El relato tras la renuncia de Reposo

Gustavo Ferrari
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10 de junio de 2012  

Perdiendo tiempo, generando discusiones y enfrentamientos que hubieran sido evitables de habernos centrado en un debate serio, racional y consistente, la dimisión obligada de Daniel Reposo nos encuentra una vez más ante una justificación centrada en acusaciones a terceros.

Nos hubiera gustado que la Presidenta, públicamente como acostumbra a hacer, reconociera el error de postular a un candidato sin los requisitos constitucionales de idoneidad e independencia. Sin embargo, lamentablemente, se optó otra vez por el "relato", que le toco exponer al vocero presidencial, portavoz de las cartas de renuncia de Reposo, quien venía de haber sido felicitado poco antes por la mandataria en un acto público.

Nuevamente, la apelación a confabulaciones políticas y mediáticas "contra el modelo", como muletilla repetida, pretendió esconder que los únicos responsables de la renuncia de Reposo son el propio candidato que, aun con un CV adulterado, no alcanzaba las condiciones mínimas para ser jefe de los fiscales, y el Gobierno, que no quiere entender que su legitimidad electoral no lo habilita a la arbitrariedad y al autoritarismo perpetuo.

No podemos permitir que, una vez más, el "relato" subvierta los hechos y busque responsables para una renuncia que es sólo atribuible a la realidad incontrastable contra la que volvió a chocar el Gobierno. Reposo no reunía ni la autonomía ni la idoneidad para desempeñar el cargo, como lo sostuvimos incansablemente muchos que con nuestra oposición quisimos transmitir que en la independencia de la Justicia descansan la vida, la libertad, la honra y el patrimonio de todos los ciudadanos.

Y si del "relato" hablaba, resulta interesante que gran parte de la ciudadanía -especialmente los jóvenes- haya reaccionado con tanta indignación contra la mentira, contra la atribución de méritos que no se tenían y que desmerece el esfuerzo de tantos que se capacitan, estudian y dicen la verdad en sus currículums.

Al fin, frente a un gobierno que abusa de un "relato" plagado de mentiras, que se nutre de autoproclamados "militantes" y "soldados" de guerras inexistentes, se puso un límite y, a la vez, se gestó una luz que demuestra que vale la pena trabajar en procura de la racionalidad y la moderación.

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