
Farinello, entre la humildad y la denuncia
Malestar por la falta de boletas
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El derrotado candidato a senador bonaerense por el Polo Social, Luis Farinello, se debatía entre el optimismo y la desazón, al cierre de esta edición, después de admitir desde su comando electoral que no había conseguido una banca en el Senado al salir ubicado detrás de Raúl Alfonsín.
Imprimiéndole a las palabras su habitual tono de humildad, Farinello aseguró a LA NACION que los comicios le dieron "una experiencia enorme", que su fuerza había hecho una muy buena elección y que salir, aunque sea, cerca del ex presidente radical era igualmente "un orgullo".
Pero, por otro lado, no pudo evitar su enojo frente a las denuncias recibidas por la falta de boletas del Polo en centenares de mesas de la provincia de Buenos Aires. "Perder así me da bronca. El Correo y la Junta Electoral no enviaron nuestras listas a muchos lugares de votación y, cuando llegaron, mucha gente ya había votado. Combatimos contra aparatos muy poderosos", agregó en una implícita queja contra las estructuras del radicalismo y el Partido Justicialista.
Su día había comenzado muy temprano haciendo la habitual señal de la cruz al despertarse y tomando algunos mates.
Ansioso, votó a las 9.40 en la escuela 9 Dalmacio Vélez Sarsfield, de Quilmes, después de estar media hora antes en la puerta del establecimiento concediendo notas a medios de comunicación y hablando con cada ciudadano que lo venía a saludar, le deseaba suerte y le pedía que no cambie. "Muchos están aterrados con que los olvide desde que me decidí a ser candidato", confesó.
En la misma mesa en que votó Farinello lo hizo instantes después el ministro de Trabajo bonaerense, Aníbal Fernández, con quien se estrechó en un abrazo.
Inmediatamente, fue a Radio El Mundo a conducir su habitual programa religioso, pero no evitó sacar al aire a su candidato a diputado provincial, Juan Carlos Añón, que denunció el problema con las boletas.
Desde allí volvió al conurbano, esta vez a Ranelagh, para almorzar con sus hermanas Raquel y Cristina y su padre, Luis, de 89 años, que lo esperaban con un asado.
Permaneció largo tiempo en la fundación que preside en Quilmes hasta que llegó, enojado, a su comando electoral en el sindicato de la Unión Obrera Molinera Argentina, uno de los 19 gremios que apoyaron su postulación.
Mate de por medio, permaneció en el segundo piso de México 2070 esperando resultados, sin que sus colaboradores admitieran el fracaso hasta que el propio Farinello salió al cruce de la realidad. Entonces, el sacerdote negó que Dios y la gente lo hubiesen abandonado después de tanta plegaria.




