
De la Rúa cambia sushi por política
La renuncia de Agulla y el recorte de poder a Lopérfido muestran la pérdida de influencia de los jóvenes en la Presidencia
1 minuto de lectura'
La renuncia del publicista Ramiro Agulla al equipo de comunicación oficial y el recorte de poder de Darío Lopérfido, que ayer perdió el área de prensa del Gobierno y en breve dejará de ser el vocero presidencial, son las señales más elocuentes de los cambios en curso en la estructura del delarruismo.
Todos los indicios señalan que el Presidente ha decidido tomar distancia del heterogéneo grupo de jóvenes nucleados alrededor de su hijo Antonio -el grupo sushi- para volver a un grupo político más tradicional.
Al fundamentar su despedida, Agulla argumentó que el "sistema" había logrado separarlo de Fernando de la Rúa. ¿Qué sistema?, le preguntó La Nación . "El Gobierno", respondió, y una generación de políticos que considera en vías de extinción. "La política va a tener que cambiar. De la Rúa tiene que ser el penúltimo presidente de esta generación de políticos del siglo", afirmó.
Un joven sushi lo explicó con mayor crudeza:"Ramiro se hinchó las b... Si De la Rúa no juega a fondo con nosotros, que somos los únicos que tenemos algo para dar, yo también me corro".
Los sushis, en su mayoría, sufren por la indiferencia presidencial y no terminan de explicarse qué es lo que hicieron mal, se autocompadeció el joven ya citado. Confió que es extendido el desencanto de sus pares con el Presidente y confesó una última esperanza: quizá los cambios que prepara De la Rúa para su gobierno les devuelvan algo del protagonismo perdido.
Los últimos gestos presidenciales indican todo lo contrario.
Generación sushi
El grupo sushi se congregó alrededor de una única identidad, la generacional, durante la campaña electoral que llevó a De la Rúa a la presidencia. Esa sigue siendo la principal identificación entre sus alicaídos integrantes (rondan los 30 años y los tempranos 40) y su mayor apuesta a futuro.
"De la Rúa debería juntar más jóvenes -criticó Agulla, en su conversación con La Nación -. Ahora es un espanto. A la gente le pica la espalda y no tiene nadie que se la rasque".
Agulla es la quintaesencia del sushi, aunque su historia sea totalmente original dentro del grupo. Representa (¿representó?) la idea impulsada por Antonio de la Rúa de que lo central en la estrategia del Gobierno debía ser su capacidad de "comunicación".
Agulla era el publicista superexitoso, desenfadado, brillante y millonario, que había inventado el aviso del "aburrido" que tanto dio que hablar durante la campaña.
Pero desde los tempranos días del Gobierno, los sushi se convirtieron en el principal rival interno del resto de la Alianza:el Frepaso y el partido radical. Tenían una visión "marketinera" de la política, un acceso al Presidente que a casi todo el resto le estaba vedado y habían sido colocados en áreas estratégicas de la segunda línea del Gobierno con la expectativa de pasar a la primera en el primer recambio de gabinete.
Ese recambio se aproxima y, en contra de aquellas previsiones, los sushi no escalarán posiciones.
Sus enemigos internos se sienten victoriosos, aunque no está dicho que De la Rúa vaya a privilegiarlos. Por el momento, lo único cierto es que para tomar las decisiones que prepara, De la Rúa se encerró en un minúsculo grupo de maduros hombres de confianza (Adalberto Rodríguez Giavarini, Leonardo Aiello, Fernando de Santibañes...).
Sólo su hijo, de todos los sushi, conoce esos planes. Los demás aguardan, en un hilo de esperanza.
Agulla ya no. "Me salgo del sistema. No somos todos iguales -proclamó-. Me quedo con la relación con el Presidente."
Aseguró que en la charla en la que le anunció su alejamiento, De la Rúa le dijo: "Siempre que necesite un buen consejo, te lo voy a pedir a vos". Sin embargo, admitió que hace mucho tiempo que no le pide ninguno. "Hace bastante que no trabajo en comunicación y se nota -comentó, y ubicó su última colaboración en el discurso oficial sobre el ajuste-. Después de eso no se comunicó nada más."
El futuro
También Lopérfido se encargaba de la comunicación del Gobierno y en poco tiempo no lo hará más. Está a la espera de que el Presidente se decida por un nuevo vocero para dejar de hablar en su nombre y limitarse a su responsabilidad como secretario de Cultura y al diseño del multimedio estatal que formarán Canal 7, ATC y Radio Nacional.
