El debate y las estrategias del poder

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION

El editorial de Carlos Pagni, por LN+

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15 de octubre de 2019  • 00:13

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A continuación, sus principales conceptos:

  • Es un lugar común decir que la Argentina vive en una eterna crisis política, que la política es una actividad con enormes deficiencias que queda demostrado en crisis, en repudios y en descontentos cada vez más frecuentes.
  • Se suelen asociar estas crisis con problemas económicos o de corrupción. Sin embargo, hay otros rasgos que explican por qué la actividad política se ha deslegitimado. Por ejemplo, la forma en que se vota es primitiva, con sospechas de fraude que están justificadas en un método que requiere de miles de personas fiscalizando. Se habla de la extravagancia política que prospera entre nosotros, donde en las primarias un candidato compite contra sí mismo. Y anoche [por antenoche] tuvimos otro rasgo de las deficiencias de la política que tiene que ver con las reglas del debate.
  • Es evidente que un debate en donde la mayor cantidad de tiempo asignado a cada uno de los candidatos es de dos minutos está pensado para que nadie pueda terminar de formular una idea correctamente. Por supuesto, nadie puede debatir con nadie en ese tiempo. Y lo más interesante es que esas reglas son fijadas así por exigencia de los mismos candidatos, que no quieren expresar ideas demasiado complejas, que no se tienen confianza a sí mismos como para hacer un desarrollo que vaya más allá y que tienen pánico de debatir entre ellos.
  • Más que para transparentar la oferta política, el debate sirve para ocultarla o para mostrar las deficiencias de aquellos a quienes tenemos que votar. Asimismo, la televisión produce algunos daños políticos, como quedó demostrado desde el primer debate presidencial en Estados Unidos, durante la década del '60. En aquel evento histórico, se debatió la presidencia entre John F. Kennedy, que se coucheó con su hermano para el debate, y Richard Nixon, un político entrenado y muy inteligente pero que no estaba preparado para la televisión.
  • Si uno mira el debate de ayer es evidente que Roberto Lavagna y Juan José Gómez Centurión no fueron diseñados para la televisión, el terreno les resultó desfavorable. Mientras que Mauricio Macri y Alberto Fernández apelaron centralmente a una operación conservadora -lo que demuestra ser una posición poco audaz de ambos- que es retener el voto que ya tienen.
  • En el caso de Fernández lo que se verificó fue la agresividad, algo que le señaló Macri al final, también una posición que a medida que fue ganando confianza lo fue volviendo un poco agrandado -a él no le cuesta nada eso-. Fernández trabajó, muy probablemente inteligentemente, sobre la imagen que hay de Macri, sobre todo en las encuestas de opinión cualitativas, que lo muestran como alguien parcialmente desconectado, hasta de la realidad de su propio gobierno, y alguien que vive en un mundo privilegiado de gente que no tiene ningún tipo de necesidad económica, gente rica.
  • Por eso, Fernández llevó esa idea al extremo y apuntó contra Macri al decir que los "amigos del Presidente" son una infinidad de ricos que habían fugado cerca de 30 mil millones de dólares en un mes. La imagen se terminó de consolidar cuando se refirió con astucia a la situación de Venezuela, como si Macri estuviera por mandar tropas a ese país. Además de ser un pronóstico de mala fe, este comentario muestra que Fernández desconoce cuál es la posición de la Argentina ante esta problemática.
  • Lo cierto es que Fernández lleva adelante una estrategia que es central en la campaña: el repudio a Macri. Hoy la política argentina se mueve por el repudio, más que por la adhesión. Igual que la política estadounidense, brasileña, italiana e inglesa, entre otras.
  • Esta estrategia libera al que repudia de tener que dar demasiados argumentos. En la posición de Fernández en economía se notó que no dijo cosas demasiado consistentes. Por ejemplo, él dice que va a promover la recuperación de la economía argentina por la vía del consumo, ¿con 60% de inflación? Y también plantea que al dinero que se consigue en el mercado para financiar el déficit fiscal lo va a conseguir con las exportaciones; pero al mismo tiempo dice que quiere revisar el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Todos estos son detalles que no intervienen en el debate porque la política económica de Macri ha sido tan mala que Fernández se ve relevado de dar explicaciones de este tipo.
  • Probablemente, tampoco sean sus ideas las que él expresa, porque Fernández está en un problema: tienen que contener a una coalición muy amplia, desde gobernadores de derecha peronistas, como por ejemplo, Juan Manzur, a la izquierda kirchnerista, que contiene economistas como Axel Kicillof que son marcadamente estatistas. Para contener a toda esa diversidad, Fernández decide ir hacia el pasado, pero no sabemos hasta dónde. Todo su enfoque económico parece estar anclado en el duhaldismo. ¿Creerá Fernández que este es el programa que va a llevar adelante? Si fuera así, puede ser que se encuentre con un problema similar al que se encontró Macri: un exceso de optimismo para una crisis que es mucho más endiablada que lo que supone ese diagnóstico.
  • Macri no hizo promesas y se dirigió también a su electorado. Habló, como suele hacerlo desde hace algunos meses, de la dimensión de la crisis que él heredó. Estas dificultades económicas explican que tiene que resolver 70 años de crisis económicas, pero eso no justifica los niveles de mala praxis que hubo durante su gobierno. Sin embargo, él promete que todo va a ser distinto en adelante.
  • Macri tiene vedado el que fue el argumento central para Cambiemos durante estos años: el miedo al otro. Si amenaza con la vuelta del populismo, puede llegar a tener problemas en el mercado cambiario y corre el riego de que la base de su economía se deteriore todavía más. Anoche no hubo ese cuco y probablemente el domingo que viene tampoco va a estar. El otro problema que tiene Macri para dar un discurso más contundente y audaz es el radicalismo. Esta alianza le impide tirar al arco en muchos temas que tienen que ver con la economía.
  • De esta limitación de Macri se aprovechó José Luis Espert. Este domingo se demostró que este candidato es un problema para Macri, porque puede decir las cosas que la alianza con el radicalismo le impiden decir al Presidente. Puede decir cosas de las que se privan los demás porque nadie piensa que vaya a ganar el poder. Igual que lo que le pasa a Nicolás Del Caño, que estuvo bastante flojo respecto al candidato de la izquierda para jefe de gobierno Gabriel Solano.
  • ¿Qué daño le puede hacer Espert a Macri? Depende de la campaña. Si Macri no logra ser persuasivo respecto de que puede haber un ballottage, puede terminar siendo un candidato testimonial y hacer que mucha gente de la derecha macrista, entre un testimonial y otro, prefiera al testimonial Espert.
  • Macri está intentando corregir esta idea de que la elección está jugada con manifestaciones muy misteriosas, por la dimensión y la gente en la que participa de ellas. Un presidente al que se le auguraba tener que irse en helicóptero hace un mes, se está yendo como una estrella de rock. Esto tiene que ver obviamente con la intención, para muchos utópica, de conseguir el ballottage, con la misión, mucho más realista, de conseguir más bancas y con la pretensión de liderar este oficialismo en un eventual gobierno de Fernández si Cambiemos llegara a ser oposición. Pero también, con la intención de Macri, todavía borrosa o secreta, de postularse dentro de dos años en la Capital Federal como diputado para volver al Congreso. Esto, que es un objetivo no dicho, está en relación directa con estas manifestaciones populares que promueve el Gobierno con la idea de generar por lo menos la ilusión de un ballottage.

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