
Granillo Ocampo armó la valija y espera el llamado de Balcarce 50
Ante su inminente asunción en Justicia, fue cauto; recibió felicitaciones
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WASHINGTON.- Raúl Granillo Ocampo preparó las valijas y, según contó ayer a La Nación un colaborador de él, sólo espera que Carlos Menem haga sonar la campana de largada en Buenos Aires.
Esto significa la aceptación de la renuncia del ministro de Justicia, Elías Jassan, y la elección del nuevo embajador en Brasil, en vista de que Diego Guelar sería su reemplazante en esta ciudad.
El teléfono comenzó a sonar ayer poco antes que el despertador en la residencia y en el despacho de Granillo Ocampo. Del otro lado de la línea se sucedieron el enviado especial de Bill Clinton para América latina, Thomas McLarty; el secretario de Asuntos Interamericanos, Jeffrey Davidow; el secretario de Agricultura, Dan Glickman; el pope del Citicorp, William Rhodes; el jefe de gabinete del senador republicano Jesse Helms, y Henry Kissinger, entre otros, felicitándolo en forma precipitada por la virtual designación, según narró el vocero.
El embajador se hizo humo en Nueva York desde el momento en que su nombre cobró notoriedad como el candidato para ser ministro de Justicia a raíz de la relación de Jassan con el empresario postal Alfredo Yabrán, negada en un principio.
Ayer, Granillo Ocampo prefirió guardar cauto silencio, de modo de que las presunciones se confirmen hoy, seguramente, en la Casa Rosada.
Espejo de dos caras
De la gira por los Estados Unidos, Menem se llevó el mejor piropo al que puede aspirar un político latinoamericano: el elogio de un ex presidente norteamericano sobre su liderazgo. Unico en el mundo, según su amigo George Bush.
Es una imagen que, puertas adentro, se contrapone con los reclamos sociales, la muerte de un fotógrafo, y las sospechas contra el empresario que estuvo anteayer en la Casa Rosada. La Argentina, para los analistas norteamericanos, hizo grandes esfuerzos desde 1989 en pos de modernizarse, abriendo las puertas a los capitales extranjeros, pero aún no se quitó el velo de una presunta corrupción, tipificada aquí como inseguridad jurídica, que haría pensar dos veces sobre ella.
Entre los llamados que recibió ayer Granillo Ocampo, varios hombres depositaron en él su confianza en que bregaría en favor de la independencia del Poder Judicial y en contra del narcotráfico y del lavado de dinero, según reveló el vocero.
Anteayer, en una charla informal, un miembro de la comitiva de Menem comentaba a La Nación que existen dos caras del mismo país: "Es Calcuta adentro y París afuera" .
No existe, al parecer, un término medio. Los que viven acá y van de vez en cuando allá cuentan que todo anda como siempre, a los tumbos, y que el ánimo de la gente, medido por el termómetro de los taxistas porteños, suele tocar tierra.
¿Es llorar la Biblia contra el calefón? Entre los miembros de la comitiva de Menem, uno de los más empinados aconsejaba a La Nación que no tuviera en cuenta el 18% de desocupación, sino el 82% de ocupación. Lo que, verdad de Perogrullo, da una imagen mucho más positiva del país.
Pero, curiosamente, ningún consultor de Wall Street ni de los organismos internacionales con sede en Washington (Fondo Monetario y Banco Mundial, especialmente) coincide con ese planteo, ya que, como decía el International Herald Tribune en su edición del lunes, cada vez salta más a la vista la disparidad entre ricos y pobres.
La popularidad de Menem puede continuar en alza, según sus propias encuestas, pero esa circunstancia corre por cuerda separada. Aquí, sobre todo en el ala política, toman más en cuenta su voluntad de colaborar con Washington, como sucedió con los cascos blancos y con otras iniciativas, que las mediciones domésticas.
Una voz en el teléfono
En rasgos finos, el Presidente deslizó en su última jornada en Nueva York algo así como un mensaje encubierto de cara a las elecciones legislativas de octubre: es él y sus hombres, o el abismo. Y en ese tándem no entra Eduardo Duhalde, sino el más puro menemismo, en el que está enrolado Granillo Ocampo.
"El Presidente se siente solo" , confesó un miembro de su comitiva. Hace rato, en verdad, que el embajador en los Estados Unidos, amigo de Menem desde la infancia, quería hacerle compañía en lugar de comunicarse por teléfono con él.
Granillo Ocampo, 49 años, abogado desde los 19, ex juez y profesor universitario, presidió el Superior Tribunal de Justicia de La Rioja, entre 1985 y 1986, y se desempeñó como secretario Legal y Técnico de la Presidencia desde 1989.
En Washington lleva casi cuatro años. Demasiado para su gusto. En más de una oportunidad confesó que no quería ni podía ser vitalicio en esta función. Sus tres hijos estudian derecho en Buenos Aires. Granillo vive aquí con su mujer, Nélida Barros Reyes, conocida entre los íntimos como "Chini".
Guelar será sucedido por un diplomático
Embajada: en reemplazo de Granillo Ocampo, Menem eligió al actual embajador en Brasil, quien a su vez será sucedido por Herrera Vega.
Con su designación al frente de la embajada argentina ante los Estados Unidos, Diego Guelar recibirá un premio imprevisto.
El presidente Carlos Menem tomó la decisión de ascender a Guelar en Nueva York, luego de ofrecerle el Ministerio de Justicia al actual embajador en ese país, RaúlGranillo Ocampo.
Ante una consulta del Presidente, el canciller Guido Di Tella le sugirió dos nombres.
Menem optó por Guelar, un ex diputado justicialista, y descartó al embajador ante las Naciones Unidas, Fernando Petrella.
Guelar, que había recibido elogios por su gestión en la UniónEuropea, tuvo un traspié en la embajada de Brasil, su actual destino.
En un almuerzo con periodistas brasileños, acusó de "traidor" a un funcionario de Fernando Henrique Cardoso.Luego pidió disculpas, pero esas cosas no se perdonan tan fácilmente en el mundo de la diplomacia.
Cuando tuvo que sugerir candidatos para reemplazar a Guelar en la embajada en Brasilia, Di Tella pensó en dos personas con un perfil diferente al de Guelar.
El canciller le habló a Menem del periodista experto en temas internacionales Jorge Castro y del actual subsecretario de integración económica y Mercosur, Jorge Hugo Herrera Vega.
El Presidente invirtió el criterio que había aplicado para la elección de los Estados Unidos y optó por el diplomático de carrera.
Herrera Vega tiene 56 años, estuvo destinado en Washington hasta 1984, fue jefe de gabinete del ex canciller Dante Caputo, luego de Di Tella, y antes estuvo como segundo de la embajada en Brasilia. Desde su cargo actual, Herrera Vega siguió de cerca todo el proceso del Mercosur.
Cosas del destino
El futuro embajador ante los Estados Unidos ingresó en la Cámara de Diputados, en 1983, por una alianza con Herminio Iglesias en la provincia de Buenos Aires.
Entabló una buena relación conJosé Luis Manzano e ingresó en una comisión apetecible, la vicepresidencia de Presupuesto y Hacienda.
En la Cámara, los radicales lo acusaron de utilizar su puesto para intentar salvar el Banco del Oeste, propiedad de su familia, que finalmente tuvo que ser intervenido por el Banco Central, en 1987.
Guido Guelar, hermano de Diego, huyó de la Justicia, que lo acusó de una defraudación millonaria. ¿Dónde se refugió? En Estados Unidos. El FBI allanó su finca en Connecticut.
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