
El Banco Espíritu Santo, canal de la financiación
Aquí ya analizó inversiones ferroviarias
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El Banco Espíritu Santo (BES) es uno de los principales de Portugal que además está presente en 17 países y realizó fuertes inversiones en Brasil (donde es socio de Bradesco) como parte de una estrategia internacional que invierte en áreas en las que cuenta con ventajas competitivas y en plazas que tengan alguna afinidad con su mercado de origen.
Los criterios que guían sus colocaciones en el exterior suelen privilegiar la presencia de emigrantes portugueses, los países de lengua portuguesa o los que cuentan con fuertes capitales de ese origen. La entidad no tiene presencia en la Argentina (posee una oficina en Uruguay), aunque últimamente ha mantenido contactos con funcionarios y empresarios argentinos viendo la posibilidad de financiar algunos emprendimientos.
En febrero último, por ejemplo, una delegación del BES y empresarios portugueses almorzaron en el Palacio San Martín con el canciller, Rafael Bielsa, y el ministro de Planificación, Julio De Vido, cerrando una gira en la que había mantenido encuentros en nuestro país para interiorizarse "de los planes de obras públicas y analizar la viabilidad de nuevas inversiones", informó entonces la Cancillería.
Aquella vez los portugueses habrían mencionado la posibilidad de financiar algunos emprendimientos con fondos chinos que administran mediante una de sus subsidiarias, el BES de Investimento SA, poniendo en marcha consultas que se hicieron cada vez más asiduas. Pero entonces se mostraron más interesados en los planes de modernización ferroviaria, "especialmente los relacionados con los ferrocarriles Mar del Plata, Belgrano (cargas) y el Trasandino Sur", recordaban ayer en la Cancillería.
La versión no sorprendió porque el BES participó en el financiamiento y gerenciamiento de proyectos ferroviarios en el mundo, junto a Caminhos de Ferro Portugueses. Lo curioso es que el BES tiene entre sus accionistas al francés Crédit Agrícole, banco que huyó del país en lo peor de la crisis y dejó a la deriva a los bancos Suquía, de Entre Ríos y Bisel, a los que salió a rescatar el Nación.




