Fuerza Republicana, en su peor momento
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SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- Fuerza Republicana (FR), el partido de Antonio Domingo Bussi, está en el peor momento de su historia política. En las últimas elecciones provinciales perdió el gobierno y su líder es acosado política y judicialmente.
Además, algunos dirigentes se separaron de la estructura partidaria y la disputa interna por la sucesión amenaza con convertirse en mortal.
La fuerza política presenta una imagen bastante deteriorada ante la sociedad tucumana. En ese estado, su proceso de recuperación con miras al 2003 es incierto.
Esa endeblez partidaria aumentará si finalmente Bussi resuelve dar un paso al costado -por los motivos que sean: políticos, judiciales o vegetativos- y deja el partido.
La herencia de Fuerza Republicana se disputa entre los hiperbussistas y los que responden a Ricardo Bussi, el hijo del ex gobernador. Ambos grupos, sin embargo, responden al mismo líder. Es una lucha entre "los antiguos republicanos" y los "nuevos sucesores" bajo una misma bandera y un mismo jefe, el ex gobernador.
Quien pierda esa pelea quedará fuera del sistema. Quien gane quedará solo, sin el acompañamiento de los derrotados. La lucha en el partido de Bussi parece a muerte.
Sin cintura política
Por el nivel de desencuentro entre ambos grupos es imposible pensar en un acuerdo ni con una mediación de Bussi, que ya demostró en diversas oportunidades que no tiene la cintura política necesaria como para tejer pactos y alianzas ni aun entre sus propios partidarios.
Es difícil que el general retirado se juegue por alguno de los bandos. Encarrilarlos parece una misión difícil, por lo que sólo tiene pocos caminos: cerrar las puertas de FR o renunciar al partido y mirar desde lejos cómo se sigue escribiendo la historia de su creación.
Actualmente hay un "parate" del ex gobernador en la conducción política de FR, y eso facilita la pelea interna. Existe un serio problema de conducción en FR. Cada cual hace lo que le parece más conveniente para el partido y allí se producen los cortocircuitos.
Los legisladores republicanos, que constituyen la cara pública del partido, se muestran fracturados y cuestionándose entre ellos. Cada uno -afirma- hace "lo que más le conviene a Fuerza Republicana".
Las diferencias prenuncian una reorganización traumática o bien la desaparición de la estructura partidaria. La suerte de FR como partido está en manos de Bussi. El, como su creador, decidirá la suerte de su obra: si se va con él o si lo subsiste.


