Dura columna en El País sobre la muerte de Nisman: "El gobierno de Cristina Kirchner le sumó traición a la desidia"

El ex secretario general de la CIDH opina que "la muerte del fiscal es sólo el último capítulo en la novela de impunidad" de la causa AMIA; en otro artículo, un filósofo argentino dice que "la percepción de impunidad en un tejido social genera una desesperanza impotente"
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26 de enero de 2015  • 08:37

"La historia de la AMIA es la historia de la desidia de un Estado y sus gobiernos. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, le sumó traición a la desidia". Esa es la sentencia final del argentino Santiago Canton, director ejecutivo del Robert F. Kennedy Human Rights y ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en un artículo de opinión publicado hoy en el diario El País de España.

En el texto, una de las dos columnas en las que se critica el accionar del gobierno de Cristina Kirchner frente a la causa AMIA y a la muerte del fiscal a cargo de esa investigación, Alberto Nisman , Canton hace un racconto desde el atentado contra la Embajada de Israel en la Argentina de 1992.

"La muerte del fiscal es sólo el último capítulo en la novela de impunidad iniciada hace más de dos décadas", dice Cantón, y luego introduce el tema del ataque contra la AMIA que dejó 85 muertos en 1994.

"La investigación judicial estuvo desde un comienzo plagada de graves irregularidades, en donde las huellas supuestamente secretas del Servicio de Inteligencia argentino se vislumbran a cada paso", señala el autor del texto, y enumera algunas anomalías, además de la decisión de apartar al juez de la causa, Juan José Galeano.

"Con esta decisión, más de 10 años después del atentado, se ponía en evidencia que el Estado argentino en su conjunto, en lugar de buscar la verdad sobre los hechos, solo buscó engañar a toda la sociedad argentina, y en particular a las víctimas de la AMIA", opina.

Entonces, cuenta que fue en septiembre de 2004, se nombra al fiscal Alberto Nisman a cargo de la investigación, su decisión de ir detrás de la "pista iraní", y las infructuosas peticiones de captura internacional de cinco sospechosos iraníes.

"Las tentativas de negociación que se frenaban ante la intransigencia de Bielsa y Taiana, encontraron en Timerman un interlocutor más flexible"

"El momento más importante de esta etapa fue el reconocimiento de responsabilidad del Estado argentino en una audiencia ante la CIDH en marzo de 2005, donde además se acordaron una serie de medidas, incluyendo la reforma del Servicio de Inteligencia. El presidente Néstor Kirchner aprobó las reformas por decreto, pero nunca se cumplieron. Actualmente, el caso está esperando la respuesta de Argentina y posiblemente el proceso culmine ante la Corte Interamericana con una sentencia en contra", continúa el ex secretario general del organismo judicial de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Canton después menciona que los ex cancilleres Rafael Bielsa y Jorge Taiana habían sido tentados en vano por Irán "para alcanzar una solución política en la justicia argentina". "Las tentativas de negociación que se frenaban ante la intransigencia de Bielsa y Taiana, encontraron en Timerman un interlocutor más flexible", comenta y entonces presenta el memorándum de entendimiento entre el gobierno de Cristina Kirchner con el de Mahmoud Ahmadinejad para crear una Comisión de la Verdad y facilitar las declaraciones en Irán de los acusados.

"Frente a la avalancha de críticas, el Gobierno insistió en que no hubo negociación secreta, más allá de buscar avanzar en la búsqueda de justicia. El discurso del Gobierno, repetido estoicamente por sus acólitos seguidores, sufrió un duro golpe el 14 de enero con la denuncia del fiscal Nisman contra la presidenta y el canciller acusándolos de encubrir el atentado a la AMIA", señala Canton y cuenta que, horas antes de comparecer ante el Congreso, el fiscal fue hallado muerto.

"Las pruebas de Nisman deberán ser evaluadas ante los tribunales, ante la sociedad no parece necesario. Ya no existen dudas de que la negociación informal existió a espaldas de las víctimas y del pueblo argentino, comprometiendo los logros que se habían alcanzado en la justicia Argentina"

"En cuestión de horas, irresponsablemente, con poca información, el Gobierno salió a sostener la teoría del suicidio. Pero tras un par de días en los que nueva información no favorecía dicha teoría, la presidenta modificó su opinión inicial y descartó el suicidio. En una muestra clara de un verticalismo irracional, sus seguidores, algunos de ellos sin poder ocultar una vergüenza que los acompañará de por vida, repetían automáticamente las palabras de la presidenta", opina.

