
Gustavo Sáenz: “La gente no quiere saber si estamos con la doctrina de Marx o de Adam Smith; quiere que le resolvamos los problemas”
El gobernador de Salta reclamó mayor atención a la microeconomía y advirtió que la Nación le adeuda unos $45.000 millones por obras; dijo que no se siente opositor a Milei
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SALTA.- Con la campaña para las elecciones presidenciales de 2027 cada vez más cerca, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, busca diferenciarse de la administración nacional, pese a haber sido uno de los mandatarios que acompañó a la Casa Rosada en el Congreso. También toma distancia de la oferta del peronismo. Plantea la necesidad de construir una “alternativa política con sentido común” y sostiene que la sociedad no está interesada en discusiones ideológicas, sino en encontrar respuestas a sus problemas cotidianos.
Durante la inauguración de la primera etapa de la nueva terminal del aeropuerto de Salta, Sáenz también reclamó mayor infraestructura para el norte argentino. Sostuvo que la región tiene los recursos que demanda el mundo, pero que necesita rutas, conectividad, acueductos, gasoductos y energía para poder atraer inversiones y mejorar su competitividad.
Según el gobernador, la Nación mantiene con Salta una deuda de aproximadamente $45.000 millones en concepto de obras, a la que se suman compromisos vinculados con educación, salud y seguridad.
—En materia de inversiones y turismo, aquí hubo un avance del sector privado con el desarrollo de esta obra. En el país se discute si el Estado también debe involucrarse en las obras o si las provincias deben limitarse a negociar con los privados. ¿Qué piensa?
—A la Argentina no hay que mirarla solamente desde Capital Federal. Siempre les digo a los ministros que hay que conocerla, recorrerla. La geografía de Salta es muy extensa, tiene muchas necesidades y también mucho potencial. Pero las obras de infraestructura fueron pasando en el tiempo y nunca se hicieron. No hablo solamente de este gobierno, sino desde que nació la patria.
Hoy necesitamos esas obras para darles a quienes vienen a invertir la posibilidad de que los servicios, los fletes y la logística no les resulten más caros. Si no, no somos competitivos.
Creo que a la Argentina hay que sentarse a recorrerla, no solamente mirarla detrás de un escritorio. Hay que decir: la zona norte necesita esto, la zona sur necesita esto, la zona norte tiene esto.
Yo siempre digo que hay dos Argentinas: la que está llena de privilegios y subsidios, y la Argentina llena de necesidades, injusticias y asimetrías, que es el norte argentino. Hoy es justamente la que tiene para darle al mundo lo que el mundo demanda, pero necesita esas obras: rutas, conectividad, acueductos, gasoductos y energía. Tenemos todo. Tenemos todo, pero nos faltan esas obras.

—En ese sentido, gobernador, ¿qué tipo de apoyo reciben del Gobierno nacional para las rutas y para la infraestructura necesaria para el despegue de la provincia?
—Nosotros tenemos el sueño, que lo vamos a hacer realidad, del corredor bioceánico, de tener salida al Pacífico y al Atlántico. Eso nos evitaría tener que trasladar todo nuestro flete hasta Rosario. Nos cuesta más llevarlo hasta Rosario que desde Rosario hasta Amsterdam, más o menos. Así somos poco competitivos.
Estamos trabajando con el Gobierno nacional en eso y también en recuperar los distintos ramales que van a poder abaratar la logística. Con la ruta 51, que es nuestra salida al Pacífico por Sico, hemos logrado llegar a un entendimiento: ellos ponen hasta determinada cantidad y la provincia se hace cargo, a través de un crédito del BID o de distintos organismos internacionales, de otra parte.
Las obras se están haciendo de manera conjunta con Nación, en el marco de un acuerdo que firmamos hace dos años y medio. En esa época estaba [Guillermo] Francos. Nosotros acordamos hacernos cargo de algunas obras, en su mayoría escuelas, agua y saneamiento, y ellos de otras.
Nos cuesta muchísimo cobrar. Es como decía el otro día: esto es como un asado. Te invitan al asado y te dicen: “Andá poniendo vos y después te doy”. Después se van todos, pagaste el asado y te quedaste con la cuenta. Nosotros confiamos en que nos van a devolver lo del asado.
—¿Cuánto les deben?
—Son obras importantes. Tenemos la ruta 51, que son cinco tramos, y tenemos la ruta 9/34, que nosotros llamamos “la ruta de la muerte”, que lamentablemente cada vez se cobra más vidas y está destrozada.
Ya empezamos a hacerla nosotros. Acordamos con las empresas porque, si no, se iban: nosotros adelantábamos los certificados que les debían y después Nación nos devolvía ese dinero para que las empresas no abandonaran las obras.
