
Extraña muerte de una testigo clave en el caso de las armas
Cayó desde su departamento, en un 10° piso
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"Habla Lourdes. Llamame al celular que estoy sin plata."
La llamada fue recibida por este cronista el viernes pasado, a las 22. Era la forma habitual de comunicarse de Lourdes Di Natale, ex secretaria de Emir Yoma y testigo clave en la causa del contrabando de armas, que aún debía declarar en la investigación por la explosión de Río Tercero.
Fue su tercera llamada en el verano por un tema que la preocupaba. Y la última. Veintidós horas más tarde, el sábado, a las 20, sufrió una extraña caída desde una pequeña ventana de su departamento, en el 10° C de Mansilla 2431, que por ahora se investiga como "averiguación de suicidio".
Un accidente, un homicidio o, lo menos probable dadas las características de la mujer, un suicidio. Di Natale había recibido muchas amenazas y hasta el año pasado tuvo custodia policial. Lo cierto es que quienes la conocieron saben que había empezado a morir en julio del año último, cuando la Justicia le quitó la guarda de su hija de 10 años a raíz de una causa por ruidos molestos iniciada por el consorcio.
Una fuente de la Policía Federal dijo ayer a LA NACION que cayó en ropa interior al patio interno del edificio. "Estaba peleada con el consorcio y como en el patio se encontró un cuchillo, tal vez intentaba cortar el cable de la televisión de los vecinos, como dicen que habría hecho en otra oportunidad. Junto a la ventana -agregó el vocero policial- había un banquito."
Ella atribuía el expediente de los supuestos ruidos molestos -y otros en los que estaba demandada- a una venganza del poder por sus testimonios judiciales.
Sus dichos contribuyeron al procesamiento por el contrabando de armas a Croacia y Ecuador de "mi jefe", como aún le decía a Emir Yoma, e indirectamente al de Carlos Menem. Todavía tenía que declarar en la causa por la explosión de Río Tercero.
En las dos llamadas anteriores le había pedido al cronista que si viajaba a Montevideo le avisara con cinco días de anticipación.
Cuando el cronista pudo llamarla, el viernes, a las 22.30, ella repitió el pedido: "Es muy importante para mí. Necesito que me hagas una gestión en Montevideo, pero tenés que avisarme varios días antes de salir".
Como las otras veces, no quiso decir de qué se trataba. "Por teléfono no."
Otro motivo de la llamada era averiguar "cuánto cuesta publicar un aviso en el diario ofreciéndome a cuidar viejitos y enfermos, porque no tengo un peso".
Como siempre, se la notaba muy preocupada, pero no apabullada.
"Tengo miedo de perder su cariño", explicó cuando el cronista le preguntó por su hija. "No la veo desde que me la sacaron en julio. No conseguí un régimen de visitas."
El cronista acordó llamarla el lunes (ayer) para arreglar un encuentro en la semana. Demasiado tarde.
El año último Di Natale contó que un dictamen del Cuerpo Médico Forense le habría hallado rasgos paranoides y recomendaba que hiciera tratamiento psicológico ambulante. Habría sido uno de los motivos por los cuales la guarda de la hija pasó al padre, Mariano Cúneo Libarona, ex pareja de ella y abogado de Emir Yoma.
Sus papeles
Sobre la gestión en Montevideo sólo caben las especulaciones. Cuando el cronista la entrevistó por primera vez, en abril de 2001, antes de que declarara en la causa de las armas, dijo que apoyaría su testimonio en las fotocopias de las agendas que llevó durante años en las oficinas de Yoma, pero que esos papeles estaban en una escribanía de Montevideo y los recibiría en pocos días.
"¿Hay más papeles?", le preguntó LA NACION luego de que ella aportó las fotocopias de las agendas, que se convirtieron en los anexos 294 y 387.
"Sí, hay más."
En la causa de las armas declaró tres veces y sus testimonios refrendaron las acusaciones de Luis Sarlenga, ex interventor en Fabricaciones Militares, contra Yoma. Entre ellas, la de haber cobrado una coima de 400.000 dólares.
Expresó que cuando trascendió el tema de la presunta coima Cúneo Libarona, que aún no era abogado de Yoma, le manifestó: "Adiviná quién está en el tema de las armas. Tu jefe. Los 400 mil dólares que depositó Palleros en la cuenta Daforel son de él".
El teniente coronel (R) Diego Palleros, prófugo en Sudáfrica, fue el intermediario en las maniobras y había declarado que tuvo que pagar una coima a un empresario vinculado con el poder. Y que los 400.000 dólares se depositaron en la cuenta que la empresa offshore uruguaya Daforel tenía en el MTB Bank de Nueva York.
Di Natale afirmó que Palleros solía visitar a Yoma en sus oficinas y que también concurría Sarlenga. Asimismo, dio los nombres de riojanos que fueron incorporados a Fabricaciones Militares y que estaban vinculados con Yoma o con otro de sus visitantes, el ex ministro de Defensa Antonio Erman González, también procesado por el caso de las armas.
Narró, además, que en una vieja visita el traficante de armas y drogas sirio Monzer Al Kassar regaló a los Yoma unas ametralladoras. El dato de estas armas luego fue confirmado por la Justicia en el Renar.
Según expresaron en su momento el juez federal Jorge Urso y el fiscal federal Carlos Stornelli, Di Natale resultó una testigo creíble y sólida.
En las entrevistas era meticulosa al responder y se remitía a sus famosas agendas, por donde desfilaba el poder judicial, económico y político de la década del 90: el teléfono de Al Kassar, nueve del fallecido magnate postal Alfredo Yabrán -"mi jefe me ordenó anotarlo en la A de "Amigo", afirmó-, trece números del ex secretario general de la Presidencia Alberto Kohan. Y jueces federales, jueces de la Corte, ministros y empresarios como Eduardo "Pacha" Cantón, socio de Laith Pharaon, hijo del banquero saudita Gaith Pharaon, que estuvo vinculado con el desaparecido banco BCCI.
"Trabajar con Yoma era como trabajar en la Casa Rosada sin granaderos", había dicho a LA NACION.
Rodolfo Chimeri Sorrentino, su abogado en las siete causas penales que le habían iniciado, entre otros, Cúneo Libarona, expresó a LA NACION que Di Natale "se encontraba en buenas condiciones psíquicas. Me consta que había recibido amenazas para que no declarara por las armas".
Su vuelo al vacío se inscribe en la larga serie de muertes sospechosas de testigos e imputados en la causa de las armas. Entre otras, las del general Juan Carlos Andreoli y otros oficiales al caer un helicóptero del Ejército en Palermo en 1996 y la del marino y ex represor de la ESMA Horacio Estrada -socio de Palleros- en 1998.
Un detalle: quienes la entrevistaron con frecuencia saben que Di Natale era muy cuidadosa. Por ejemplo, sus ventanas solían estar cerradas y, a menudo, con las persianas bajas, porque temía que le dispararan desde otro edificio.




