
Un mago y una bicicleta animaron la fiesta de Pro
Un personaje surgido de Crónica TV y el insólito paseo de un ministro fueron las perlitas de la velada
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Un ministro anda en bicicleta dentro del búnker electoral. Un jefe de gobierno que canta y baila cómo un rockstar . Un coro de funcionarios que saltan y arengan como si estuvieran en un estadio de fútbol. Un candidato a gobernador que hace muecas a las cámaras como si fuera un humorista. Todos estos sucesos componen el mundo Pro.
Música "al palo", luces bajas, múltiples sonrisas y globos "buena onda" (con una sonrisa dibujada): estos elementos fueron imprescindibles en el búnker macrista. Y ninguno faltaba para la fiesta de la reelección de Macri.
Pero el evento, que pretendía ser innovador, no se distinguió demasiado. Sólo algunas perlitas iluminaron la tarde-noche de Pro en Costa Salguero. Un mago y una bicicleta fueron los verdaderos protagonistas.
El show tuvo otros capítulos divertidos, pero fueron menores. Cuatro personajes se robaron los flashes de la noche. Mauricio Macri festejó su reelección con tanto énfasis como si le hubiera arrebatado el sillón de Rivadavia a Cristina Kirchner. Por las dudas, esta vez no hubo remeras con la inscripción "Macri presidente".
Hubo más estrellas: Jaime Durán Barba, el gurú ecuatoriano que guía su destino electoral y político; Horacio Rodríguez Larreta, de candidato frustrado a anfitrión de la victoria; y Miguel del Sel, el humorista que festejó como propio el triunfo de su amigo millonario que lo hizo candidato.
Militantes, funcionarios y periodistas llegaron antes de que cerraran los comicios, a la espera de los resultados a boca de urna. La tranquilidad de la victoria y la ansiedad por la falta de información generaba una extraña sensación. Por eso él llegó para romper esa monotonía. Sus trucos enseguida encandilaron. Jóvenes y adultos quedaban obnubilados ante sus pases de magia. Pablo Cavaleiro, alias "El mago sin dientes", un personaje de Crónica TV, fue una de las sorpresas de la tarde.
"Ojo, que es una de las propuestas de Mauricio para la ciudad. Quiere acercarse a la cultura popular", dijo, inmutable, una legisladora ultramacrista, ante la algarabía de invitados y periodistas. Mientras, el mago mostraba ases de corazones a niños, les contaba chistes a las mujeres y se sacaba fotos con funcionarios.

Biciboys. Esteban Bullrich avanzó a paso audaz, mientras esquivaba cables y técnicos, con su bicicleta. Tenía casco, pero sin luces, el andar de su bicicleta y la de Guillermo Dietrich eran un peligro. La multitud estaba estupefacta.
¿Qué hacían dos funcionarios en bicicleta adentro del búnker el domingo electoral? "Recorrimos escuelas. Estuvimos seis horas con la bici y después vinimos para acá", dijo el ministro de Educación a lanacion.com, sin indicios de transpiración en su rostro.
Después de todo, la intención no era tan extraña. Las bicisendas fue una de las apuestas de Macri para solucionar el problema del transporte.
A medida que llegaban datos preelectorales la sonrisa habitual de los hombres y mujeres de Pro se volvió sincera. "No especulamos con los resultados de las encuestas", dijo Sergio Bergman. Minutos después, los operadores se habían encargado de difundir que habían superado el 46% de los votos.
Para paliar la ansiedad, aplicaron dos recetas muy Pro: buena comida y música en vivo. Al menú frío, que contaba con sutilezas como sándwiches de jamón crudo, brownies y coquetos alfajores al estilo "macaron", se le sumaron los platos calientes: arroz con champiñones, pastas y una pata de ternera.
"Estamos tranquilos", repetían, y anunciaban un triunfo histórico. Cuando las cifras se confirmaron, el relax se convirtió en euforia. "¡Es un afano, suspéndanlo!", cantaban, justo antes de que ingresara Macri.
Enseguida salió al escenario el jefe de gobierno. Se golpeó el pecho, saludó a los militantes, tomó el brazo a su compañera de fórmula, María Eugenia Vidal y lo levantó como si fuera un campeón de boxeo. El público lo bañó con serpentinas.
El festejo fue tan original como en las cuatro elecciones anteriores que esta fuerza ganó en la ciudad. Macri agradeció, insistió en que prefiere proponer a enfrentar y bailó. "Y ya lo ve, es para Filmus que lo mira por tevé", gritaron. Enseguida, Macri los calmó: "Shh… Eso no es Pro, eso no es Pro".
El ingreso al escenario no estuvo improvisado –aunque intentó parecerlo-. Todos ingresaron de la misma manera: con el revoleo de una remera mientras cantaban, como si despidieran a su equipo de fútbol tras una gran victoria.
El baile se llevó todos los flashes. Con la misma clásica canción de Gilda, Macri se encendió al ritmo de la cumbia como lo había hecho dos años antes junto a Gabriela Michetti. Esta vez, junto a María Eugenia Vidal, tuvo movimientos menos armónicos y más atrevidos.
Antes de terminar, se volvió a golpear el pecho y señaló a un grupo de militantes que sostenían un afiche que decía: "Lo nuevo". Baile, canto, papelitos y globos "buena onda", una fiesta bien Pro.