También está Puente de Vaqueros y las distintas rutas nacionales. La verdad es que están destruidas.
—¿No tienen cuantificado cuánto es, aproximadamente?
—La verdad, no lo tengo en este momento. Ellos están certificando ahora y teóricamente las van pagando, con el impuesto que pagamos todos los argentinos, que es el impuesto al gasoil y que está destinado al mantenimiento y conservación de esas rutas. Lamentablemente, durante estos dos años y medio no se mantuvieron.
—La carrera electoral y el año político, ¿cómo influyen en este equilibrio político y estratégico? ¿Para bien o para mal?
—Lamentablemente, adelanta mucho los tiempos. Por eso decía el otro día que los tiempos de los políticos no son los tiempos de la gente.
A la gente no le importa si está la ley de lemas o la ley de financiamiento. Está viendo cómo llega a fin de mes, cómo hace para pagar el colegio de los chicos, cómo hace con las tarjetas, cuyos intereses se fueron al diablo, cómo hace para no quedarse sin obra social o para comprar los medicamentos que no recibe.
Creo que tenemos que acercarnos más a la gente, escucharla y tratar de resolver sus problemas. Eso es la microeconomía: ponerle plata a la gente para que pueda consumir y vivir mejor.
También están las inversiones, y las inversiones tienen que ver con generar confianza y seriedad en un país. Lamentablemente, en un país con retórica fundamentalista de un lado y del otro, se genera desconfianza. No hay previsibilidad ni seguridad jurídica, y el que invierte mira desde lejos. Hasta el mismo argentino muchas veces invierte afuera porque le da miedo invertir en su país.
—Recién hablaba de la deuda. ¿Cree que el Gobierno está un poco fuera de eje respecto de la microeconomía?
—Sí. Creo que está muy enfocado en la macro. Está bueno que baje la inflación, está bueno que haya equilibrio fiscal, pero yo siempre digo que Aristóteles, viejo sabio, decía que había que buscar el justo medio, ese equilibrio entre dos polos.
Acá parece que vivimos discutiendo si estamos con la doctrina de Marx o con la de Adam Smith. A la gente no le importa eso. No le importa si es comunista, liberal, progresista o peronista. Lo que quiere es resolver sus problemas.
Nosotros tenemos que estar para eso. Y para eso necesitamos, primero que nada, humildad. Cuando hay soberbia, de un lado y del otro, es muy difícil. Tenemos que entender que cometemos errores, que no somos dueños de la verdad y que ser oposición y escuchar al que piensa distinto no es debilidad: es lo que corresponde.
Yo todos los días escucho y después decido. Pero escucho todo, todas las campanas.
—¿La provincia tiene algún plan o alguna ayuda para acercarse a esos problemas de la microeconomía?
—En todo sentido. Con lo de los bancos, por ejemplo, buscamos darle a la gente la posibilidad de unificar los créditos en uno solo, con una sola tasa, para que puedan pagar todo a través de esa opción.
A los productores los estamos ayudando y a las pymes también, en lo que podemos. Nosotros también sufrimos un recorte muy importante de gastos, pero estamos priorizando lo que entendemos que es importante.
Con dolor y mucha tristeza vemos cómo día a día se cierran pymes y cómo los comercios van bajando las persianas porque no están en condiciones de mantenerse.
—Tuvieron una reunión con el Gobierno nacional y con otros gobernadores. ¿Qué balance hacen?
—Seguimos apostando a que se cumpla con lo que se comprometió el Gobierno nacional, que son las obras que mencioné, y a que podamos trabajar de manera conjunta para ver cómo mejoramos esta microeconomía, que es lo que la gente nos reclama.
Que haya más consumo, que vengan de una vez por todas las inversiones. Las inversiones están llegando de a poquito, pero si no llegan rápido, no generan el movimiento de la economía ni trabajo genuino.
Esto es especialmente importante para nosotros porque tenemos un montón de proyectos mineros. También son fundamentales las exportaciones.
—Perdón que insista: ¿no hay un monto estimado de lo que adeuda Nación por las obras comprometidas?
—Por las obras, calculo que nos pueden estar debiendo alrededor de $45.000 millones. Y estoy hablando solamente de obras. No estoy hablando de incentivos docentes, medicamentos oncológicos, programas de salud, programas educativos o seguridad.
Nos hicimos cargo casi todos nosotros del Plan Güemes. Es mucho lo que Nación nos está adeudando. Pero miramos para adelante, porque si seguimos mirando para atrás, vamos a quedar esperando.
—Mirando hacia adelante, ¿esas correcciones en la microeconomía las ve con la continuidad de esta gestión o con un avance de la oposición hacia el poder?
