
Emiliano Huerta
El fallecimiento
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Poco antes de cumplir 88 años murió ayer, en Buenos Aires, Emiliano Huerta, militar, ingeniero, explorador y el director fundador del Instituto del Hielo Continental Patagónico, en el que ocupó la titularidad desde 1952 hasta 1998, en un récord inigualado de servicio en la función pública.
Sus restos serán velados hoy, entre las 8 y las 14.30, en Moldes 769, Capital. Posteriormente serán cremados y sus cenizas, esparcidas, según su deseo, en la superficie de los hielos continentales.
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Fue un hombre de apasionamiento por la naturaleza. Primero fue la montaña, como joven militar destinado en un regimiento cordillerano. Luego, los glaciares y las planicies blancas del hielo continental, la región austral que lo atrapó para siempre.
En el verano de 1952 Emiliano Huerta comandó la primera expedición que se propuso el cruce completo de los hielos de Este a Oeste para alcanzar el océano Pacífico, junto con Mario Bertone, Folco Doro, el Dr. Ruiz Beramendi y Arrigo Bianchi.
Huerta ya tenía una larga experiencia en los Andes, con varios ascensos al Aconcagua, y también en el Himalaya, pero quería conocer de cerca aquella zona ignota de la Patagonia.
Tras ingresar en el hielo continental al norte del cerro Fitz Roy (Santa Cruz) por el Paso Marconi -que había descubierto el gran sacerdote explorador Alberto de Agostini en los años 30- Huerta y su grupo caminaron durante días y días rumbo al Oeste, en medio de tormentas y nevadas formidables, propias de la región para alcanzar finalmente su objetivo.
Al volver a Buenos Aires, el éxito de esa expedición pionera llevó al entonces presidente, Juan D. Perón, a decidir la creación del Instituto del Hielo Continental Patagónico, y nombró a Huerta a su frente. Continuó su carrera militar, en la que alcanzaría el grado de coronel, pero disfrutando de una venia especial para consagrarse a la gran tarea de su vida.
Junto con su gran amigo y colega, el glaciólogo Mario Bertone -que aún trabaja activamente en la zona de los hielos, a los 88 años de edad-, instalaron refugios para la investigación en toda la zona de los hielos, y organizaron innumerables expediciones a lo largo de los años.
Hasta hace muy poco, Huerta aún dirigía el instituto en su vieja sede de la calle Ecuador. Sólo aceptó jubilarse a los 85 años, porque la salud comenzaba a flaquear.
Y dejó, entonces, su último pedido: que sus cenizas sean esparcidas en los hielos continentales. Nada más lógico para su merecido descanso.


