
Histórico acuerdo con Chile
Es por los hielos continentales; fue firmado por Di Tella e Insulza y avalado por la oposición; la línea fronteriza será según las altas cumbres y la divisoria de aguas.
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La Argentina y Chile avanzaron ayer en sus relaciones bilaterales al firmar el acuerdo por el diferendo de los hielos continentales. Un paso histórico, en el que cobraron protagonismo legisladores oficialistas y opositores de ambos países.
De esta forma, los gobiernos de Carlos Menem y de Eduardo Frei, ambos mandatarios en la recta final de sus gestiones, sellaron una solución al último de los diferendos limítrofes que enfrentaron desde el siglo pasado a los dos países.
El entendimiento fue suscripto en una ceremonia protocolar, pero emotiva, por los cancilleres Guido Di Tella, de la Argentina, y José Miguel Insulza, de Chile.
Desde lugares preferenciales en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, la oposición, encarnada en el ex presidente Raúl Alfonsín y en el jefe de gobierno porteño, Fernando de la Rúa, dio su aval al acuerdo. Ayer, la Cámara de Diputados aprobó debatir el nuevo acuerdo el 29 del actual. Por su parte, los senadores trasandinos tienen previsto hacerlo el mes próximo, antes del receso estival.
Finalmente, en marzo, el debate será retomado por los senadores argentinos y por los diputados chilenos.
Solución al último conflicto con Chile
Los cancilleres Di Tella e Insulza rubricaron el entendimiento; los presidentes sellaron una declaración conjunta y anunciaron el comienzo de una nueva etapa bilateral; agradecimientos a Juan Pablo II; aval de Alfonsín y de De la Rúa.
Los presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei protagonizaron ayer lo que servirá de epílogo a la larga historia de enfrentamientos limítrofes entre la Argentina y Chile. Exultantes, presidieron la firma del acuerdo por el diferendo de los hielos continentales, una responsabilidad a cargo de los cancilleres Guido Di Tella y José Miguel Insulza.
En poco más de siete páginas, ambas naciones acordaron el desenlace de los desencuentros fronterizos, al manifestarse "deseosas de completar la demarcación de la frontera común" en la zona de los Hielos, el último de los 24 diferendos que ocasionó discrepancias geográficas entre los dos países.
De esta forma, Menem volvió a anunciar, como lo había hecho hace más de siete años (el 2 de agosto de 1991) en Santiago, Chile, el fin de los diferendos bilaterales. En aquella ocasión lo afirmó tras aceptar la fallida línea poligonal junto al ex presidente chileno Patricio Aylwin.
Esta vez, en cambio, lo hizo con el aval de la oposición. En el escenario principal donde los cancilleres rubricaron el acuerdo (los presidentes sólo suscribieron una declaración conjunta) se sentaron el ex presidente Raúl Alfonsín y el jefe del gobierno porteño y candidato presidencial de la Alianza, Fernando de la Rúa, además de legisladores nacionales, que se ubicaron en la platea.
Pero, pese a la pretensión de los dos gobiernos, el acto de ayer no fue, literalmente, el punto final, sino "el comienzo del fin", como razonó un senador chileno. A partir de ahora, el acuerdo deberá ser debatido en ambos Congresos, donde, de aprobarse, será convertido en tratado. En estimaciones de parlamentarios argentinos y trasandinos esto ocurriría sólo en marzo" del año próximo, ya que más allá de la "urgencia" atribuida al tema por las cancillerías y la eventual convocatoria a sesiones extraordinarias, se interponen los recesos de verano en ambas sedes legislativas.
La ceremonia
Como anfitrión, Menem dio la bienvenida a su par chileno, ante quien destacó la importancia de "este día histórico". Luego, admitió que "resolver esta cuestión no fue fácil, fue muy difícil", para después juzgar que el entendimiento suscripto "no es meramente un acuerdo sobre una cuestión de límites, sino un mensaje a la comunidad de naciones que demuestra el modo en que dos pueblos hermanos y amantes de la paz son capaces de vivir orgullosamente en democracia".
Y Frei completó: "Hace 20 años, en estos días previos a la Navidad, nuestros pueblos se preparaban para la guerra y hoy nos preparamos para la paz, para construir un futuro digno para nuestros pueblos".
Ambos mandatarios se dedicaron sonrisas y gestos de cordialidad. Se abrazaron en dos oportunidades y se llamaron mutuamente "amigo". Ocurrió durante una larga ceremonia, que comenzó con casi 20 minutos de retraso en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno y que reunió a decenas de funcionarios y de legisladores de uno y de otro país, tanto del oficialismo como de la oposición.
