
Más allá de la admisión de que hubo sobreactuación durante varios años, la nueva etapa que se quiere abrir en el Palacio San Martín es la de profundizar el Mercosur para que sea el trampolín ideal para el futuro ALCA.
La coincidencia con la visión de Washington parece ser grande. Es el dato que también puede explicar la posibilidad de un nuevo viaje .
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