El legado científico, la apuesta que se renueva cada verano
Carlos Bellisio participó de 37 expediciones por el continente blanco como investigador
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BASE CARLINI.- Es imposible no notar su presencia. Rodeado por decenas de veinteañeros en busca de su doctorado, las canas de Carlos Bellisio llaman la atención en la Casa Principal de la Base Carlini. La campera roja, la sonrisa constante, inevitablemente, invitan a mirarlo como un Papá Noel que se equivocó de polo. Cuando habla, el personaje no defrauda. Pero por otras razones.
"El Mono", como lo conocen todos, llegó por primera vez a la Antártida en 1976. Desde entonces, sólo faltó tres veranos: participó en 37 campañas en el continente blanco. "Un verano no vine porque me fui a hacer teatro de comedia a Chapadmalal", dice, en medio de una risotada. Otro, porque se fue a la Polinesia.
Aunque cueste creerlo, tampoco son esas peculiaridades las que hacen notorio "al Mono". Con sus eternos regresos a la Antártida, donde trabaja como asistente técnico en investigaciones, Bellisio forma parte del legado científico que el Estado argentino promueve desde hace décadas en el fin del mundo, contra las inclemencias del clima y las inestabilidades, a veces mayores, de la política continental y porteña.

Bellisio lleva 23 campañas consecutivas en Carlini, una de las seis bases permanentes (que no se cierran en invierno) de las trece que tiene el país, donde las Fuerzas Armadas brindan el apoyo logístico para mantenerlas en funcionamiento. Pero en Carlini se concentra la mayor cantidad de científicos de la Argentina y casi el 60% de los proyectos de investigación.
Creada en 1953, desde 1955 se llamó Teniente José Jubany, en honor a un aviador naval muerto en 1948. En marzo de 2012, el nombre cambió para recordar a Alejandro Ricardo Carlini, un científico que trabajó más de 20 años en la Antártida y murió a los 47 años.
Desde 1982, la Armada entregó la base al Instituto Antártico Argentino, que en 2003 abandonó la órbita del Ministerio de Defensa para depender de la Cancillería Argentina.
Algunas de las investigaciones en Carlini se realizan en conjunto con otras naciones, principalmente con Alemania, con la cual existe un convenio de cooperación de más de 20 años que permite la operación del laboratorio Dallmann.

La mayor parte de la producción de la base se centra en estudios biológicos (con énfasis en los efectos del cambio climático y la pesca sobre los ecosistemas) y geopaleontológicos. Estos desarrollos incluyen también algunas líneas de investigación aplicada. Una de las más interesantes es la que busca identificar microorganismos capaces de "absorber" la contaminación por combustibles.
A pedido de la canciller Susana Malcorra , las autoridades de la Dirección y el Instituto Antártico, los diplomáticos Fernanda Millicay y Máximo Gowland y el geólogo Rodolfo Sánchez, trabajan ahora en el diseño de un plan estratégico para ordenar y poner en valor los avances alcanzados por los científicos.

Malcorra se propuso presentarle ese plan estratégico al Presidente. "La Argentina desarrolló series científicas de hasta 25 años de continuidad. Eso hoy tiene un valor inigualable para quienes estudian los efectos del calentamiento global y la depredación de los recursos. También para otras naciones. Una planificación nos va a permitir agregar valor a esos resultados y aumentar la cooperación, clave en la Antártida, porque aquí la soberanía no se ejerce con armas, sino con resultados científicos", le dijo a LA NACION.
Bellisio, "el Mono", le puso el cuerpo a esas series de estudios. En particular, lleva años trabajando en el registro y el control de las especies de peces de Carlini. Fue testigo de "la pesca terrible que hubo en los 70" y todos los veranos, desde el 1982, registra cómo esa población de dos peces "se va recuperando".
"Esto es como una droga: cuando llega octubre tengo ganas de venir. Tengo 59 años y quiero seguir hasta donde pueda. A los 65 me tendré que jubilar", dice, resignado. No hace falta que hable del legado. A su lado está Manuel Novillo, un biólogo cordobés de sólo 25 años que busca su doctorado en estas tierras heladas.
Novillo estudia, junto a Bellisio y otros jóvenes como él, la reproducción de las especies de peces de las Shetland del Sur. "Es mi primer verano acá", dice, y no hace falta la repregunta: "Me encantaría seguir el legado del Mono".
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