"Necesito poner mucha energía en la actividad cultural y en la conformación del multimedio, que es parte de la reforma del Estado", argumentó Lopérfido a La Nación .
De la Rúa hizo dos movimientos simultáneos para quitarle el manejo de la prensa: encargó esa área a uno de sus secretarios privados, su viejo amigo Ricardo Ostuni, y reemplazó a éste en la secretaría privada por un joven desconocido en el entorno presidencial, Marcelo Cima, que era hasta hace muy poco el eficiente vocero del embajador en Washington Guillermo González. Llega a su nueva oficina de la mano de Aíto de la Rúa, el hijo menor del Presidente, que no es exactamente un sushi.
Vacilaciones de Antonio
A Antonio, entre tanto, sus amigos y su principal protector, Santibañes, intentan persuadirlo de saltar hacia la actividad privada. Santibañes ya le ofreció trabajar para él y otros amigos intentan persuadirlo de que abra su propia consultoría en comunicación. Antonio, por el momento, vacila.
Si se fuera, podría ser la muerte definitiva del grupo fugazmente conocido como sushi.
Si, en cambio, resolviera quedarse, impulsará un plan de sobrevida que preparan algunos sushis (Lautaro García Batallán, Andrés Delich, Darío Richarte, el propio Agulla) y que incluye el proyecto de un acto masivo con formato no tradicional, el lanzamiento de una revista y la apertura de una fundación. El plan está supeditado a las próximas acciones del Presidente.
"Antonio debería salir del sistema -opinó Agulla, esperanzado a pesar del portazo-. Una vez que se sepa que no tenemos que ver con la comunicación, vamos a dejar de ser un blanco. ADe la Rúa le va a venir bien recuperarnos. No sé si le va a divertir mucho a los demás."
La renuncia del publicista Ramiro Agulla al equipo de comunicación oficial y el recorte de poder de Darío Lopérfido, que ayer perdió el área de prensa del Gobierno y en breve dejará de ser el vocero presidencial, son las señales más elocuentes de los cambios en curso en la estructura del delarruismo.
Todos los indicios señalan que el Presidente ha decidido tomar distancia del heterogéneo grupo de jóvenes nucleados alrededor de su hijo Antonio -el Grupo Sushi- para volver a un núcleo político más tradicional.
Al fundamentar su despedida, Agulla argumentó que el "sistema" había logrado separarlo de Fernando de la Rúa. ¿Qué sistema?, le preguntó La Nación . "El Gobierno", respondió, y una generación de políticos que considera en vías de extinción. "La política va a tener que cambiar. De la Rúa tiene que ser el penúltimo presidente de esta generación de políticos del siglo", afirmó.
Un joven sushi lo explicó con mayor crudeza:"Ramiro se hinchó las b... Si De la Rúa no juega a fondo con nosotros, que somos los únicos que tenemos algo para dar, yo también me corro".
Los sushis, en su mayoría, sufren por la indiferencia presidencial y no terminan de explicarse qué es lo que hicieron mal, se autocompadeció el joven ya citado. Confió que es extendido el desencanto de sus pares con el Presidente y confesó una última esperanza: quizás los cambios que prepara De la Rúa para su Gobierno les devuelvan algo del protagonismo perdido.
Los últimos gestos presidenciales indican todo lo contrario.
Generación sushi
El grupo sushi se nucleó alrededor de una única identidad, la generacional, durante la campaña electoral que llevó a De la Rúa a la presidencia. Esa sigue siendo la principal identificación entre sus alicaídos integrantes (rondan los 30 años y los tempranos 40) y su mayor apuesta a futuro.
"De la Rúa debería juntar más jóvenes -criticó Agulla, en su conversación con La Nación -. Ahora es un espanto. A la gente le pica la espalda y no tiene nadie que se la rasque".
Agulla es la quintaesencia del sushi, aunque su historia sea totalmente original dentro del grupo. Representa (¿representó?) la idea impulsada por Antonio de la Rúa de que lo central en la estrategia del Gobierno debía ser su capacidad de "comunicación".
Agulla era el publicista superexitoso, desenfadado, brillante y millonario, que había inventado el aviso del "aburrido" que tanto dio que hablar durante la campaña.
Pero desde los tempranos días del Gobierno, los sushi se convirtieron en el principal rival interno del resto de la Alianza:el Frepaso y el partido radical. Tenían una visión "marquetinera" de la política, un acceso al Presidente que a casi todo el resto le estaba vedado y habían sido colocados en áreas estratégicas de la segunda línea del Gobierno con la expectativa de pasar a la primera en el primer recambio de gabinete.