Los discursos presidenciales fueron breves y protocolares y destacaron, en cada párrafo, el comienzo de una nueva etapa en la relación bilateral, "un nuevo capítulo de armonía", según coincidieron los mandatarios tras el acto. Los aplausos, por el contrario, fueron sostenidos y ruidosos. Entre el público se destacaron varios sindicalistas menemistas, quienes se atrevieron a un "bravo Carlos", una de las pocas interrupciones de la ceremonia.
"Dejamos atrás décadas y decenas de enfrentamientos", insistió el presidente argentino, luego de agradecer "la vocación espiritual del Vaticano, que ha servido de guía para el estrechamiento de los vínculos de dos pueblos hermanos".
Mientras, la Fanfarria Militar del Alto Perú interpretaba los himnos de la Argentina y de Chile. El primero, entonado de viva voz por funcionarios locales y visitantes (Frei e Insulza estuvieron eufóricos), aunque el segundo sólo se escuchó de boca de los invitados trasandinos. Como detalle, Menem se esforzó por mover sus labios en el estribillo final.
Los empeños presidenciales en reiterar los gestos de armonía no fueron casuales: hace exactos 20 años, en el austral canal de Beagle, las tropas de los dos países habían emprendido (el 15 de diciembre de 1978) acciones militares que las ubicaron al filo de una guerra. Por ello, tampoco fue azaroso el recuerdo del Sumo Pontífice, ya que fue él quien, con su mediación evitó los enfrentamientos por medio de la intervención de Antonio Samoré. En el auditorio también se hallaba el nuncio apostólico, Ubaldo Calabresi.
El público
Ubicados en la primera fila, todos los ministros del gabinete argentino (con excepción de Susana Decibe y de Roque Fernández) se saludaron con sus pares chilenos. A sus lados, los legisladores nacionales que negociaron el nuevo acuerdo. Entre otros se contaron a los diputados Fernando Maurette, Marcelo Stubrin, Guillermo Estévez Boero y Dante Caputo, por la Argentina, y los senadores Jaime Gazmuri y Adolfo Zaldívar, por Chile.
En el procenio, Menem y Frei ocuparon los lugares centrales, escoltados por los cancilleres Di Tella e Insulza. Ninguno de los funcionarios ocultó su satisfacción. A los abrazos entre Menem y Frei se sumaron los de Di Tella e Insulza.
Incluso, una vez que los cancilleres estamparon sus firmas, los presidentes levantaron sus manos, triunfantes, para exhibir el acuerdo.
Detrás de ellos se congratulaban mutuamente los gobernadores peronistas José Estabillo (Tierra del Fuego), Juan Carlos Romero (Salta) y Jorge Escobar (San Juan), junto a De la Rúa, Alfonsín y al ex presidente provisional Italo Luder. Hubo una ausencia notoria: la del gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quien rechazó la invitación por considerar que "la firma, sin mapa, es burda y riesgosa".
Frei llegó a la Casa Rosada luego de haber recibido las llaves de la ciudad de Buenos Aires de manos de De la Rúa. Los dos funcionarios, acompañados por el vicejefe del gobierno porteño, Enrique Olivera, y el candidato a vicepresidente de la Alianza, Carlos "Chacho" Alvarez, tomaron té de frutas y comieron masas secas en el despacho de De la Rúa. Allí, Frei dijo estar "muy contento" por la firma del entendimiento y mencionó la importancia de trabajar "en conjunto: oficialismo y oposición". Luego, obsequió a su anfitrión una caja de lapizlázuli (piedra semipreciosa, azul intensa).
A su vez, De la Rúa aclaró en la Casa de Gobierno que su presencia allí se debía sólo a su cargo ejecutivo. "Alvarez no vino para no hacer de esto una campaña partidaria", justificó.
El documento
El texto del nuevo acuerdo está dividido en dos secciones, Norte y Sur, y no incluye mapa, como adelantó La Nación . Está conformado por siete artículos y varios anexos técnicos. Los párrafos más importantes son los siguientes:
- Sección A (Sur): la línea fronteriza partirá desde el cerro Murallón, en línea recta y según las altas cumbres y la divisoria de aguas, hasta el cerro Daudet, pasando por diversos picos.
- Sección B (Norte): la línea descenderá desde la cumbre del monte Fitz Roy por la divisoria de aguas, en línea recta hasta el cerro Murallón.
- Se considerarán los instrumentos aplicables contemplados en el protocolo del 16 de abril de 1941. Es decir, el uso de cartografía en escala de 1:50.000.
- Todas las aguas que fluyen y desaguan por el río Santa Cruz serán consideradas como recursos hídricos argentinos. Las que lo hagan hacia los fiordos oceánicos serán chilenos.
- Se adoptarán medidas para prevenir catástrofes y a cooperar en acciones de protección al medio ambiente.
Sobre estos lineamientos, los expertos en límites comenzarán el año próximo sus tareas en la zona, una vez que los dos Congresos hayan dado al acuerdo la categoría de tratado.
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