Echegoyen estaba por hablar cuando murió

Revelaciones: en una entrevista con La Nación, los familiares del ex titular de Aduana recordaron los episodios inmediatamente previos a su sospechoso fallecimiento.
Mariano Obarrio
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6 de abril de 1997  

"Tengo que salir al aire y decir lo que sé", se impacientó el fallecido brigadier (R) Rodolfo Echegoyen el 12 de diciembre de 1990, horas antes de morir, mientras se dirigía con su hijo Rodolfo al casamiento por civil de éste. Dos meses antes había renunciado a la administración de la Aduana, en la que investigaba presuntos casos de contrabando, drogas y lavado de dinero.

Su hijo, según relató ayer a La Nación, le respondió: "Viejo, no te calentés". Y recuerda que "él estaba muy caliente; no deprimido".

Tras la boda, Echegoyen recibió un llamado telefónico, luego del cual le avisó a su familia que iría a una reunión "con gente de la Aduana". Pero en la madrugada del 13, su yerno, José Del Campo, lo encontró muerto en su escritorio de Arroyo al 800, con un balazo en la cabeza.

Según denuncias, que no provienen de su familia, Echegoyen investigaba presuntas conexiones entre varios brigadieres de la Fuerza Aérea y empresas de Ezeiza, en donde ocurrían irregularidades.

En una entrevista con La Nación, Juan José Echegoyen, hermano del extinto, y los hijos Rodolfo y José Ignacio, respondieron ayer que "no se sabe lo que el brigadier quería ventilar; además, no encontró el medio para difundirlo".

José Ignacio recordó que en septiembre de 1990 presenció cuando su padre recibió perplejo una advertencia del ex jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general (R) Ernesto Crespo: "Usted no está estructurado para la Aduana. Váyase. Olvídese".

Crespo le advirtió a Echegoyen que se fuera de la Aduana

El ex jefe de la Fuerza Aérea dejó perplejo al brigadier, relató un hijo.

El brigadier general (R) Ernesto Crespo, ex jefe de la Fuerza Aérea, le había advertido al brigadier (R) Rodolfo Echegoyen que abandonara la administración de la Aduana. Ello ocurrió en un restaurant de Pinamar en septiembre de 1990, 30 días antes de la renuncia de éste y tres meses antes de su sospechosa muerte, según relató ayer a La Nación José Ignacio Echegoyen, hijo del extinto y testigo del diálogo que les causó estupor.

Crespo ya no conducía más la aeronáutica. Estaba presente la mujer de Echegoyen, Raquel. "Usted no está estructurado para estar en la Aduana. Váyase. Olvídese", le habría aconsejado Crespo.

"Mi padre se quedó helado", recordó José Ignacio. Para entonces, Echegoyen estaba amenazado. Si bien a la familia no le consta -y lo subrayaron ayer a este diario tanto su hermano Juan José y su otro hijo Rodolfo-, Echegoyen estaría investigando supuestas conexiones entre diversos brigadieres de la Fuerza Aérea y las empresas de servicios del aeropuerto de Ezeiza, como Edcadassa (depósitos fiscales), Intercargo (rampas) e Interbaires (free shops), grupo al que se lo vincula a Alfredo Yabrán.

Esto se desprende de la denuncia del ex diputado Franco Caviglia (PJ), en 1991, meses después del dudoso "suicidio" del brigadier (13/12/90). Caviglia sostuvo que Echegoyen investigaba presuntos contrabandos de mercaderías, drogas y lavado de dinero. Ello fue avalado por el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo.

En una carta póstuma hallada junto al cadaver y a un revólver calibre 38 -observó Juan José Echegoyen, quien duda de su redacción- decía: "Yo no estoy estructurado para soportar tantas presiones y la traición de mis amigos políticos". Según Caviglia, no encontró alianzas en sus superiores, quienes, dijo, conformanban "una pared de condicionamientos y de sistemas de lealtad".

El jefe de la Fuerza Aérea, entonces, era el brigadier general José Julia, con quien -según sus familiares- Echegoyen "no tenía ninguna relación". Echegoyen, relataron, se reunió con los mandos naturales de la fuerza para imponerlos de las irregularidades; le respondieron: "No es un problema de la fuerza, sino de la Aduana".

En octubre de 1993, los familiares acudieron al entonces jefe de la fuerza, Juan Paulik, para que reivindicara la figura de Echegoyen e investigara su muerte. Según Juan José, Paulik respondió: "Es muy difícil, porque él cometió un acto de deshonor, al haberse suicidado". Rodolfo (hijo) cuenta que le retrucó: "¿Cómo lo sabe? ¿Investigó la Fuerza Aérea?. Según el recuerdo de Rodolfo, "Paulik quedó duro; blanco".

-¿Que relación tenía Echegoyen con Yabrán en sus últimos días?, preguntó La Nación.

Juan José: -Entre su renuncia (octubre de 1990) y su muerte, unos 15 días antes del fallecimiento, le anunció a la familia: "Acá no se habla más de Yabrán: hay que olvidarse de ese nombre". Y arrancó de su agenda la hoja de la "Y".

Sin acusar con nombres específicos, los familiares sostienen que el brigadier "no se suicidó; lo mataron, con un mensaje mafioso".

Según Juan José, "la familia colabora activamente con la Justicia, al reabrir la causa; con el Congreso, y con el periodismo. Nos inspiran dos objetivos: testimoniar frente a la familia de Salvador Roselli (ex chofer del brigadier), amenazada de muerte. Tratamos de inspirar a la sociedad para que reconozca y recupere la figura de un hombre que pagó con su vida, pensando en el futuro del país, y particularmente de su juventud".

El hermano oyó una frase de Echegoyen 15 días antes de morir: "Yo frente a la droga me paro. Se trata del futuro del país y de su juventud. Estoy reuniendo información; no me quedaré callado".

-¿Qué información tenía?

José Ignacio: -Había elevado información a Raúl Cuello, subsecretario de Finanzas Públicas, que tenía a cargo la Aduana y la DGI.

Rodolfo: -Le informó de 65.000 expedientes por subfacturación. Le pidió a Cuello medios, pero éste le respondió en los diarios con una acusación: "La Aduana es un queso gruyere", dijo. Mi padre se sintió aludido y renunció.

-¿Temía Echegoyen un desenlace de esta naturaleza?

Juan José.: -En el diálogo conmigo, no. Estaba completamente decidido a pelear. Estaba entero. Pero amenazado. No deprimido.

-¿Que declaró Roselli en 1991, ante el juez Roberto Marquevich, que entendía en la causa?

Rodolfo: -Un atentado. Les flojaron las ruedas del auto cuando fueron y vinieron tres veces a Ezeiza, a la empresa Edcadassa (depósito fiscal). Roselli dijo que cuando salió de los depósitos de Edcadassa estaba pálido, no hablaba. Pero ahora somos muy optimistas con la reapertura de la causa.

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