Ese recambio se aproxima y, en contra de aquellas previsiones, los sushi no escalarán posiciones.
Sus enemigos internos se sienten victoriosos, aunque no está dicho que De la Rúa vaya a privilegiarlos. Por el momento, lo único cierto es que para tomar las decisiones que prepara, De la Rúa se encerró en un minúsculo núcleo de maduros hombres de confianza (Adalberto Rodríguez Giavarini, Leonardo Aielo, Fernando de Santibañes...).
Sólo su hijo, de todos los sushi, conoce esos planes. Los demás aguardan, en un hilo de esperanza.
Agulla ya no. "Me salgo del sistema. No somos todos iguales -proclamó-. Me quedo con la relación con el Presidente".
Aseguró que en la charla en la que le anunció su alejamiento, De la Rúa le dijo: "Siempre que necesite un buen consejo, te lo voy a pedir a vos". Sin embargo, admitió que hace mucho tiempo que no le pide ninguno. "Hace bastante que no trabajo en comunicación y se nota -comentó, y ubicó su última colaboración en el discurso oficial sobre el ajuste-. Después de eso, no se comunicó nada más".
El futuro
También Lopérfido se encargaba de la comunicación del Gobierno y en poco tiempo no lo hará más. Está a la espera de que el Presidente se decida por un nuevo vocero para dejar de hablar en su nombre y limitarse a su responsabilidad como secretario de Cultura y al diseño del multimedio estatal que formarán Canal 7, ATC y Radio Nacional.
"Necesito poner mucha energía en la actividad cultural y en la conformación del multimedio, que es parte de la reforma del Estado", argumentó Lopérfido a La Nación .
De la Rúa hizo dos movimientos simultáneos para quitarle el manejo de la prensa: encargó esa área a uno de sus dos secretarios privados, su viejo amigo Ricardo Ostuni, y reemplazó a éste en la secretaría privada por un joven desconocido en el entorno presidencial, Marcelo Cima, que era hasta hace muy poco el eficiente vocero del embajador en Washington Guillermo González. Llega a su nueva oficina de la mano de "Aíto" de la Rúa, el hijo menor del Presidente, que no es exactamente un sushi. AAntonio, entre tanto, sus amigos y su principal protector, Santibañes, intentan persuadirlo de saltar hacia la actividad privada. Santibañes ya le ofreció trabajar para él y otros amigos intentan persuadirlo de que abra su propia consultoría en comunicación. Antonio, por el momento, vacila.
Si se fuera, podría ser la muerte definitiva del grupo fugazmente conocido como sushi.
Si, en cambio, resolviera quedarse, impulsará un plan de sobrevida que preparan algunos sushis (Lautaro García Batallán, Andrés Delich, Darío Richarte, el propio Agulla) y que incluye el proyecto de un acto masivo con formato no tradicional, el lanzamiento de una revista y la apertura de una fundación. El plan está supeditado a las próximas acciones del Presidente.
"Antonio debería salir del sistema -opinó Agulla, esperanzado a pesar del portazo-. Una vez que se sepa que no tenemos que ver con la comunicación, vamos a dejar de ser un blanco. ADe la Rúa le va a venir bien recuperarnos. No sé si le va a divertir mucho a los demás".
"Tema odioso"
- "En el Senado yo no intervengo, pero como presidente de la Nación tomo las decisiones que correspondan.La responsabilidad es mía y no la voy a ceder", dijo ayer Fernando de la Rúa, luego de calificar el escándalo por el supuesto pago de coimas como un "tema odioso" y expresar su deseo de que el caso "se aclare definitivamente". Insistió, además, que no mantiene "ninguna pelea" con el vicepresidente y afirmó, molesto, que "nunca dijo ni pensó" en ofrecerle un puesto a Domingo Cavallo. De la Rúa hizo esas declaraciones al término del acto de apertura del seminario que organizó el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA).
1
2La Cámara de Casación revisará la exclusión de los querellantes del caso $LIBRA: podría reabrirse la causa contra Milei
3Patricia Bullrich cruzó a Cristina Kirchner en redes tras las elecciones en Estados Unidos: “Freedom is beautiful”
- 4
Pedro Sánchez le respondió a Milei: “El insulto no forma parte de mi forma de entender la política. Ahí lo dejo”

