
El cirujano que cuida al poder
Especialista cardiovascular, entre sus pacientes se contaron el rey de Arabia, Paul Newman y Carlos Menem
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Conoce al dedillo la doctrina hipocrática. Por formación, porque la juró, porque lee. Pero ahora que ya rindió cientos de exámenes prefiere a Aristóteles, a Savater o a Nietzsche. Un domingo cualquiera podría estar practicando mountain bike. Un domingo cualquiera, no el que ayer coronó la semana en la que su listado de señas particulares -médico de prestigio internacional, divorciado, padre de cuatro hijos (tres varones, una mujer) e hincha de River- sumó un párrafo que también se imprimió en los diarios: Jorge Atilio Belardi es el hombre que operó al Presidente.
Asegura que no le tembló el pulso, ni un poco, cuando el último viernes le tocó colocar un catéter en la arteria coronaria derecha de Fernando de la Rúa.
No cuesta creerle. Al menos, si lo hizo con la misma precisión con la que sostiene una taza de café y la rigurosidad con la que combina los colores de su elegante sport.
Belardi argumenta que el pulso no tiembla cuando se trabaja en equipo. Y lanza un puñado de nombres que en estos días se mencionaron por todas partes: Luis Guzmán, Lucio Padilla, Fernando Cura, José y Daniel Navia, Marcelo Trivi, Alberto Alves de Lima y Fernando Botto (todos del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), Néstor Pérez Baliño, Carlos Bertolasi, Luis Cao y Cristian López Saubidet, compañero de carrera en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de médico en 1971, con la seguridad de que aquélla era su vocación primaria y definitiva. Influencia, quizá, de su tío Angel Lázari, uno de los primeros especialistas en hígado de la Argentina.
Nació en la Capital, hace 54 años. Hijo de madre porteña, de origen vasco, y de padre italiano y aventurero. Un buscavidas que recorrió el mundo mientras su hijo crecía en Buenos Aires y sacó fotos en la Guerra de Corea (1950-1953) como corresponsal de The New York Times.
No fue por espíritu aventurero que Belardi viajó a los Estados Unidos. La Cleveland Clinic era el sitio elegido para su formación profesional. Fue en 1972, cuando la especialidad que hoy practica -hemodinamia- se llamaba cardiología invasiva.
Paradojas de la medicina: "Ahora, las técnicas que usamos son de lo menos invasivas que hay" afirma. En la Cleveland Clinic fue jefe de residentes. Después viajó a Miami, donde se convirtió en profesor asistente de la universidad y en codirector del servicio de hemodinamia del Bamptist Hospital. En esa ciudad asistió a uno de los primeros ateneos del doctor Andreas Gruntzig, pionero de la cardiología intervencionista y autor de la primera angioplastia coronaria.
Gruntzig murió en un accidente en 1985, el mismo año en que Belardi cursaba un fellow en radiología intervencionista en la Cleveland Clinic y participaba, en el término de doce meses, de 650 angioplastias.
* * *
En 1979 había regresado por un tiempo a Buenos Aires para formar parte de un grupo que dio origen al Centro Cardiovascular de Buenos Aires, antecesor del ICBA. Paralelamente, en la Academia Nacional de Medicina armó, junto con la doctora Liliana Grinfeld, un equipo que realizó las primeras angiografías del país, en el Sanatorio Antártida y en la Fundación Pombo.
"Lesiones proximales concéntricas de la arteria descendente anterior." El diagnóstico del primer paciente al que le realizó un cateterismo (procedimiento para estudiar el interior de un conducto en el que se emplea un instrumento llamado catéter) está bien grabado en su memoria.
De sus 30 años de profesión, "27 los pasé en compañía de un catéter", ironiza, sumando razones para convencer a su interlocutor de que la investidura presidencial no lo hizo tambalear en ningún momento. Es firme también cuando tiene que responder por qué, habiendo tantos centros de medicina cardiovascular, políticos, empresarios y gente del espectáculo eligen el instituto en que él desarrolla su actividad y que factura más de 20 millones de dólares al año.
Con la habilidad de un publicista asegura: "Es una institución de resultados y en continuo chequeo por parte de los centros más importantes del mundo, que ha puesto todo en aparatología, capacitación, programas de educación continua y coordinación entre las áreas.
El grado de improvisación es cero: hacemos 700 angioplastias coronarias, 600 cirugías cardíacas y 600 intervenciones periféricas anuales y empleamos a 200 personas. En el ICBA, los que buscan resultados los encuentran".
Su vínculo con ilustres es de larga data. Mientras era residente en los Estados Unidos participó de un cateterismo practicado al rey de Arabia Saudita (en 1975) y de las angioplastias de Paul Newman y el científico Albert Sabin.
Inmunizado contra las luces del poder y la fama -"no soy muy sociable. Prefiero quedarme en casa o estar con mis hijos"-, no puede negar que como médico le han tocado los cateterismos de Martín Karadagian, Darío Víttori, Rodolfo Daer, Amado, Munir y Carlos Menem (que fue operado por Juan Carlos Parodi, siendo presidente, en 1993).
¿Seguro que no lo atrae el poder? "Estoy lejos. No me gusta la política; sólo simpaticé, en su momento, con Arturo Frondizi."
Belardi también toma distancia de su paciente más reciente: "Conocí al doctor De la Rúa cuando era jefe del gobierno porteño. Le llevé un proyecto para realizar angioplastias a personas de bajos recursos en el hospital Fernández (donde trabajó mi tío), pero todavía no se concretó".
* * *
Tampoco logra concretar el sueño de que el ICBA tenga un edificio más grande. Por la situación económica del país, dice. "Y porque lo que nos pasa es de tango: todo es igual, nada es mejor. En el ámbito privado se castiga impositivamente igual a los que trabajan con excelencia y a los que no lo hacen."
La docencia es su fuerte y uno de los momentos más importantes de su carrera fue la exposición que realizó en el Paris Course of Revascularization (PCR) de la que participaron 7500 especialistas. Publicó más de 100 trabajos científicos.
Como lector, combina la filosofía y la medicina con "novelas que empiecen y terminen rápido". Una autoridad en lo suyo, el hombre que intervino al Presidente reflexiona: "En los últimos diez años el desarrollo de la cardiología intervencionista no ha sido tan manual como intelectual. Ya no se pueden divorciar las manos del cerebro; es tan importante destapar una arteria como saber por qué se obstruye y cómo se debe hacer para evitar que vuelva a cerrarse".
Dice que es un médico sistemático. Que en el quirófano no se puede improvisar: "Hay que tener un plan y ejecutarlo".
Sin alegar herencia paterna, sostiene, en cambio, que nunca planifica de antemano ni las vacaciones ni los fines de semana. Que no fuma, no bebe, ni come de más. No le tiembla el pulso cuando toma el diario en el que se publicó su foto.
Como al pasar, agrega: "Me olvidé de decirle que en 1989 colocamos el primer stent coronario en la Argentina". Después, paga el café sin cambio exacto. Y se va a jugar al golf.
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