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El pecado de ser "prensa argentina"

Silvia Pisani
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28 de julio de 2007  

MADRID.- Durante la visita proselitista de la candidata Cristina Kirchner a Madrid no sólo fue imposible para la prensa argentina hacerle una pregunta, sino que ni siquiera se pudo obtener la gracia de un saludo de buen día por parte de la aspirante.

Los únicos que contaron con su atención fueron, por un lado, la agencia estatal Télam -financiada por todos los argentinos-, que estuvo a su disposición, lo que incluyó el desplazamiento de enviados especiales.

Los otros favorecidos fueron los miembros del equipo de televisión fletado por la Presidencia: dos camarógrafos, un sonidista y un productor. Más dos fotógrafos de la Casa Rosada. Todos, a las órdenes del vocero presidencial, Miguel Núñez, y de su asistente Laura Latorre. Se alojaron en el hotel InterContinental, de cinco estrellas, sobre la Castellana. El acceso a declaraciones -y saludos- de la primera dama fue sólo para el equipo de publicidad.

Esa política se constató desde el primer momento. Cuando un auto de la embajada llevaba a la senadora desde el aeropuerto, un custodio de Presidencia pidió identificación a los cronistas de LA NACIÓN que la esperaban. "¿Son prensa española o argentina?", preguntó el policía. Obtenida la respuesta, pasó el dato por teléfono. Minutos después, llegó el auto de la senadora, pasó de largo delante de los cronistas y, tras él, se cerró la reja de la embajada. La senadora descendió y ofreció saludo y mensaje para las cámaras de la Presidencia.

La prensa argentina no pudo presenciar las grabaciones para la TV española. Sólo Télam pudo entrar en el estudio de Canal Plus, donde se grabó una de las entrevistas. "Hemos preguntado sobre ustedes, pero dicen que no; tienen que irse", dijo un empleado del canal a dos enviados de diarios argentinos. Incluso cuando el programa en cuestión ya se había emitido, Núñez negaba que la nota se hubiera hecho. "No salió al aire", decía. Millones de españoles ya la habían visto.

Fue la entrevista en que la senadora cargó duramente contra el juez Guillermo Tiscornia, a cargo del caso por supuesto contrabando que involucra a la ministra Nilda Garré. Cristina Kirchner dijo que Tiscornia "cobra coimas" y que "no debería ser juez".

Entre la prensa española, concedió tiempo a El País y a Canal Plus, ambos del Grupo Prisa. Hubo unos minutos para una nota intimista (con preguntas tipo: "¿Cómo es usted como persona?") para el servicio de TV de la agencia EFE. Y la opción de una pregunta para Radio Nacional de España.

La prensa argentina tampoco pudo preguntar durante la comida ofrecida por el Foro de la Nueva Economía. Las preguntas se pasaban al moderador en formularios en los que se pedía nombre y medio. Todos los periodistas argentinos se identificaron y trasladaron preguntas. Ni una fue leída por el moderador. Sí dio paso a las de la prensa extranjera. En la comitiva comentaron luego el tenor de las preguntas filtradas: "¡Hay que ver las cosas que se les da por preguntar!", dijo un miembro del equipo de prensa oficial.

El viaje terminó como empezó: con los periodistas argentinos esperando, bajo el sol, tras la reja de la embajada. Sólo la traspusieron colegas españoles. Luego, la senadora se fue. Y no hubo ni ese "buenas tardes" que no se niega a nadie.

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