Canton considera que "las pruebas de Nisman deberán ser evaluadas ante los tribunales, ante la sociedad no parece necesario". "Ya no existen dudas de que la negociación informal existió a espaldas de las víctimas y del pueblo argentino, comprometiendo los logros que se habían alcanzado en la justicia Argentina", agrega.

"La historia de la AMIA es la historia de la desidia de un Estado y sus gobiernos. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, le sumó traición a la desidia -concluye-. En derechos humanos lo principal deben ser siempre las víctimas y las medidas para que las violaciones no se repitan. El Estado argentino por más de dos décadas ha ignorado a las víctimas de la AMIA y ha creado un manto de impunidad que facilita la repetición de violaciones. Mientras no haya justicia por uno de los más graves actos terroristas de América Latina, el eco del estallido continuará cobrándose más víctimas".

"Argentina retrocede"

"Argentina retrocede". Así se titula otro artículo de opinión publicado hoy en El País sobre el tema y firmado por Nicolás José Isola, también argentino, filósofo y doctor en Ciencias Sociales.

"El recuerdo del atentado a la AMIA en Buenos Aires es imborrable. Todos recuerdan pasar horas mirando con espanto por la televisión cómo hacían silencio los rescatistas para ver si alguien gritaba debajo del cúmulo de escombros. Parecía increíble aquella barbarie en la Argentina. La muerte del fiscal Alberto Nisman nos ha dejado más atónitos aún. Mudos. Apesadumbrados. Retrocedemos" comienza el texto.

"En el país de las reconocidas Abuelas de Plaza de Mayo, desaparecieron a un hombre por su palabra. A alguien, no sabemos quién, le convenía que Nisman no tuviera voz", es uno de los pasajes más contundentes.

Después de marcar como uno de los "retrocesos" el exilio en Israel del periodista que dio la información en Twitter sobre la muerte de Nisman, Damian Pachter, Isola afirma que "el problema no es de Nisman. Es nuestro".

"En el país de las reconocidas Abuelas de Plaza de Mayo, desaparecieron a un hombre por su palabra"

"Si un fiscal muere por pujas internas de poder, si nuestras instituciones democráticas que buscan impartir justicia reciben presiones, si nuestros protocolos ante una muerte no se cumplen ¿quién nos protege?, ¿a quién se le puede creer?", plantea.

"Cuando no te creo, desconfío. Cuando desconfío, temo. Cuando temo, me defiendo. Vivir en estado de defensa implica no solo la muerte de cierta creatividad social, sino también la constante energía puesta en un posible combate. Desgastante. Cuando eso se da a escala social, disminuye la imprescindible confianza en los procesos institucionales estatales", continúa.

"El Estado parece ser hoy una pandilla que se desmadró. Un archipiélago de desconfiados. Temen y por eso hacen cualquier cosa, lo que genera aún más desconfianza. La violencia es la madre autoritaria del miedo, que es su hijo cobarde que le pide que se pronuncie. Temen porque la corrupción de esta capa dirigencial es masiva: todos esconden", señala el filósofo.

"La percepción de impunidad en un tejido social genera una desesperanza impotente y una bronca que no logra hacer de su ira, cambios transformadores a la hora del voto"

El autor continúa: "Con la causa AMIA -que ahora incluye la causa Nisman-, la sensación de muchos argentinos es que como Sísifo con su piedra, retrocedemos al pie de la montaña. Eso produce una inmensa desolación institucional. Hay un escepticismo generalizado en que logre hacerse justicia con ese atentado. Este profundo sentimiento de falta de ley no es un buen síntoma. La percepción de impunidad en un tejido social genera una desesperanza impotente y una bronca que no logra hacer de su ira, cambios transformadores a la hora del voto".

El final del texto es una dolorosa reflexión: "Imagino que si eso llamado República Argentina pudiera hablar, hoy lloraría y entre sollozos con un hilo de voz, diría angustiada, suplicante: «Basta, por favor… díganme la Verdad»".

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