
El malvinense que no quería ser actor
El guía turístico Tony Smith, que fue sorprendido por la cámara oculta, vio el estreno en Buenos Aires
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Tony Smith se afirmó en la butaca del cine Atlas Santa Fe. La sonrisa se le congeló cuando empezó la presentación de la película "Fuckland", en la que actuó sin saberlo. Se frotaba las manos. Se lo notaba tenso. Nervioso.
Tony es malvinense. Tiene 38 años y trabaja como guía de turismo en las islas. El jueves último estaba de paseo en Buenos Aires y vio con La Nación el estreno del film que tiene como escenario las islas Malvinas y como argumento buscar la recuperación de la soberanía mediante la inseminación de las isleñas por parte de los argentinos.
No fue una buena experiencia para él. No sólo porque no encontró en el largometraje un argumento que justificara estar sentado durante 84 minutos, sino porque la película fue filmada en forma clandestina.
Del film hay que decir que se rodó en diciembre del año pasado sin comunicar el hecho a las autoridades de las islas, con un actor argentino (Fabián Stratas) y una actriz inglesa (Camilla Heaney) que fue contratada vía Internet. La película recibió el certificado Dogma 95 (garantía de que fue filmada con cámara en mano y sin agregados de sonido e iluminación). Es la ópera prima del publicista José Luis Marqués.
La crítica de La Nación fue elocuente: mala.
Sin prejuicios
"Esperaba algo peor. El argumento no es para nada bueno, lo que sí me parece decididamente ofensivo es el título. Sí, el título es insultante, definitivamente." A lo que se refiere es al juego de palabras: los realizadores mezclaron Falkland, la denominación que los británicos les dan a las islas, con la expresión "fuck", muy soez y ofensiva.
La opinión de Tony Smith apenas terminó la proyección del film se relaciona con la expectativa comercial que se generó alrededor de la película. Cuando dice que esperaba "algo peor" se refiere al temor que lo asaltaba de sólo pensar que la idea del film incluía proyectar imágenes "robadas" a los isleños, involuntarios protagonistas de la historia.
"Me senté sin prejuicios a ver la película. No me pareció buena, pero tampoco creo que resulte ofensiva para los isleños. Más bien nadie le dará importancia, sólo que ahora se revisará minuciosamente a los argentinos que lleguen al archipiélago", sintetizó.
Tony vio la película con Inés, Teresa, Sandra y Tomás, sus amigos argentinos. Es la segunda vez que viene al continente. En esta oportunidad estuvo casi un mes y luego de pasar por Santiago, Chile, abordó el avión que ayer, tras ocho horas de vuelo y dos escalas, lo llevó de vuelta a su casa.
Allá, en las islas, Tony es uno de los muy pocos que se dedican a trabajar en turismo. Por eso conoce a mucha gente y a muchos periodistas argentinos. De hecho, fue el guía de La Nación en las varias incursiones malvinenses. Porque hace publicidad en una página web y porque se lo puede contratar por e-mail es que fue el "elegido" de Stratas. Así, resultó ser el primer isleño que aparece en "Fuckland".
"Los diálogos en la película no me parecen fuera de lugar ni están sacados de contexto. Son reales. Suelo contar cómo se vive en las islas y algunas otras historias a la gente que viene a visitarnos", dijo Tony, en alusión a una de las anécdotas del largometraje.
El protagonista maltrata a Smith en una parte, luego de que el anfitrión cuenta una historia curiosa. Dice Stratas, cuya voz a veces aparece en off, como si se tratara de monólogos interiores, encima de las imágenes: "¡Miralo a este pel..., mostró la hilacha...!" Sobre esa escena, Tony no hizo consideración alguna. Alzó los hombros como toda respuesta.
La anécdota tenía que ver con una isleña cuya casa tiene el techo pintado con la bandera británica y que cierta vez dijo, tras asistir a un acto: "Lo malo es que había demasiados argentinos". Cuando se le preguntó cuántos, contestó la anciana: "Uno".
Amigos, campo y asado
Cuando el turismo escasea en el archipiélago, Tony Smith continúa con su anterior actividad: mecánico. Tiene dos camionetas cuatro por cuatro y, además de la visita a los montes que circundan Puerto Argentino (Stanley para los isleños), promociona como el principal atractivo de la zona las pingüineras.
Durante su estada en el continente, Tony aprovechó para ver amigos y también para hacer miniturismo: estuvo en el campo, anduvo a caballo y se regodeó con la carne vacuna, tan cara como poco promocionada en las Malvinas. Además, tomó lecciones de español con una profesora particular, tres veces por semana, dos horas cada clase.
El estreno de la película lo sorprendió en Buenos Aires. La visita no tenía ese objetivo, pero la promoción del film le generó inquietud. Anteayer, durante la proyección, Inés le tradujo simultáneamente los parlamentos en castellano, casi al oído para no molestar a los 13 espectadores que se desperdigaban por la sala.
Cuando terminó la película no hizo ningún gesto de desagrado. Estaba más tranquilo. Relajado. Es un tipo de pocas palabras, cauto, con mentalidad típicamente inglesa.
Sonrió apenas se le pidió la opinión, mientras se encendían las luces del cine. Levantó los hombros, frunció los labios y soltó, sin dramatismo: "Es una película. No la volvería a ver".
El film clandestino no atrajo a la diplomacia
Las islas Malvinas como escenario de una película no fue suficiente atractivo para los diplomáticos. Con excepción de contados funcionarios del Palacio San Martín, en la Cancillería pareció no haber público para "Fuckland".
"Antes de elegir una película, siempre leo y me guío por la crítica cinematográfica de La Nación . En este caso, la crítica fue mala, razón suficiente para no ir a ver esa película", dijo a La Nación el canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini.
Sin embargo, al menos dos de sus asesores admitieron, ante las consultas de este diario, que habían asistido al estreno del film, el jueves último.
"A mí me pareció un hallazgo la filmación con cámara oculta, aunque el guión me resultó lamentable", dijo uno de ellos. El otro asesor simplemente dijo que la obra le había parecido "un desastre".
"El canciller no vio la película ni piensa verla, entre otras cosas, porque el título de ésta resulta sumamente ofensivo y de mal gusto para con los isleños, a quienes les tenemos respeto desde aquí", agregó el diplomático.
Guido Di Tella, en cambio, fue uno de los primeros en ver "Fuckland", gracias a que el director de la película, José Luis Marqués, lo invitó a una función privada.
El gusto de Di Tella
"Guido la vio, pero no hablará en público sobre ella, porque no ayudará a promocionarla", dijo uno de los hombres de confianza de Di Tella.
Sin embargo, cuando el ex canciller se retiró de la función privada, hace unos veinte días, dijo a los periodistas que lo aguardaban fuera de la sala que el film le había gustado. "Me gustó y no me pareció para nada ofensivo", sintetizó entonces.
Luego, entre sus allegados, Di Tella, que gusta del arte cinematográfico, destacó el buen resultado logrado por el director de la película, luego de analizar las precarias condiciones en que fue filmada la película, según consideró.
También, criticó "el machismo imbécil del protagonista del film, que supo conjugar, en su personificación, todo lo peor del hombre argentino", según las palabras que recordó ante La Nación uno de los hombres que escuchó el análisis detallado del ex canciller.




