
El caso del hijo de desaparecidos que buscó a su familia
Nadie lo reclamaba; es la restitución número 98
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A Martín le llamaba la atención que su lugar de nacimiento fuera Campo de Mayo. Le parecía extraño que su madre hablara siempre de sus problemas para quedar embarazada. Le resultaban sospechosos los contactos de su padre como empleado civil del Ejército.
Con ese puñado de dudas, el 13 de diciembre de 2007 se animó a abrir un legajo en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y les confesó sus miedos a las Abuelas de Plaza de Mayo.
Pero su perfil genético no coincidía con los del banco de datos. Sólo la historia de una pareja de desaparecidos, Guillermo Amarilla y Marcela Molfino, tenía puntos de contacto con su relato, pero sus familiares no buscaban a nadie.
Hasta que la suerte se cruzó con el destino y, en agosto pasado, una sobreviviente relató que había visto a Marcela dar a luz mientras estaba secuestrada. Ese día se revelaron los primeros secretos para la restitución del nieto 98 de Abuelas. El inédito caso del nieto que nadiebuscaba. La familia no sabía que Marcela estaba embarazada la tarde que la secuestraron.
"Ella vivía en la clandestinidad. La veíamos poco. La última vez fue veinte días antes del secuestro. Y nunca dijo que estaba embarazada", repetía ayer Guillermo Molfino, hermano de Marcela, en la conferencia de prensa donde las Abuelas presentaron el caso. Su familia ahora cree que ella tampoco lo sabía esa tarde del 19 de octubre de 1979. Al mediodía de aquel día un grupo de tareas del Ejército detuvo a su esposo, Guillermo Amarilla. Después fueron por ella. Aparecían en listas negras porque eran militantes de Montoneros y de la Juventud Peronista, regional IV.
Marcela respondió a tiros cuando la encontraron en su casa de San Antonio de Padua. Estaba con sus tres hijos: Mauricio, Ignacio y Joaquín. También la acompañaban su cuñado, Rubén Amarilla, con su esposa y sus dos hijos.
La esposa de su cuñado fue la única que pudo escapar. A Marcela la hirieron. Tuvo que tirar el revólver con el que intentó defenderse. Los efectivos del Ejército se la llevaron, junto a Rubén y los cinco chicos, que aparecieron 15 días después, en Resistencia, Chaco, donde fueron entregados a los familiares.
Desde aquel momento, la madre de Marcela, Noemí Gianetti de Molfino, empezó a buscar a su hija desaparecida. Terminó secuestrada en Lima, Perú, el 12 de junio de 1980, mientras denunciaba las desapariciones en la Argentina. A fines de julio de ese año, el cuerpo de Noemí apareció en un hotel de Madrid. Se presume ahora que antes de morir pudo haber sido traída a la Argentina y que habría llegado a ver a su hija. Algún día de ese año, en 1980, nació Martín.
Larga espera
Martín creció acongojado por las dudas. A los 15 años empezó a dudar. Cuando cumplió 27 se animó a presentarse en la Conadi.
El 20 de diciembre de 2007 se presentó en el Banco Nacional de Datos Genéticos para hacerse un examen de ADN. Pero el 6 de marzo de 2008 se enteró de que su perfil no coincidía con nadie. No había familia alguna que reclamara por él. Sólo tenían datos sueltos de Marcela que tenían algunas coincidencias con su historia.
El 21 de agosto de 2009 los secretos empezaron a dilucidarse. Una sobreviviente que declaraba en la Secretaría de Derechos Humanos contó que había visto cómo Marcela Molfino había tenido un bebe en Campo de Mayo. Otro ex detenido relató la misma historia. Un militar arrepentido terminó de confirmar el dato.
La familia Amarilla-Molfino entonces entró en el banco de datos del hospital Durand. Un grupo de forenses viajó hasta Resistencia. Les pidió que donaran sangre. La familia no sabía de la búsqueda del hijo: creían que las muestras eran para identificar el presunto hallazgo de los huesos de Marcela.
Al final, el mes pasado todos supieron la verdad. Ayer, en la conferencia de prensa donde Estela de Carlotto -presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo- presentó el caso, toda la familia todavía confesaba estar "sorprendida" por el hallazgo del hijo, el joven que ni siquiera sabían que había nacido.
"Nunca lo hubiéramos imaginado", decían aquí y allá los tíos y sus hermanos. Martín ayer no quiso estar en el acto público. Tampoco quiso hacer declaraciones.
"Respetaremos sus tiempos", decían los familiares, que aún esperan saber algo de Marcela, de Guillermo y de Rubén. En medio de esa búsqueda encontraron al hijo que nadie buscaba.