—La verdad es que hay que preguntarse quién es la oposición. ¿Los que la gente dijo que se vayan? Si uno hace un análisis, la gente ya no quería más de lo anterior y votó en contra. Pero eso no significa que esté conforme con el presente. No quiere volver al pasado, pero tampoco está conforme con el presente. Hoy yo no sé cuál es la oposición. Si me preguntan cuál es, no sé cuál es. No puedo contestar.
—Hay una parte del electorado que, según las encuestas, no quiere ni una cosa ni la otra. Es como si se abriera la puerta a una tercera opción.
—Al famoso outsider o a algún político con sentido común, con criterio, que entienda que el fundamentalismo, ni de un lado ni del otro, sirve.
Hay que trabajar pensando en la gente y tomar decisiones que muchas veces van en contra de lo que pensamos, pero que le hacen bien a la gente.
No podemos estar discutiendo: “Kicillof no, porque Kicillof es comunista” o “el otro es liberal”. Tiene que haber un punto. Yo creo que la gente no reclama la famosa avenida del medio que decimos los políticos. Reclama una persona con sentido común, con criterio, con empatía y con humildad para escuchar a los demás. Con la humildad suficiente para decir: “Me equivoqué, soy un ser humano, cometo errores”.
—¿Usted no se siente parte de esa oposición?
—No. Yo me ubico en eso, en ese medio. No en la avenida del medio, sino en ese lugar. Por eso, cuando hablan de un gobernador dialoguista, sí: soy dialoguista. Acompaño lo que tengo que acompañar, pero me pongo firme cuando entiendo que las cosas pueden perjudicar a mi gente y a mi pueblo. Siempre con respeto, siempre con humildad y siempre escuchando.
—¿Hay conversaciones entre los gobernadores para definir qué harán el año próximo?
—Sí, pero nosotros siempre esperamos tranquilos. Acá decimos: “Hay que desensillar hasta que aclare”. Estamos expectantes, esperando a ver qué hacen los dirigentes nacionales.
También hay dirigentes provinciales que pueden ser nacionales. Gobernadores que podrían ser candidatos. No es necesario siempre buscar a un outsider. También tenemos que buscar a alguien que entienda de esto.
Yo no puedo decir: “No puedo hablar con el Presidente de política porque al Presidente no le gusta”. Pero bueno...
—¿Sabe quién puede ser candidato?
—Creo que todo está en manos de Dios y que los gobernadores son los que pueden determinar, en su momento, quién de ellos los representa mejor. Acá no hay personalismos.
—¿Puede haber una búsqueda de consenso entre los gobernadores?
—Seguramente.
—¿Están en la Liga Federal?
—No. Nosotros no fuimos parte de eso porque se anticiparon mucho.
—¿Tiene aspiraciones presidenciales?
—Lo que pasa es que cuando se juntan cinco gobernadores, diez gobernadores, y los diez quieren ser presidentes, es muy difícil.
—¿Eso pasa ahora?
—Eso pasó con la Liga, con los gobernadores. Ahí todos querían ser presidentes y empezaron las peleas entre ellos con mucho tiempo de anticipación.
Acá tiene que nacer el consenso. Estamos hablando de candidatos.
—¿Y hoy ve posible que se busque un consenso para que haya uno o dos candidatos, en lugar de diez?
—Sí, puede ser que vayan a una interna, como corresponde, que elija la gente. Esa es una posibilidad. Quizás no y quizás haya una alianza, porque acá no es solamente...
Acá son todos los partidos políticos. Lamentablemente, los partidos políticos han desaparecido. Hoy la gente busca personas y vota a las personas.
Antes les resultaba simpático votar a alguien que les decía de todo a “la casta”. Después, cuando vieron que no era tan así, ya no les resultó simpático. No llegar a fin de mes, no poder pagar la luz, no poder pagar el colegio de los chicos, tener que renunciar a la obra social, ya no les resulta simpático.
Empezamos a bajar y nadie tiene el voto seguro ni asegurado. Mucho menos en un país que vive así, que vive de la desesperanza, del hartazgo y, con razón, de ver políticos que les dicen una cosa y terminan haciendo otra.
—Usted anunció un plan de inversiones para el turismo. ¿Podría adelantar de qué se trata?
—El ministro de Economía lo va a anunciar la semana que viene. Estamos viendo, de acuerdo con los montos que tenemos y de los que disponemos, cómo podemos hacerlo, articulado con el sector privado. Va a ser un monto importante, trabajado con el sector privado.
—¿Van a subsidiar pasajes?
—Primero que nada, promoción turística. Vamos a instalar la promoción turística en todo el país, con todo lo necesario. Será deportiva, religiosa, de todo un poco.
—¿Habrá también devolución de tributos o impuestos?
—También vamos a acompañar con eso. Ya lo venimos haciendo.
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