
Cuatro letras convertidas en sinónimo de terror
Historia: el tradicional instituto naval fue utilizado, a partir de 1976, como centro clandestino de detención y tortura; un "símbolo" que el Gobierno pretende borrar.
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Tras el controvertido anuncio presidencial, la sombra del olvido se proyecta ahora sobre el conjunto edilicio que posee la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en el predio de la Avenida del Libertador 8209, del barrio de Núñez.
La ESMA comenzó sus actividades el 29 de octubre de 1897. En sus aulas empezaron a dictarse los cursos de aprendices a mecánicos navales con un criterio "innovador" para la época, según los conceptos impartidos por su primer director, capitán de fragata Cándido Eyroa.
Fue desde 1928 que el instituto se mudó a las tierras que actualmente ocupa; son bienes fiscales que el Estado cedió a la Armada para ese fin. Sobre una superficie de 17 hectáreas fueron erigidos los distintos pabellones, las aulas-talleres y el casino de oficiales.
El crecimiento que tuvo la escuela a través de las décadas se ve reflejado en el siguiente dato: en 1897 contaba con capacidad para sesenta alumnos. Hacia comienzos de 1976, albergaba a algo más de 4000 aspirantes.
Satisfechas las condiciones para el ingreso -edad entre 16 y 19 años y aprobar un test psicofísico-, cumplidos los tres años de curso los aspirantes egresan como suboficiales, con el grado de cabo segundo.
Los años oscuros
Pero la página negra de la ESMA comenzó a escribirse a partir del 24 de marzo de 1976, inmediatamente después del derrocamiento del gobierno de Isabel Perón.
Luego del golpe militar, fue el entonces almirante Eduardo Emilio Massera quien creó el denominado Grupo de Tareas 3.3/2. En el organigrama naval, éste figuraba como un grupo logístico-operativo, de unos 12 hombres, dependiente del Servicio de Inteligencia Naval (SIN).
Pero en los hechos, el GT3.3/2 fue un "comando" que operó bajo las órdenes directas de Massera y del por entonces director de la ESMA, contralmirante Rubén Chamorro.
El objetivo del GT3.3/2 era "desmembrar y aniquilar las organizaciones guerrilleras Montoneros y Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP)". Su base de operaciones fue la ESMA, cuya sede fue convertida en un centro clandestino de detención y tortura.
De los testimonios recogidos por la Comisión sobre la Desaparición de Personas (Conadep) de parte de sobrevivientes detenidos en la ESMA -alrededor de 40-, se estima que entre 1976 y 1982 fueron llevadas allí por la fuerza unas 4000 personas.
En la metodología recurrente de este grupo de tareas se encontraba la detención domiciliaria y callejera, la humillación, las sesiones de tortura con picana eléctrica, los golpes, la reducción a la servidumbre, los simulacros de fusilamiento y el asesinato.
"Ascenso y caída"
El año de mayor poder del GT3 fue 1977, cuando -según la Conadep- "se realizaban unos 20 secuestros diarios" y contaba con alrededor de 100 integrantes, algunos de ellos provenientes de las fuerzas policiales y la Prefectura.
Al año siguiente, con los alejamientos de Massera y de Chamorro, el GT3 comenzó a debilitarse, pero no dejó de operar sino hasta mediados de 1984, aun después del retorno al sistema democrático.
El ex cabo Raúl Villarino y más tarde el ex capitán Adolfo Scilingo brindaron testimonios de las sesiones de tortura, en el primer caso, y de los vuelos de la muerte, el segundo, por los cuales los prisioneros clandestinos, una vez drogados, eran arrojados vivos al río.
El 29 de octubre de 1997, la ESMA celebró el centenario de su nacimiento. Fue una reunión "a puertas cerradas", muy austera y que pasó inadvertida. Quizás, la última en la sede donde ahora se proyecta un espacio verde.





