El laberinto judicial del caso $LIBRA: sin testigos, sin indagatorias, sin presupuesto y ahora sin querellantes
En su resolución de hoy, el juez Martínez de Giorgi corrió de la causa a todos los acusadores particulares, pero además anticipó que para él no hubo estafa
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Transcurrido casi un año y medio desde que la primera denuncia por el caso $LIBRA llegó a la Justicia argentina, el expediente pasó por las manos de al menos cuatro jueces, dos fiscales y tres camaristas. Pero todavía no citaron a declarar a un solo testigo, mucho menos a un acusado, mientras que los fiscales admiten no tener recursos ni presupuesto. En ese contexto, la decisión de apartar a todos los querellantes acrecienta el horizonte de impunidad final.
El paso más reciente en ese derrotero es la resolución que firmó hoy el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi. A pedido del acusado Mauricio Novelli, apartó a todos los querellantes del expediente que tramita en los tribunales federales de Comodoro Py al concluir que no han logrado demostrar que realmente fueran inversores perjudicados por el colapso del “memecoin” en febrero de 2025.
Para ello, dedicó más de quince páginas a analizar si la volatilidad es inherente a los “memecoins” o si los impulsores Hayden Davis, Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy buscaron engañar a los inversores -una cuestión de fondo- cuando el juez sólo debía resolver una cuestión procesal: ¿tienen los damnificados legitimación para intervenir? Más aún, al sostener que las pérdidas podrían responder al riesgo propio de un mercado altamente volátil y no a una maniobra fraudulenta, adelantó opinión sobre el objeto mismo de la pesquisa.

Sostuvo, además, que los querellantes debían acreditar “de manera fehaciente” la titularidad de sus billeteras, el origen de los fondos y una conexión causal directa antes de que concluyera la investigación, aunque reconoció que esas pruebas todavía están en curso. En otras palabras, los excluyó porque falta prueba que el propio proceso debería producir. Incluso trasladó a los particulares cargas investigativas que corresponden al Estado, como reconstruir la trazabilidad de operaciones o identificar a los titulares de billeteras digitales, ya sea mediante peritajes, exhortos o pedidos de cooperación internacional.
La contradicción es aún mayor porque el propio juez admitió en su resolución que la investigación todavía no logró establecer quiénes son los titulares de las billeteras ni reconstruir completamente el recorrido de los fondos, pero aun así concluyó que esos mismos inversores no sufrieron una afectación directa. Si la maniobra todavía no pudo reconstruirse íntegramente, ¿cómo puede descartarse ya la condición de víctimas?
Ese será, probablemente, uno de los ejes de la apelación de los ahora excluidos del expediente ante la Cámara Federal. Si el delito investigado es una presunta defraudación, resulta difícil explicar quién podría estar más directamente afectado que quien compró $LIBRA y perdió dinero como consecuencia de la maniobra denunciada.
La resolución también parece confundir pérdida patrimonial con riesgo de mercado. Al afirmar que los hechos ocurrieron en un ámbito caracterizado por volatilidad y escasa regulación, el juez asume como válida una de las hipótesis defensivas -que todo obedeció a la dinámica propia de las memecoins- cuando esa es una de las cuestiones que la instrucción debería esclarecer. Y si finalmente se determina que existió fraude, el riesgo propio del mercado dejará de ser una explicación suficiente.
Desafío a la Cámara
La resolución también se aparta, en los hechos, del criterio fijado por la Cámara Federal meses atrás. El tribunal de alzada había admitido a los querellantes y dejado abierta la posibilidad de revisar esa decisión una vez producidas determinadas medidas técnicas especializadas sobre blockchain y trazabilidad. Sin embargo, esa revisión llegó antes de que esas medidas concluyeran.
En definitiva, la resolución de Martínez de Giorgi exige una prueba casi definitiva del fraude para reconocer legitimación a quienes justamente afirman haber sido víctimas de ese fraude. Eleva así el estándar probatorio propio de una incidencia procesal hasta un nivel cercano al de una sentencia sobre el fondo, cuando la investigación sigue incompleta: no terminaron los peritajes, no llegaron todas las respuestas a exhortos y oficios, no hubo testigos ni indagatorias.
La decisión resulta todavía más llamativa porque el propio Ministerio Público Fiscal (MPF) reconoció en el expediente que carece de las herramientas, el presupuesto y las licencias tecnológicas necesarias para avanzar con el análisis de las billeteras. A ello se suma otra exigencia a los querellantes: pedirles que acrediten el origen de los fondos utilizados para comprar $LIBRA, cuando el objeto del proceso no es investigar el patrimonio de las presuntas víctimas, sino determinar si existió una maniobra defraudatoria y si el Presidente incurrió en negociaciones incompatibles con la función pública.

Así, si los fiscales reconocen que todavía no cuentan con los recursos técnicos necesarios para investigar y los querellantes -que impulsaban buena parte de las medidas de prueba y las apelaciones- quedan excluidos del expediente y todavía no hubo testigos ni indagatorias, ¿qué final cabe esperar para este expediente?
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