
En Dachau, Kirchner reforzó su idea de los museos de la memoria
Al visitar el campo de concentración
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MUNICH.- Luego de palpar anteayer la ciudad del desarrollo tecnológico, educativo y científico en el centro de investigación Max Planck, Néstor Kirchner se concentró ayer en la Munich que vio nacer al nazismo y que crió a su mentor, Adolf Hitler. Visitó Dachau, a 30 kilómetros de aquí, el primer campo de concentración nazi, escuela de asesinos, precursora de Auschwitz; un lugar desolador que lo transportó mentalmente a los centros clandestinos de detención de la dictadura militar de los años 70 en la Argentina.
"Hay que fijar la memoria, aunque me critiquen, aunque me cueste... Yo quiero hacer los museos de la memoria", reflexionó, mientras caminaba por ese paisaje desgarrador. A no dudarlo: vuelve a la Argentina decidido a acelerar esos proyectos. "Hay que hacerlo; hay que hacerlo cuanto antes", repetía, como si dejara caer su opinión de que están retrasados.
"Presidente, ¿es comparable esto con lo que pasó en la Argentina?", preguntó una periodista española, de la agencia EFE, mientras la comitiva y la prensa caminaban en silencio, todos conmovidos. "Es comparable. Con otras dimensiones y otros métodos de eliminación", dijo Kirchner.
El panorama de Dachau es conmocionante. Al Presidente y Cristina de Kirchner se los veía angustiados, conmovidos por el panorama, al que contribuían el día gris y la brisa fresca, que en invierno congela. A su paso, vieron capillas católicas, protestantes y templos judíos construidos luego del horror, crematorios, cámaras de gas, salas de tortura, fotos desgarradoras.
No se detuvo a hacer declaraciones. Kirchner caminaba con las manos en los bolsillos de su campera azul y cada tanto reflexionaba. "Esto es reconstruir y fijar la memoria histórica", decía. "Miren lo que es esto... Lo que pasa es que en la Argentina la sociedad no quiere asumir lo que pasó", agregó.
Dachau funcionó entre 1933 y 1945. "Auschwitz es de 1941, cuando hacía ocho años que existía Dachau. Fue una escuela de asesinos de Auschwitz", dijo la mujer que ofició de guía del matrimonio Kirchner, Bárbara Distel.
"¿Cómo no podían sentir el olor en Munich?", decía la primera dama.
Cuando ingresó en los crematorios, Kirchner exclamó en voz baja: "¡Qué hijos de puta!". La senadora se horrorizó: "¡Qué cosa tan espantosa!". Están tal cual los encontraron los aliados el 29 de abril de 1945 cuando liberaron el campo.
En habitaciones contiguas se situaban las cámaras de gas, con bocas sobre los techos que simulaban duchas; una sala donde se desvestía a los prisioneros y se los conducía hacia la asfixia, engañados de que se darían un baño.
Pasaron luego a otra sala donde se almacenaban los muertos para ser enviados a los crematorios.
Pese a los miles de muertos, Dachau no era un campo de exterminio. Sobre el final de la guerra, la cercanía de Munich hizo que el nazismo prefiriera enviar a los judíos prisioneros a la desolada Auschwitz o a otros campos de exterminio de Polonia.
"Hay que enseñar en los colegios lo que pasó en la Argentina", decía Kirchner. El ministro de Educación, Daniel Filmus, lo atendía. "Quiero que se haga una película sobre la represión militar, sobre la base del libro de Miguel Bonasso, «Recuerdos de la muerte». Hay poco cine sobre el tema", propuso.
Algunas partes de Dachau fueron reconstruidas en 1965: se demolieron 30 barracas y sólo se restauraron dos, para dejar como muestra. De las otras, sólo quedan los cimientos, que marcan los contornos rectangulares y alargados de esos recintos. Pasaron por allí 200.000 prisioneros y 40.000 fueron asesinados o murieron. Son cifras oficiales.
Impresionan los alambres de púa que en forma circular cubren los muros que rodean el perímetro. Son aún amenazantes, aunque no estén electrificados como en el régimen nazi.
Unos siete metros antes de los muros, comienza el pasto que bordea los paredones, luego del cual se trazan senderos de ripio por los que deambulaban los prisioneros de Hitler. La señora Distel se emocionaba al contarlo: "Los presos no podían pisar el césped, porque se consideraba como una intención de escape y se les disparaba". Silencio en la comitiva.
En diciembre de 1944 se produjo una epidemia de tifus y murieron 5000 prisioneros. La fase final fue la peor. En 1938 fue cuando se llenó de judíos. Desde 1933, Hitler lo usó para otra cosa: en los albores del nazismo se decía que había que "reeducar" a los opositores en esos campos para "convertirlos en buenos nacionalsocialistas". Caían presos allí comunistas, opositores de izquierda moderada, homosexuales y gitanos. Luego, judíos.
En realidad, según explicaba Distel, el objetivo era infundir el terror. Con los primeros asesinatos, hubo pesquisas de la Justicia y se probaron los crímenes. Pero luego se separó a fiscales y jueces y se independizó a los campos de la Justicia.
Los guardias y carceleros no contaban nada a sus hijos. Recordaba Distel que en los primeros años se asesinaba en forma individual.
Tal era el engaño, que en la que era la puerta de ingreso al campo, entre las rejas de hierro, aún dice: "El trabajo te hará libre".
Esa puerta se reabrirá el 1° de mayo, cuando 1000 sobrevivientes la traspongan nuevamente en la conmemoración de los 60 años de la liberación de Dachau.
"No se comentaba nada en la sociedad. Lo dramático es que la población alemana se mostró indiferente. Después de todo, se trataba de comunistas, de judíos, decían. Había mucho miedo", narraba la guía ante la pregunta de LA NACION sobre como vivía ese horror la ciudadanía.
"El mundo consintió y miró para el costado como tantas veces", decía Kirchner.
"¿Se da cuenta? Nos critican cuando planteamos el museo de la memoria", dijo Filmus, al comparar el campo de concentración con la Escuela de Mecánica de la Armada, por ejemplo. "Y lo vamos a hacer. El museo hay que hacerlo", reiteró Kirchner. Parecía urgido.
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