
El asesino de Beroiz se hirió en su celda
Raúl Flores se cortó el abdomen en la Jefatura de Policía; el juez resolvió enviarlo al penal de Piñeiro
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ROSARIO.- Raúl Omar Flores, el asesino confeso del tesorero del gremio de camioneros Abel Beroiz, se provocó ayer varios cortes en el abdomen en la celda que ocupaba en la Jefatura de Policía, por lo cual debió ser trasladado de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, de esta ciudad.
El hecho ocurrió en la madrugada de ayer, según confirmaron a LA NACION fuentes de la policía local y el abogado de Flores, Gonzalo Basualdo, después de que el joven de 23 años recibiera la visita de familiares y de su concubina Natalia, con quien habría mantenido una discusión.
Flores estaba custodiado por un equipo especial de agentes de la policía provincial. Ayer, tras las curaciones, el juez Osvaldo Barbero dispuso su traslado a la cárcel de Piñeiro, a 20 kilómetros de esta ciudad. El traslado, según otra fuente vinculada con el caso, habría obedecido a la necesidad de que el Servicio Penitenciario provincial le garantice a Flores una mayor seguridad que la brindada hasta ahora por la policía de la provincia.
Según Basualdo, el asesino confeso de Beroiz se habría infringido las heridas para llamar la atención y recalcó que "no se trató de un intento de suicidio. Flores adujo que se siente solo y que la familia lo está abandonando. Las heridas no revisten gravedad. Si hubiera querido suicidarse se habría cortado las muñecas; sin embargo se cortó el abdomen", destacó el abogado.
Después de las curaciones en el hospital, Flores fue trasladado al penal de Piñeiro.
Hasta anteanoche, antes de la visita de sus familiares, lo que más ansiaba Flores era que le llevaran un televisor.
Elementos de prueba
Los tres disparos que el 27 de noviembre efectuó sobre el cuerpo robusto de Beroiz, tesorero del gremio de los camioneros y hombre de confianza de Hugo Moyano, no lograron abatir al veterano sindicalista. Herido, Beroiz se arrojó sobre él y Flores soltó la agenda en la que había escondido la pistola. Varias puñaladas, aplicadas por Flores o su cómplice, un menor llamado Juancito, dejaron a Beroiz herido de muerte en el piso del estacionamiento subterráneo del Automóvil Club.
Pero en el piso también quedó el cuchillo junto a la agenda de Flores. Dos regalos para los investigadores, dos pruebas fundamentales del crimen y dos pruebas de la inexperiencia e improvisación de los asesinos, a las que hay que sumar la existencia de siete testigos presenciales.
Beroiz murió al día siguiente de haber sido baleado y apuñalado, y a Flores y al menor los atraparon cuatro meses después. Flores confesó un crimen por encargo a cambio de 20.000 pesos.
Juancito admitió que estuvo allí, pero negó haber acuchillado a Beroiz. El martes se enfrentarán en un careo.
A la tenacidad del juez Osvaldo Barbero se debe la captura de Flores.
Ahora, el juez refuerza la pruebas contra las cuatro personas que habrían encargado el asesinato. Vivirían en Rosario. Flores dio los apellidos de dos y las señas de los otros dos.
"Me parece que actuaron como ladrones. El ladrón se ve forzado a tomar contacto físico con su víctima -explica Néstor Pujato, abogado de la familia Beroiz y actor civil en la causa-, y estos chicos cometieron ese error, porque Beroiz no cayó con los disparos y contraatacó, y a Flores se le cayó la agenda y también cayó el cuchillo."
Esa agenda, que alguien vinculado con la causa califica de "diabólica", no tenía nombres ni teléfonos, pero guardaba una foto de Beroiz "manchada con tinta roja que simulaba gotas de sangre y pegada a una hoja con cinta adhesiva y stickers de cartas documento. En sus hojas hay muchos dibujos de diablos y momias".
Una fuente que conoce a la familia Flores confirma que el muchacho "vivía drogado" y que tenía antecedentes penales, pero no de homicidio: "Estuvo preso en la comisaría 16 de La Tablada. También estuvo prófugo antes de matar a Beroiz".
Según lo que trascendió de su indagatoria -aún hay secreto de sumario-, no habría sido Flores quien convocó a Juancito, sino los hombres que le encargaron el asesinato. Aunque sea cierto, cuesta creerlo. Juancito tenía 14 años.




